“EL TORIL”/”EL DÍA”, PERIÓDICO IRAPUATENSE DEL PORFIRIATO

Inició como impreso de espectáculos y deportes y terminó como medio oficioso 

Durante el porfiriato, tanto los gobiernos de los estados como el federal tenían en los periódicos oficiales sus principales medios de información, pues no sólo publicaban edictos y decretos, sino también noticias de interés general, entre ellas las de nota roja.

La prensa oficial era la voz institucional, pero en el marco de una diversidad de posiciones, por convicción o rentabilidad, existía otro grupo de impresos que daba voz a las posturas gubernamentales y servía de tribuna contra los críticos al régimen: la prensa oficiosa.

Entre los impresos oficiosos que circulaban en la entidad, destacaban La Opinión Libre y La Prensa, de la capital del estado; El Día, de Irapuato; y La Vanguardia, de Celaya.

La prensa porfirista reforzaba la construcción de la imagen de Díaz como heredero de la lucha independentista de 1810 y las luchas liberales de Juárez. 

Tres periódicos porfiristas guanajuatenses: “La Opinión Libre” y “La Prensa”, de la ciudad de Guanajuato; y “La Vanguardia”, de Celaya (AGEG). (Fotografías, AHMI)

Guanajuato era la capital y centro político y urbe minera por excelencia. Irapuato era, junto con León y Celaya, una ciudad agrícola y de talleres que preludiaban la incipiente industria guanajuatense. Tenía un agregado respecto al resto: era el principal centro ferrocarrilero del estado. Por eso no podía faltar que tuviera importantes periódicos.

Para finales del siglo XIX, relata Javier Martín Ruiz, en la monografía que sobre Irapuato editó el gobierno del estado en 2010 (pp. 109-110), la ciudad tenía bancos, grandes tiendas, electricidad y los servicios necesarios que ameritaba ser el centro rielero donde confluían las rutas México-Cd. Juárez y México-Querétaro-Guadalajara.

César Federico Macías Cervantes, investigador de la Universidad de Guanajuato que ha incursionado en la historia del deporte en el estado, señala que al finalizar el siglo XIX, “la poco importante población de Irapuato, empezó a crecer”, gracias a la introducción del ferrocarril en el Bajío, lo que permitió una mayor comercialización de los productos agrícolas en mayor volumen y con mayor rapidez.

Fue en ese periodo, relata el historiador, que “se fueron introduciendo y ampliando varios deportes como parte de la lógica higienista de las élites y las clases medias”. De acuerdo con el investigador, los caminos de acceso a Irapuato solían inundarse con las lluvias, por lo que aprovechaban el ferrocarril para ir de una ciudad a otra, cercanas entre sí, y practicar deportes y competir.

El fútbol empezaría a tener mayor popularidad hasta la segunda década del siglo XX, pero al empezar la centuria, había un deporte que despertaba pasiones: la Fiesta Brava.

Para principios del siglo XX, la ciudad de Guanajuato tenía prácticas de béisbol gracias a los ingleses que laboraban en sus minas. En 1903 fue inaugurado el Teatro Juárez. lo que representaba una dinámica cultural con funciones de cine, obras de teatro y conciertos musicales.

León, por su parte, tenía la Plaza de Gallos, la Plaza de Toros Reforma y el Teatro Manuel Doblado. Ambas tenían espacios para el entretenimiento, la cultura y el deporte.

El furor que despertaba que un paisano, Rodolfo Gaona, triunfara en España, daba valor especial a las corridas de toros.

La vecina Irapuato tenía la necesidad de un medio que le informara sobre lo que ocurría en la región. En ese contexto, en septiembre de 1908 comienza a circular El Toril, Semanario de Espectáculos. Fue un impreso dedicado originalmente a la fiesta de los toros. 

En su primer número, que se encuentra en el Archivo Histórico Municipal de Irapuato (AHMI), sus editores lo presentan como periódico de entretenimiento.

Y, en efecto, publicó en sus primeros números información y comentarios sobre actividades artísticas y culturales, pero conforme se acercaban las elecciones de julio de ese año, se fue involucrando en la vida política a favor de Díaz y Obregón González. 

El que fuera “semanario de entretenimiento” terminó por cambiar su nombre a El Día, Semanario de Información y Espectáculos, tuvo primero sus oficinas en Estampa número 2 y tenía sus talleres en la “Imprenta Moderna”, ubicada en Enseñanza número 6. En 1909 era parte de la lucha política estatal y sostiene un debate en varios números con La Voz de Irapuato.

“El Día”, periódico porfirista de Irapuato, y “El Toril”, surgido en 1908, que cambió de nombre a “El Día” en 1909. (Fotografías, AHMI) 

Desde su inicio como El Toril y hasta 1912 fue dirigido por Eliseo González y administrado por Carlos Trevit. Para finales de ese año, sin embargo, se había subido al carro del desencanto hacia Madero y se convirtió en un periódico que cuestionaba al presidente por su incapacidad para aplacar a los rebeldes. A la caída de Madero pasó a ser dirigido por el abogado Gregorio Ortega, con Esteban Flores como administrador. Es probable que, como sucedió con otros impresos, sus editores hayan visto con esperanza de pacificación la llegada de Victoriano Huerta al poder.

Para 1914 el domicilio de oficinas y talleres del semanario se ubicaba en calle de Juárez letra E. Fue un periódico discretamente oficialista, leal al gobierno en turno. Caído Porfirio Díaz, debatía con otros periódicos por asuntos deportivos o de espectáculos más que políticos.

El último ejemplar disponible, en donde se manifiesta un discreto apoyo a Huerta en demanda de pacificar al país, data del 28 de junio de 1914, lo que implica que es factible que su desaparición haya sido consecuencia de la pugna entre convencionistas y carrancistas.

En el AHMI está una caja con periódicos que se desbaratan, en espera de quien los explore y haga historia de la prensa ahí, donde hay una estación en que “cantaron Los horizontes”.