ESE PUEBLO DE DOLORES…

Ciudad típica del norte guanajuatense, donde José

Alfredo se inspiró para cantar a las fiestas patrias

Poco ha cambiado la ciudad, aunque mucho ha crecido. Fuera de las numerosas iglesias, no existen altos edificios ni amplias avenidas… para bien. En conjunto, conserva el aspecto típico de las poblaciones asentadas en territorio llano: casas bajas, a lo sumo de dos plantas, el trazo en damero original. Si acaso, únicamente los accesos y libramientos que indican la ruta a otras ciudades (Guanajuato, San Felipe, San Miguel de Allende, San Luis de la Paz) le dan un toque de cierta modernidad.

Su centro histórico se mantiene en tan buen estado que le valió para convertirse en uno de los primeros Pueblos Mágicos designados por la Secretaría de Turismo, solo después de Huasca de Ocampo, Mexcaltitán, Tepoztlán y Real de Catorce —nombrados en 2001—, y el mismo año (2002) que San Miguel de Allende, Taxco, Tepotzotlán, Tapalpa, Comala, Pátzcuaro, Cuetzalan eIzamal. Claro, contó también su relevancia histórica, ligada fuertemente a la lucha independentista.

Vista nocturna del jardín principal y la fastuosa Casa de Visitas.

Porque Dolores Hidalgo es nada menos que la Cuna de la Independencia Nacional, denominación otorgada el 15 de diciembre de 1947 por la XL Legislatura del estado y confirmada un año después por decreto del presidente Miguel Alemán Valdés, de forma que en todo documento oficial referente a la ciudad se añadenal nombre las siglas CIN, desconcertantes para quienes desconocen su significado.

Por otra parte, los cambios en el nombre son parte de la historia de la localidad, pues de llamarse originalmente Congregación de Nuestra Señora de los Dolores, en 1643, pasó a ser simplemente Pueblo de Dolores, en 1790. Luego, tras la lucha emancipadora, se le añadió el primer apellido del líderrebelde, Miguel Hidalgo y Costilla, quien según la tradición el 16 de septiembre de 1810 se plantó a las puertas de la parroquia del lugar, tocó las campanas para llamar a los lugareños y los llamó a combatir al “mal gobierno”.

Las casas donde vivieron Mariano Abasolo y Miguel Hidalgo; ambas son hoy museos.

Sin embargo, como no hubo testigos directos que narraran lo sucedido en esa fría madrugada, ni documentos, y todo se supo de oídas, la verdad escapaal escrutinio histórico y no se sabe si en realidad fue en ese templo, ni la hora; tampoco si fue cierto lo del repique de campanas, si hubo el famoso “Grito” y mucho menos laspalabras exactas expresadas por el párroco. Al respecto,existen diversas versiones de respetables personajes como Manuel Abad y Queipo, Diego de Bringas, Juan Aldama, Servando Teresa de Mier, Juan Aldama y Julio Zárate, pero existen notables discrepancias entre cada uno de los relatos.

Lo cierto es que ese día sí se integró un ejército—si se le puede llamar así a una hueste entusiasta, pero mal equipada y con escasa disciplina— para luchar contra el gobierno virreinal, encaminándose a diversas poblaciones antes de atacar la Alhóndiga de Granaditas, donde se libró la primera y sangrienta batalla, dando lugar a una larga disputa armada,llena de altibajos para la causa insurgente, durante un periodo de 11 años y 11 días.

La Parroquia de Dolores Hidalgo y uno de sus retablos dorados.

Hoy, la Parroquia de Dolores continúa siendo el referente de la ciudad, con su gran explanada al frente y a la vista del Jardín Principal, cuyo kiosco fue desplazado a un costado para dejar su lugar al monumento dedicado al Padre de la Patria. Allí, en ese espacio verde, los neveros dolorenses hacen alarde de osadía e ingenio para ofrecer los helados más locos de la región, con sabores de mole, chicharrón, aguacate, elote, gansito, tequila y otras ocurrencias, sin faltar los típicos de nuez, vainilla, chocolate, zapote, mantecado, etc.

Los paseantes pueden sentarse a la sombra del nieto del “Árbol de la Noche Triste” (retoño del ahuehuete al pie del cual, según la tradición, Cortés se sentó a llorar tras ser expulsado de Tenochtitlán por los bravos guerreros de Cuitláhuac), gigante verde que da sombra a un amplio espacio. También pueden admirar la fachada de la Casa de Visitas, edificio barroco de notable belleza situado a un costado,llamado así porque sirve para alojar a visitantes distinguidos —y otros no tanto— que cada año llegan a la ciudad para presidir la ceremonia del “Grito”.

Imagen antigua del templo de La Saleta, obra de Zeferino Gutiérrez. Siguiente imagen: Templo del Señor del Calvario.

La Parroquia interesa no solo por su importancia histórica, sino también por sus detalles artísticos, entre ellos los retablos dorados y el piso cubierto de mezquite, madera proveniente de los muy resistentes árboles que pueblan los pastizales y semi desiertos mexicanos, dándoles un aspecto muy similar a las sabanas africanas… aunque sin leones. Lo que sí hubo alguna vez fue un antílope, el berrendo, antiguo habitante de la altiplanicie, desde el norte del país hasta Puebla, hoy en riesgo de extinción y restringido a unas pocas reservas protegidas.

En el mismo centro, destaca la casa que habitó Mariano Abasolo, personaje de notable riqueza durante la colonia, quien financió la compra de armas y equipo para los insurgentes y también fue capturado en Acatita de Baján, salvándose de ser fusilado y de perder la cabeza gracias a sus influencias dentro del gobierno virreinal (“palancas” siempre ha habido), por lo que fue enviado a Cádiz, donde permaneció encarcelado hasta su muerte. Actualmente, su vivienda es un museo dedicado a la Guerra de Independencia y a exposiciones de arte.

La Escuela Bicentenario. Siguiente imagen: El Monumento a la Bandera, en la Alameda.

Dolores Hidalgo posee una alta concentración de iglesias en un área relativamente pequeña, legado del catolicismo hispano cuyo empeño llenó de cúpulas, torres y fachadas churriguerescas gran parte del territorio nacional. Cual más de esos recintos es llamativo, pero destaca especialmente la torre neogótica de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, mejor conocida como “La Saleta”, obra diseñada por Zeferino Gutiérrez, el mismo creador del mucho más famoso templo principal de San Miguel de Allende.

La visita a Dolores Hidalgo permite, asimismo, conocer cómo era una vivienda a finales del siglo XVIII, al darse una vuelta por la Casa de Hidalgo, sitio donde vivió el prócer, actualmente convertido en museo dedicado a su memoria. La distribución de los distintos espacios del inmueble (patios, cocina, huerto, pozo, habitaciones) permiten darse una idea de la existencia en esa época, en la que predominaban los silencios y no había tantas prisas, aunque tampoco existían las comodidades de nuestros tiempos.

El edificio de Correos y su singular buzón.

Otro edificio notable es la Oficina de Correos, de fachada neoclásica y un buzón con rostro leonino, ubicado muy cerca de la Escuela Centenario, plantel llamado así porque fue inaugurado en 1910 con el nombre oficial de “Miguel Hidalgo”, hecho todo de ladrillo y que durante mucho tiempo funcionó como una institución modelo, al contar con talleres, imprenta y otras adaptaciones para una enseñanza integral.Más allá se ubica la Alameda, espacio arbolado donde tienen su sede una biblioteca, más canchas y, en estos tiempos fitness, aparatos para ejercitarse. Cerca, está el Monumento a la Bandera.

Más lejos, en la salida a Guanajuato, se encuentra el cementerio. Allí reposan los restos de otra gran celebridad de Dolores: José Alfredo Jiménez, personaje imprescindible de la música mexicana. Su tumba, diseñada a manera de un enorme sombrero, muestra un sarape gigante hecho con piedras multicolores, sobre las cuales se han escrito las letras de sus más renombradas canciones, que son bastantes.

La tumba de José Alfredo Jiménez.

Muy cerca se levanta una estatua del genial compositor (a nuestro parecer, muy pequeña para la grandeza de su contribución a la cultura nacional) y, de vuelta al centro, se levanta lo que fue su casa, ahora museo dedicado a su memoria y a su obra. Justamente, una de sus melodías describe la belleza del pueblo y, al mismo tiempo, ensalza la celebración de las fiestas patrias.

Por eso, José Alfredo tituló a esa pieza “15 de septiembre”, pues, aunque la gesta comenzó en realidad el 16, el festejo se lleva a cabo un día antes, por la noche.Con su talento, el autor dolorense hace una síntesis del significado de esta conmemoración para los mexicanos, al cantar a viva voz:

“Es el 15 de septiembre…una fecha

que todos los mexicanos recordamos con honor.

Es el día que levantamos la bandera más bonita

es el día que recordamos lo que Hidalgo principió…”

Un poema sencillo y emotivo para un pueblo contagiado, en estos días, de fervor patrio.

Dos imágenes de la Casa-Museo de José Alfredo.

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