LOS BIENES VITALES ORIGINADOS EN UNA IMPRENTA

Zentralbild Biscan 10.12.1954 Dorfzeitung zur Mobilisierung der Bauern und Landarbeiter. Die MTS Magdeburg-S¸dwest gibt die Dorfzeitung "Das B¸ndnis" heraus, die in diesen Tagen die Bauern und Landarbeiter dazu mobilisiert, die Winterfurche noch vor Einbruch des Frostes zu ziehen. UBz: Buchdruckermeister Georg Werner setzt die neueste Ausgabe der Dorfzeitung.

El arte editorial depara en la vida más de un asombro

Ana es una profesional de la elaboración de libros a quien le resulta poco grato el protagonismo. De ahí que nos quedemos solo con su nombre. Nos extenderemos en cambio en una porción de su biografía, la que sustenta su modo de ganarse la vida, gracias a esta entrevista que tuvo lugar entre pilas de libros y teniendo a la vista libreros bastante nutridos. Su propio relato vuelve innecesario comentario alguno, pues lleva de la mano de una a otra incidencia, elementos con los que se configura su actual visión de los hechos editoriales, librescos, narrativos.

Yo viví mucho en la imprenta, lo importante era que yo estuviera en la imprenta trabajando con mi papá, bueno, jugando a trabajar. Los sábados, por ejemplo, me iba con mi papá o en las vacaciones. Durante todas las vacaciones yo hice las tarjetitas de mis cuadernos de la escuela. Para mi papá era importante que uno tomara los tipos móviles, imprimiera y termograbara. Entonces sí, para mí fue muy importante siempre estar con mi papá, o sea hacer lo que mi papá. Creo que eso fue más importante todavía, más que hacer las tarjetitas, era estar con mi papá. Yo tengo una tipografía específica, que es mi tipografía. La eligió mi papá desde mis bolos de bautizo, y todas las tarjetas de presentación de mi vida o tarjetas de visita de siempre fueron con mi tipografía, en minúsculas Y sin usar mayúsculas.

*

Yo soy disléxica de toda la vida. Y toda la vida fui con la psicóloga, toda la vida tuve problemas de lectura y de escritura. En mi casa, en mi cuarto tenía la b y la d, que las confundía, mi mamá las hizo para que yo las viera, la p y la q, las letras que yo confundía. Vaya, mi relación con las letras ha sido problemática, pero mi papá ha sido muy amoroso.

*

Mi papá es una persona muy ordenada, excesivamente ordenada y limpia; todo siempre está en su lugar. Entonces él sacaba la caja, pues son cajas muy grandes, además pesadas. Si se te cae es como tirar todo a la basura porque ordenar esto es imposible. El acomodo no se parece a nada, es muy específico: las cajas de las vocales, los recuadritos de las vocales por ejemplo, de la r y la m, son más grandes porque hay más número, porque se utilizan más, igual que algunas consonantes. Otra cosa: para usar los tipos móviles tienes que estar parado, no trabajas sentado, trabajas parado. Mi papá sacaba la caja y la ponía encima de su mesa de trabajo, que es alta. Entonces me ponía un banquito y con ese yo alcanzaba la altura de la mesa y él me ponía en la mano el componedor. El componedor es como una regla que tienes que tomar con la mano izquierda para ir sosteniendo los tipos con los que vas armando el texto para imprimir. Mi caja de tipografía tenía escritas las letras, tenía marcadas las letras para que yo pudiera elegir. Él desde siempre, o sea desde que yo soy muy pequeña, esa caja con los distintos tamaños, porque hay de 9, de 11, de 12, puntos, todos los distintos tamaños tenían una marca. Y mi papá se ponía atrás de mí y me agarraba la mano y entonces yo iba armando mi nombre. Creo que mi nombre era lo único que yo armaba y ya lo demás que llevara y escogíamos la figurita que llevarían mis tarjetas: el osito, zapatillas de ballet… Mi papá me tenía mucha paciencia; me decía: “toma todo el tiempo que necesites, si te tardas tres horas armando dos palabras, no importa”. Era que yo las armara. ¿Dónde está la “a”? Media hora buscándola. “Está de cabeza”. De hecho tienen que estar de cabeza. Entonces: “La pusiste derechita, ponla de cabeza”. Y así.

Cajista componiendo, encima de la caja de tipos, con el componedor en la mano izquierda. (Bundesarchiv, Bild 183-27924-0001 / CC-BY-SA 3.0, CC BY-SA 3.0 DE <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/de/deed.en>, via Wikimedia Commons)

*

Mi contacto con las letras fue más técnico, más del trabajo con la tipografía. Las invitaciones de boda era lo que más disfrutaba mi papá. Llegaba a la casa en la noche y nos daba una a mi hermana mayor y una a mí. “A ver, véanla”, decía. Nos ponía a ver si había algún error, tipográfico, ortográfico, de medidas… Y si alguien lo encontraba lo decía. Si no, “Perfecto”, sonreía satisfecho.

*

Mi papá tiene varias máquinas grandes. Y tiene una máquina minerva que es el pleito de todos. Mi hermano y yo no nos peleamos por ella, pero nos hacemos la broma de que “la chiquita”, así le decimos, “es nuestra”. Es una impresora en la que no se pueden imprimir cosas ni siquiera de tamaño carta, es para tarjetas de presentación, para invitaciones, cosas pequeñas. Pero es una máquina muy fácil de usar, es manual. Se acciona con una palanca, tú metes la tarjeta, suben los rodillos y bajan e imprime. Y en ella yo creo que todos aprendimos, mis hermanos y yo. Mi hermana mayor, mi hermano y yo sabemos usarla de todo a todo: calibrarla, ponerle tinta, enramar, todo. Entonces esa máquina es muy entrañable. Estar allí es como… pertenecer a algo.

*

El taller de mi papá fue el taller de mi abuelo. Mi papá se quedó con el taller de mi abuelo porque fue el único de los hermanos que no se rebeló. Mi abuelo los hizo trabajar a todos desde niños, sin paga pero con horarios de trabajo y demás. Y todos los hermanos de mi papá pues se rebelaron y se fueron. Ya sabían un oficio, y pusieron su empresa. Y mi papá no, mi papá se quedó allí hasta que mi abuelo murió. Y pues se quedó con la imprenta. Los hermanos llegaron a la imprenta a llevarse las cosas que creían que les correspondían y mi papá dijo “la chiquita, no; esta es mía”. Mi papá la tuvo que pelear.

Impresora minerva de mesa (Foto: tomada de internet)

*

Gracias a la imprenta se conocieron mis papás. Mi mamá padeció meningitis en la adolescencia juventud. Fue la única hermana a la que no dejaron ni estudiar ni trabajar. Entonces le hacía el trabajo de oficina a mi abuelo. No era ni siquiera su secretaría, sino que se encargaba como de tenerle en orden sus cosas. Y le hacía esto que se usaba, las tarjetas de navidad, las tarjetas de visita. Y mi mamá iba a la imprenta. En una de esas, a mi papá yo no sé si lo deslumbró el coche en el que iba mi mamá, con chofer y demás, o mi mamá bajándose del coche. Pero cierto que mi papá se casa con mi mamá porque quiere ese coche, y años después consigue el coche, y es el coche que más ha amado mi papá. Un chevrolet 50, con el que yo crecí. Era un coche muy grande, con las vestiduras de gabardina inglesa que le mandó hacer mi papá, que eran resbalosas. Tenía su cadenita en el respaldo del asiento delantero. La cadenita para que los que fueran atrás se agarraran.

*

Yo no me acuerdo de mi abuelo en la imprenta. Me acuerdo de mi abuelo cantándole a mi hermana, agarrando a mi hermano, diciéndole frases a mi hermano, pero en la imprenta no lo recuerdo. Yo creo que mi abuelo se salía, ya cuando mi papá era responsable del taller. Sí recuerdo que llegaba a la imprenta por dinero. Repartía a los nietos hombres, les daba dinero, a las nietas no nos daba. Y se iba. No tengo recuerdo de mi papá conviviendo con mi abuelo.

*

No hace mucho el escritor Luis Felipe Pérez se refirió a mi tío abuelo como una autoridad, citando en específico sus palabras publicadas en libro. Mi papá adora a su tío, que es hermano de mi abuelo. Yo me acuerdo, aunque era muy pequeña, de su biblioteca y de su sala: del piso al techo libros y libros y una salita de plática. Y mi papá dice “yo estuve clon León Felipe. Yo estuve con Salvador Novo, allí”. Y entonces yo estuve rastreando a mi tío abuelo y encontré cosas increíbles: tiene diez libros publicados, novela, ensayo; fue yerno de Filomeno Mata, que tenía su imprenta. Yo me acuerdo haber estado en esta sala biblioteca y ver a mí papá y a mi tío Salvador. Yo estaba enamorada: no leía pero yo veía los libros y sabía que era mágico. Siempre me pareció un universo mágico, el de las historias.

*

Mi hermana, que es dos años mayor que yo, es lectora, siempre fue lectora y traía sus libros de Mujercitas, Hombrecitos, las de Sisy, le encantaban. Y platicaba las historias con mi mamá y yo no leía, estaba en primaria y luchaba con saber leer. Pero las historias me encantaban. Entonces escuchar lo que contaba mi hermana era una mezcla de magia y dolor, de no poder yo acceder a eso. Y eso me sucedió hasta la secundaria que nos dejaron leer Colmillo blanco y yo no lo leí. Cuando mis compañeras en la puesta en común contaron las historias, dije “no me puedo perder esto”. O sea ¿cómo es posible? Luego vi la película, antes de leer la novela, y allí empecé a leer. Allí fue que empecé a leer, pero en realidad fue hasta la prepa que me hice lectora.

*

Mi hermano y yo tenemos la encomienda de la imprenta. Porque si no se utiliza, la imprenta es basura. Más que mi papá encomendarlo, mi hermano y yo sabemos que la imprenta es nuestra. Y mi papá me lo ha dicho: “La imprenta es de tu hermano. Háblalo con él”. Mis hermanas salen del juego, porque para mis hermanas la imprenta son fierros. Para mi hermano y para mí tiene una historia. Pero mi papá pues está educado en el siglo pasado, y por eso me dice: “La imprenta es de tu hermano. Háblalo con él”.  

*

Ana se desempeña profesionalmente como editora, es devota de la dramaturgia y docente. En su travesía editorial estimula la publicación de obras literarias de autores jóvenes, noveles o poco visibles, y se caracteriza por su apego a las artes gráficas editoriales de buen gusto.