PETER PAN POR SIEMPRE
Con excepción de México, donde el registro de una obra literaria o artística cuesta la friolera de $367 para una protección que dura toda la vida del autor y cien años más después de su muerte, el estándar internacional –consensuado por el Convenio de Berna— es la vida del autor, más cincuenta años después de que fallezca éste.
Considerado el principal tratado internacional sobre derechos de autor y propiedad intelectual, el Convenio de Berna fue adoptado en 1886, con el propósito de proteger en el mundo obras literarias, científicas y artísticas, además de que asegura que sean los creadores quienes controlen la forma en que sus obras se utilizan en otros países.
En cuanto a los derechos de autor, estos cuentan con una historia más antigua, al iniciar en 1710 con el Estatuto de la Reina Ana (Ley para el Fomento del Aprendizaje), el cual, irónicamente, autorizaba las copias de libros impresos por los autores o de los compradores de tales copias durante los lapsos mencionados en la normativa. Más adelante se añadieron las traducciones y las obras derivadas, así como mapas, pinturas, fotografías, obras teatrales, películas, grabaciones sonoras e incluso programas de ordenador.
Sean cincuenta, veinte o cien años, lo que es un hecho es que los derechos de autor expiran en algún momento y las obras quedan expuestas para que los interesados las utilicen sin autorización ni pago de regalías. Existe, sin embargo, un caso de excepción, el cual ha permitido una prórroga perpetua a un derecho de autor y que, en términos prácticos, nunca caducará.
Se trata de Peter Pan, una de las creaciones del autor escocés James Matthew (J.M.) Barrie, cuyo protagonista es un niño que no sólo se niega a crecer, sino que puede volar y vive en una isla mágica con aventuras cotidianas llamada el País de Nunca Jamás.
Peter Pan tuvo que salvar varios escollos antes de ser la figura prominente que ahora es. Tuvo una aparición breve en la novela El pajarito blanco, una obra para lectores adultos que se caracteriza por una atmósfera oscura en la que cohabitan la fantasía y la comedia social. Su publicación ocurrió en 1902 prácticamente de forma simultánea en el Reino Unido y Estados Unidos, en la que tuvo como editoriales, respectivamente, Hodder & Stoughton y Scribner’s.
Pese a su fugaz aparición en El pajarito blanco, el personaje Peter Pan fue adoptado inmediatamente por el público, alentando a Barrie a escribir una obra de teatro que llevó por nombre Peter Pan y Wendy, la cual, aunque se estrenó originalmente en el Duke of York’s Theatre de Londres el 27 de diciembre de 1904, no tuvo en esos momentos siquiera un corto tiraje. Fue hasta 1928 que Barrie publicó finalmente el guion de la obra tal y como la conocemos ahora.
Si usted tuvo infancia recordará que Peter Pan vive una especie de condena al ser un niño que nunca crece, que su línea de tiempo se detuvo a los diez años, que odia el mundo de los adultos y que siempre se hace acompañar de Campanita, un hada cuyo polvo que desprende de forma natural proporciona a Peter su capacidad de volar. Pan vive en un país lejos de cualquier mapa y geografía llamado Nunca Jamás, habitada también por indios, hadas y sirenas, y donde se las tiene que ver con piratas más bien tontos. Es en esa ínsula donde comparte aventuras con sus amigos, los Niños Perdidos.
En este punto considero que es importante detenerse unos momentos.
Cuando J.M. Barrie tenía seis años, su hermano mayor, David, murió mientras patinaba sobre un lago helado. Fue un golpe terrible para la numerosa familia, sobre todo para la madre, quien en su depresión repetía constantemente que su hijo ya nunca crecería.
Barrie asumiría aquella sentencia materna como si se tratara de un dogma. “Nada de lo que sucede después de los doce años importa demasiado”, escribiría más tarde.
¿Será una simple coincidencia que Peter Pan sea un pubescente de entre doce y trece años, delgado, pelirrojo (como la mayoría de los bretones), que viste un traje hecho con materia vegetal, de ahí la representación de color verde, quien porta en el cinto un puñal y una flauta como las utilizadas por el dios Pan? Peter Pan es un púber inmaduro, egocéntrico y egoísta, que hace lo que le da la gana y carece de la más mínima responsabilidad, de ahí su miedo a convertirse en adulto y adoptar un mundo horrible lleno de reglas y límites.
Los enemigos del eterno adolescente son el capitán James Hook (Garfio) y la tripulación del Jolly Roger. Hook no perdona que Peter Pan le haya cortado la mano derecha en un duelo de espadas. Así, mientras Hook y compañía dedican todo su tiempo a perseguir a Pan para matarlo, éste se burla de sus contrincantes incluso cuando la pelea se torna peligrosa.
No se puede dejar de lado a la pandilla que acompaña a Peter Pan, a los que Barrie denominó los Niños Perdidos. De acuerdo con la obra original del escritor escocés, son niños que cayeron de sus carriolas y que, al no ser reclamados en los siguientes siete días, Pan los llevó al País de Nunca Jamás.

En 1935, la caricaturista estadunidense Marjorie Henderson Buell, “Marge”, creó un personaje de historieta llamado La Pequeña Lulú (Little Lulu). Lo que comenzó como una viñeta gráfica, a partir de 1945 se convirtió en una historieta larga a cargo del dibujante John Stanley, quien en 1959 decidió continuar con otros proyectos.
Entre los personajes de este cómic destacaba, además de La Pequeña Lulú, Toby, un niño rollizo, de gorra y pantaloncillos cortos, quien construye una casa en un árbol (The Tree House Club), presuntamente secreta y exclusiva, donde recibe a sus amigos, los cuales deben respetar una sola regla: no admitir niñas.
Actualmente, el término Club de Toby subsiste como una metáfora para marcar espacios, agrupaciones y actividades en los que las mujeres brillan totalmente por su ausencia.
Algo similar ocurre con los Niños Perdidos, una pandilla de amigos donde no hay niñas. Barrie evadió toda especulación en torno a esas notables ausencias bajo el argumento de que los niños varones son más propensos a caerse de las cunas, mientras que las niñas son demasiado listas para ello.
¿Quiénes son realmente los Niños Perdidos? La visión feliz de Peter Pan señala que los Niños Perdidos fueron los hermanos Llewelyn Davies, a quienes Barrie conoció en sus paseos por los jardines de Kensington. George, John, Peter, Michael y Jack explayaban en esos prados sus juegos de fantasía.
Tras la muerte de los padres de estos menores, Barrie los adoptó como sus hijos propios. Contrariamente al escritor británico Lewis Carroll (Charles Lutwidge Dodgson), que tuvo una obsesión enfermiza por Alicia Liddell, a la que conoció cuando esta tenía cuatro años, convirtiéndola en modelo de fotografías más bien perturbadoras, así como en inspiración para escribir Alicia en el País de las Maravillas, el Tío Barrie siempre se mantuvo como un hombre íntegro, alejado de cualquier sugerencia sexual, según contaron los niños Davies.
Para entretener e integrar a los Davies, Barrie montaba pequeñas obras de teatro. Fue así como surgió la historia de Peter Pan, en la que Michael fue la inspiración del personaje central y el resto del elenco son los hermanos y la ficticia Wendy.
No todo fue miel sobre hojuelas, pues la tragedia continuó ensombreciendo a los Davies: George murió en combate en la Primera Guerra Mundial y Michael falleció ahogado en el río Támesis.
Por lo mismo, algunos estudiosos de la obra de Barrie han explicado que, en los primeros borradores, Peter Pan no era un personaje tan inocente, ya que los Niños Perdidos eran menores a los que Pan llevaba al País de Nunca Jamás a los que mataba previo a convertirse en adultos,
Los mismos especialistas señalan que en el argot de la época “niños perdidos” eran los menores que morían antes de alcanzar la adolescencia.
Peter Pan y Wendy se estrenó el 27 de diciembre de 1904 en el Duke of York’s Theatre de Londres. Con localidades agotadas, el público estuvo compuesto por una mayoría infantil: los niños de orfelinatos a los que James Barrie extendió la invitación de forma personal.
En 1929, ocho años antes de morir, James Barrie especificó que los derechos de autor de la obra Peter Pan se destinarían al principal hospital infantil de Londres: el Great Ormond Street, el cual quedó como poseedor de los derechos sobre cualquier puesta en escena y/o publicación del trabajo.
Aunque técnicamente los derechos de autor finalizaron en 1987, a cincuenta años de la muerte de Barrie, en 1988, el gobierno del Reino Unido de la mano del ex primer ministro James Callaghan procedió con una excepción, una variante única en el mundo del copyright, al aprobar una extensión perpetua, misma que está legalizada en forma bajo la Copyright, Designs and Patents Act.

