LOS NIÑOS HÉROES DE CHAPULTEPEC
La mañana del 13 de septiembre de 1847 llegaron a las faldas del Cerro de Chapultepec, en la Ciudad de México, siete mil soldados del ejército norteamericano. Su objetivo era tomar las instalaciones del Colegio Militar localizado en la cima, donde se encontraban alrededor de 100 alumnos y 800 soldados de diversos batallones del Ejército Mexicano.
El motivo de la invasión que dio pie a esa célebre batalla fue que Estados Unidos deseaba apoderarse, a toda costa, del territorio al norte del Río Bravo, incluido Texas, por lo que México se defendió. El antecedente directo fueron los beligerantes episodios en Padierna, Churubusco y Molino del Rey, donde los estadounidenses pronto lograron imponerse.
Sólo quedaba por defender el Cerro y Castillo de Chapultepec con su Colegio Militar. La zona estaba dirigida por el general Nicolás Bravo, uno de los héroes de la Independencia y tres veces presidente de México. Aunque ya estaba retirado de la vida militar, tomó una vez más las armas para proteger a la nación al declararse la guerra con Estados Unidos.

En esos tiempos, Bravo tenía a su cargo el mando y la organización del reputado Ejército del Centro y, en el asalto al Castillo de Chapultepec, él mismo dirigir la defensa. Con él, decididos a luchar cuerpo a cuerpo y hasta las últimas consecuencias, 800 elementos del Batallón de San Blas a las órdenes del teniente coronel Felipe Santiago Xicoténcatl.
Si bien esa escaramuza representa uno de los episodios heroicos de la historia nacional, el nombre de seis miembros del Colegio Militar brilla con luz propia. Debido a sus edades, son cariñosamente conocidos como Niños Héroes de Chapultepec. Ellos son ejemplo de valor y patriotismo, y mostraron que la juventud no es obstáculo para defender a la patria.
Vicente Suárez (17 años), Agustín Melgar (18 años), Fernando Montes de Oca (18 años), Francisco Márquez (14 años), Juan Escutia (20 años), y Juan de la Barrera (19 años) son los jóvenes que fueron capaces de sacrificarse por defender a la nación que los vio nacer, y a partir de esa fecha, el 13 de septiembre de 1847 está grabado en el colectivo general.
De acuerdo con los archivos de la Secretaría de la Defensa Nacional, la guerra México-Estados Unidos (1846-1848), se intensificó en enero de 1847, con el arribo del general Winfield Scott y sus tropas al puerto de Veracruz. En agosto de ese año, las tropas nacionales se concentraron en el Valle de México e intentaron evitar la toma de la capital.

Tras los enfrentamientos en Padierna, Churubusco y Molino del Rey los días 19 y 20 de agosto, y 8 de septiembre de 1847, México estaba en desventaja para detener el avance norteamericano. Consecuentemente, las unidades militares con las que contaba la nación se concentraron en las faldas del Cerro de Chapultepec; Scott decidió lanzarse para allá.
Los bombardeos se iniciaron el 12 de septiembre de 1847, sacudiendo abruptamente los cimientos de la instalación y causando estragos entre las fuerzas mexicanas. Durante la jornada del 13 de septiembre, las columnas norteamericanas avanzaron por el oeste y sur del Cerro de Chapultepec y a cada paso se advertía la superioridad en soldados y armas.
Tras una hora de salto, a las 10:00 de la mañana el Castillo de Chapultepec ya se encontraba en poder de los norteamericanos. Entre las bajas más recordadas que sufrió el Ejército Mexicano, se encuentran, además de los jóvenes cadetes, Felipe Santiago Xicoténcatl. Hoy, los restos de los Niños Héroes y del teniente coronel Xicoténcatl reposan en el Altar a la Patria, ubicado en la entrada del Bosque de Chapultepec, desde el 27 de noviembre de 1952.
A ese gigantesco monumento y mausoleo, obra de Ernesto Tamariz y Enrique Aragón Echegaray, construido entre 1947 y 1952, también se le identifica como Monumento a los Niños Héroes por estar dedicado a ellos. Consiste en un conjunto de seis columnas de mármol dispuestas de manera semicircular. Tienen como remates esculturas de antorchas con águilas de bronce en la parte superior.
En la parte inferior un conjunto escultórico de una mujer que representa a la patria, quien sostiene con uno de sus brazos a un cadete muerto y con el otro una rama de olivo, simbolizando la paz. En la base del conjunto se lee “A los defensores de la Patria 1846-1847”. Se llega a él por la Puerta de los Leones en la primera sección del bosque. El monumento, inaugurado el 27 de septiembre de 1952, es a la fecha uno de los iconos de la Ciudad de México y del país entero ante el mundo.

Sin embargo y lo que pocos saben, es que el Altar a la Patria no es el único monumento erigido con el fin de evocar la hazaña de 1847. A escasa distancia, se localiza el Obelisco a los Niños Héroes o Monumento de Chapultepec, obra del arquitecto Ramón Rodríguez Arangoiti. Es pequeño, hermoso y está a la vista de todos los visitantes al viejo bosque.
Fue construido entre 1880 y 1881, cuando el general Sóstenes Rocha era director del Colegio Militar y gestionó, ante el entonces presidente de México Manuel González, los fondos para construirlo. El proyecto fue encargado al también arqueólogo Rodríguez Arangoiti, quien al momento de la Batalla de Chapultepec era cadete del Colegio Militar.
Fue inaugurado el 13 de septiembre de 1882 y tiene inscritos los nombres de los cadetes que participaron en la defensa de Chapultepec. Tiene tallado el escudo nacional y en sus caras se lee “Chapultepec”, “13 de septiembre de 1847” y la leyenda “A la memoria de los alumnos del Colegio Militar que murieron como héroes en la invasión norteamericana”.

