LA VICTORIA DE SILAO: UN PUEBLO CONSERVADOR CONVERTIDO EN SÍMBOLO LIBERAL

Al llegar el ocaso del 10 de agosto de 1860, el “joven Macabeo” —como llamaban a Miguel Miramón— era perseguido por el general liberal mexicano Jesús González Ortega. Luego de horas de cruenta batalla, el que en ese momento era presidente de la república por el bando conservador había sido acorralado en lo que hoy se conoce como Rinconada de las Flores. Resguardado por su guardia personal, escapó por la calle hoy llamada Carrillo Puerto, luego por la parroquia de Santiago Apóstol, para seguir por las calles Aldama, Lucero e Industria. Salió de Silao y en la cercana comunidad de Cerritos un grupo de soldados conservadores entretuvieron a los cazadores mientras él abandonaba la región.

Por eso a Silao se la habría de añadir el “de la Victoria”: el triunfo de la causa liberal en un poblado donde, como pasaba con el Bajío, el grueso de la población profesaba un conservadurismo alimentado por el clero y refrendado por los terratenientes.

Y todo por un día en que Silao se cubrió con la sangre de miles de muertos y heridos.

Silao en 1860 y Silao en la actualidad (Mapas de Wikimedia).

Silao de mis chichimecas y purépechas amores

Antes de la batalla, esa pequeña ciudad ubicada entre las urbes de Irapuato y León y que era de paso para ir a la gran capital de Guanajuato, era sólo “Silao”, derivado del nombre purépecha “Tzinacua”, que significa “lugar de humaredas”, en referencia a las aguas termales de la zona. Con el tiempo el nombre evolucionó a Sinaua (“sin agua”) y luego Silahua, antes de adoptar su forma actual. 

Antes de ser dominio de los purépechas, Silao había sido habitada miles de años atrás por grupos nómadas de recolectores-cazadores. La importante conversión de la vida nómada a la vida sedentaria en territorio guanajuatense se da durante el último milenio antes de Cristo, al sureste del estado, con la cultura de Chupícuaro (800 A. C.- 900 d.C.), cuya principal aportación fue la cerámica.

Para el Periodo Clásico (200 a.C.-900 d.C.), las tierras guanajuatenses pasaron a ocupar, culturalmente, un sitio fronterizo marginal dentro de Mesoamérica.

Ya para el siglo XVI, el dominio de la zona era tomado a veces por chichimecas, especialmente huachichiles y otras por purépechas, pero también con presencia otomí. Tzinacua había sido ocupada por estos últimos, pero su bautizo fue purépecha.

La llegada de los españoles generó la ocupación de la zona por los conquistadores españoles. A pesar de que la región tenía presencia chichimeca, los invasores fueron fundando pueblos debido a las cercanías de las minas de Quanax Huato. Silao se crea como “pueblo de indios” en el año de 1537, tal como se asienta en el acta. Su fundador fue Nicolás de San Luis Montañez —el mismo que fundaría años después San Luis de la Paz—, con el respaldo de otomíes aliados a los españoles.

Silao quedó como parte de una amplia región agrícola, zona de paso para mercancías, pequeña ciudad decimonónica que sobrevivía lo mismo a sequías que a inundaciones. 

Habría de tener sus vivencias en el marco de la Revolución de Independencia, pero su papel más reconocido fue en el marco de la pugna entre liberales y conservadores en el siglo XIX del México independiente. Sin embargo, siempre se le vio como una pequeña ciudad de gente creyente, temerosa de Dios, de principios morales y poco belicosa. 

La guerra de Reforma y Guanajuato

Tras la caída de Antonio López de Santa Anna en 1855, el bando triunfante comenzó a promulgar una serie de leyes liberales, conocidas como Leyes de Reforma, mismas que se refrendaron en la nueva constitución de 1857.

Se formó un Estado nacional basado en el orden constitucional, en la necesidad del pueblo mexicano por una reestructuración al intentar terminar con los privilegios de las clases dominantes (igualdad ante la ley), la reactivación de la economía y la restauración del trabajo.

Aliado con la afectada jerarquía de la Iglesia Católica, el bando conservador se rebeló y la también llamada “Guerra de los tres años” comenzó el 17 de diciembre de 1857. El presidente liberal Ignacio Comonfort dimitió de su cargo y la capital del país quedó en manos de los conservadores, que pusieron como presidente a Félix Zuloaga. Como Benito Juárez era el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por ley le correspondía ser el presidente a la salida de Comonfort. Como la capital quedó en manos de los conservadores, Juárez estableció una presidencia itinerante. Acogido por el gobierno liberal guanajuatense, en enero de 1858 la capital del estado fue también capital del país. 

Ante la presión del ejército conservador, don Benito dejó la ciudad y así durante dos años ambos bandos tuvieron gobiernos paralelos, con la sede del gobierno conservador en Ciudad de México y los liberales en Veracruz. Con el transcurso de los años, la guerra se hizo más sangrienta y polarizó a la gente en la nación.

“La batalla de Silao”, pintura que tiene inscrita, en la parte inferior, la siguiente leyenda: “Al c. Gral. Ignacio Zaragoza, dedica este cuadro su amigo Francisco Alatorre”. Esto indica que se trata de una pieza conmemorativa del suceso bélico que fue importante para el triunfo de los liberales, por cuya razón fue encargado por el Gral. Alatorre, quien se desempeñaba como jefe de la División de Zacatecas. Esta obra forma parte de la colección del Museo de Historia Regional de Guadalajara. A su lado: grabado que ilustra la Batalla de Silao.

La batalla de la corretiza

En ese contexto de enfrentamiento, Silao llegó a ser escenario de guerra con la histórica batalla del 10 de agosto de 1860, misma que sería casi definitiva para el triunfo liberal. Fue el enfrentamiento entre elementos del ejército liberal, comandados por los generales Jesús González Ortega e Ignacio Zaragoza, y del ejército conservador, al mando de Miguel Miramón, en el contexto histórico de la Guerra de Reforma.

El conservador Miguel Miramón, quien había enfrentado al ejército estadounidense en la defensa del Castillo de Chapultepec, debía de confrontar al ejército liberal con una diferencia significativa de elementos: dirigía una fuerza de 3 282 soldados, contra 8 000 liberales.

Miramón, hijo de familia pudiente, inteligente soldado con formación en el Colegio Militar, consideró que la preparación y equipamiento de su tropa, la menor experiencia de los soldados liberales y su bien ganada fama de estratega lo llevaría al triunfo. 

Preparó el ataque desde la noche del 9 de agosto y al amanecer del día 10, su artillería abrió brechas rumbo a Loma de las Ánimas. El ejército liberal cambió estratégicamente de posiciones de combate y respondió el fuego con una artillería más eficiente. La tropa conservadora comenzó a desperdigarse a pesar del intento de Miramón por mantenerlos en el campo de batalla.

En el parte rendido, ante el triunfo liberal, por González Ortega, se señala que la artillería, armas, municiones del bando conservador fueron dejadas y puestas en su poder, además de poseer a centenares de prisioneros, especialmente generales, jefes y oficiales.

La guerra terminó con la derrota definitiva de los conservadores —liderados por Miramón— a manos del general Jesús González Ortega, en la Batalla de Calpulalpan, en el Estado de México, el 22 de diciembre de 1860, y el 11 de enero de 1861 Juárez hizo su entrada triunfal a la capital.

Una vez que el Congreso Constituyente había cumplido con su tarea de elaborar una nueva Constitución, se hizo la convocatoria para realizar elecciones tanto de los poderes federales como de los estados.

Memorial juarista que, en Palacio Nacional, recuerda la importancia de Silao en el triunfo liberal sobre los conservadores. En seguida: Monumento a los caídos en la Batalla de Silao. 

Por ese triunfo tan significativo, Manuel Doblado, general liberal y Gobernador del Estado nuevamente en ese momento, declaró el 12 de junio de 1861 a la ciudad con el nombre de “Silao de la Victoria”.

Cada año se celebra esa batalla donde los cronistas relatan cómo las tropas de Miramón fueron aplastadas, cómo su sangre cubrió las calles de Silao, cómo el Macabeo —llamado así en referencia al caudillo hebreo que enfrentó a los sirios— fue acorralado y perseguido, cómo logró escapar de la región sólo para luego acabar de ser derrotado, de exiliarse y regresar años después para morir al lado del emperador Maximiliano.

A González Ortega se le honró con ponerle su nombre al mercado municipal y a una de sus callecitas adyacentes.