CADA BOLITA, UNA ESPERANZA; CADA PREMIO, UNA REALIDAD

El Edificio “El Moro”, sede de la Lotería Nacional desde 1946, no sólo fue durante un breve periodo el inmueble más alto de la Ciudad de México; también se convirtió en el laboratorio donde nació una tecnología capaz de desafiar los temibles hundimientos y sismos de una ciudad construida sobre un antiguo lago. Aquí está su fascinante historia:

Ubicado en el número 1 de Paseo de la Reforma, frente a la ex glorieta de Colón y muy cerca de Bucareli, “El Moro” es parte del paisaje sentimental de varias generaciones de mexicanos. Su salón de sorteos ha dado alegría, felicidad, y millones de pesos a quienes han comprado un “cachito” o una serie completa; quien no juega, no gana, dice el refrán.

La Lotería Nacional había ocupado diversas sedes desde el siglo XVIII. Para la década de 1930, la institución necesitaba un edificio propio que concentrara oficinas, salas de sorteos y servicios administrativos. Fue entonces cuando se decidió construir una gran sede en un terreno donde existió una propiedad vinculada a Ignacio de la Torre y Mier.

El edificio “El Moro” forma parte del paisaje urbano del corazón de la Ciudad de México. (Fotografías, Graciela Nájera Sánchez)

De la Torre y Mier (Ciudad de México, 1866-Manhattan, 1918), fue un empresario y político emparentado con la realeza de Mónaco, por medio de su hermana Susana, y con la familia de Porfirio Díaz al haberse casado con su hija Amada Díaz. Se volvió famoso por haber sido el protagonista del escándalo homosexual del célebre “Baile de los 41”.

La obra, iniciada en 1933, enfrentó desde el principio a un enemigo de proporciones mayúsculas: el subsuelo lacustre. El terreno, saturado de agua, parecía incapaz de soportar una estructura de gran altura. Lejos de rendirse, el ingeniero José Antonio Cuevas dio una solución que marcó un antes y un después en la ingeniería mundial.

El mayor orgullo técnico de “El Moro” es su sistema de flotación elástica, considerado pionero en el mundo para edificios altos construidos sobre terrenos blandos y sísmicos. La idea consistía en distribuir el peso de la construcción de tal manera que el edificio “flotara” sobre el subsuelo, reduciendo los efectos de los asentamientos diferenciales.

Con esa innovación, la torre pudo levantarse hasta alcanzar aproximadamente 107 metros de altura y 29 niveles, convirtiéndose en uno de los primeros rascacielos de la capital del país. Cuando fue inaugurado el 28 de noviembre de 1946, “El Moro” se convirtió por un corto tiempo en el edificio más alto de la ciudad, luego vinieron otras torres hoy famosas.

Alegorías hechas de cartón dan vida a los niños “gritones” de la Lotería Nacional. (Fotografías, Graciela Nájera Sánchez)

La estructura del edificio (acero, concreto, y cristal) permitió combinar la resistencia con la elegancia en una época en que la modernidad arquitectónica comenzaba a transformar el rostro urbano de la capital. ¿Por qué se llama “El Moro”? Existen diversas versiones sobre el origen del nombre, pero la más difundida es la que viene de las tiendas moriscas.

Esa versión señala que los primeros proyectos contemplaban una construcción inspirada en una tienda o pabellón de estilo morisco. Los trabajadores comenzaron a llamarla “El Moro” y el apodo terminó por imponerse al nombre oficial. También, ese nombre se liga al histórico Kiosco Morisco, usado en el pasado para actividades vinculadas a la Lotería.

El edificio representa uno de los mejores ejemplos del art decó en México. Sus líneas verticales, formas geométricas, relieves ornamentales y la estilización de sus fachadas reflejan la influencia de una corriente artística que dominó buena parte de la arquitectura mundial entre las décadas de 1920 y 1940, y México no se quedó atrás en esa tendencia.

En su interior sobreviven detalles decorativos que evocan aquella época dorada. Destacan la histórica sala de sorteos donde los niños “gritones” dicen a voz de cuello el número del billete y el premio que obtuvo. También permanecen las ventanillas de pago diseñadas bajo los principios estéticos del art decó, combinando ornamentación y funcionalidad.

La entrada principal del edificio es sumamente agradable a la vista. En estos días se encuentra resguardada, lo mismo que todo el edificio. (Fotografías, Graciela Nájera Sánchez)

“El Moro” también ocupa un lugar especial en la historia de los medios de comunicación. El 1 de septiembre de 1950, desde el piso 14, se transmitió la primera señal del Canal 4, un acontecimiento que marcó el inicio de la televisión mexicana. La espectacular antena en la parte superior convirtió a la torre en un centro tecnológico muy avanzado del país.

Aunque la Lotería Nacional expandió sus operaciones a otros inmuebles durante la segunda mitad del siglo XX, “El Moro” no perdió su papel simbólico y sigue siendo sede principal de la dependencia. En 2022 se le nombró inmueble patrimonio de la propia Lotería Nacional, asegurando su conservación como edificio histórico importante para el país.

Al ver la enorme esfera que contiene las bolitas con los números de los billetes de lotería, y la que tiene las bolitas con el monto de los premios, uno evoca esa leyenda que desde siempre ha estado en los locales donde se expenden los “huerfanitos”, los “cachitos” y las series completas: “Cada bolita, una esperanza; cada premio, una realidad”. ¡Lotería!

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