TACUBA 13, MARÍA FÉLIX, Y UN AROMA ÚNICO
Si el viento corre de oriente a poniente, el sensual aroma que sale por la puerta de la casi centenaria “Perfumería Tacuba 13” —así se llama porque se localiza en ese número de esa calle— llega hasta “El Caballito”, la estatua ecuestre de Carlos IV de España realizada por el escultor Manuel Tolsá, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Hay recuerdos que no necesitan fotografías. Basta una fragancia para que una persona vuelva, una casa desaparecida recupere sus habitaciones, o una época entera regrese por unos segundos. Existe un lugar donde esa memoria, esa evocación y ese recuerdo tiene nombre, dirección y casi un siglo de historia: la acreditada “Perfumería Tacuba 13”.
La propia empresa se define como “una firma familiar mexicana” fundada en el año 1930, dedicada inicialmente a comercializar fragancias procedentes de Europa. Sin embargo, otras referencias históricas han señalado 1936 como el año de su establecimiento en el inmueble actual. Como sea esa sutil y aromática historia se remonta a la década de 1930.

Tacuba es mucho más antigua que la Ciudad de México moderna, pues esa calle conserva el trazo de la calzada prehispánica que conducía hacia Tlacopan, un vía fundamental que comunicaba México-Tenochtitlan con el poniente. Es, además, uno de los pocos trazos prehispánicos originales que todavía pueden reconocerse en la ciudad contemporánea.
Lo indiscutible es su permanencia. Y no pudo haber elegido un mejor escenario. Por esa ruta caminaron comerciantes, viajeros, soldados y habitantes de distintas épocas. Después llegaron los conventos, hospitales, comercios, carruajes, tranvías y automóviles. La calle cambió de aspecto una y otra vez, pero conservó su vocación de paso y de intercambio.
Durante el siglo XIX la presencia de boticas y establecimientos relacionados con la salud y el cuidado personal contribuyó a formar una tradición comercial muy vinculada con los aromas. En el siglo XX, las perfumerías terminaron por convertir a Tacuba en uno de los lugares más característicos de la capital para comprar fragancias y sus materias primas.
Su particularidad nunca fue únicamente vender perfumes terminados. El establecimiento se especializó en esencias, aceites, fijadores, envases y materias primas para elaborar lociones y cosméticos. Esa empresa familiar mantiene actualmente esa vocación y ofrece una gran variedad de esencias y productos relacionados con la elaboración de fragancias.
Es una perfumería y un universo de posibilidades olfativas. Ahí una persona puede buscar un aroma ya conocido, pero también intentar crear uno propio. Y esa posibilidad explica buena parte de la permanencia del negocio: No sólo se trata de comprar un perfume, sino de hallar un olor que diga algo de quien lo usa, como fue el caso de la diva María Félix.
El relato procede del testimonio de Alfredo Mayorga, quien durante décadas trabajó en el establecimiento. Mayorga contó que conoció a la actriz en el Palacio de Minería, a unos pasos de allí, durante una exposición relacionada con Alex Berger, último esposo de “La Doña”. Le pidió un autógrafo para su hija y la invitó a conocer la perfumería. Ella aceptó.
Cuando llegó, recuerda Mayorga, se interesó por los aromas de rosas y nardos, y por la loción “Crepé 20”, que entonces preparaba la casa y hoy ya no produce. El episodio es particularmente evocador porque permite imaginar a una de las grandes figuras del cine mexicano entrando en un establecimiento del Centro Histórico, entre frascos, esencias y olores, en busca, quizá, de algo que no podía encontrarse en una vitrina cualquiera.

El mismo testimonio registra que el conocimiento de los perfumistas de ese negocio llegó a producir “Amor de Tacuba 13”, una fragancia preparada especialmente para las figuras de televisión Andrea García y Jorge “El Coque” Muñiz. El procedimiento era artesanal: escuchar al cliente, conocer bien sus preferencias, y buscar una combinación adecuada.
Es ahí donde “Tacuba 13” adquiere otra dimensión, porque la perfumería conserva algo que la producción industrial difícilmente puede reproducir, la relación personal entre quien busca un aroma y quien sabe perfectamente cómo construirlo. No es casual que enfrente del número 13, en la casona de Tacuba 12, se encuentre el Museo del Perfume.
Quizá por eso entrar en Tacuba 13 sea un poco como entrar en un archivo, sólo que aquí los documentos no están hechos de papel, están hechos de rosas, nardos, maderas, flores, aceites y esencias. La ciudad cambia, las personas se van y los edificios envejecen. Pero algunos recuerdos permanecen en el aire, o atrapados en un frasco, como en Tacuba 13.

