JIMENA CONTRERAS: PARTITURA VIVA DE UNA MUJER QUE TRANSFORMA
En casa de la abuela había un piano hermoso, pero intocable. Cubierto con encajes tejidos por ella misma y una colección de muñequitos de porcelana. Nadie lo tocaba. Nadie, excepto Jimena. A escondidas, cuando la abuela no veía, deslizaba los dedos sobre las teclas, fascinada por ese universo de sonidos que parecía abrirse solo para ella. Tenía seis años.
Lo que comenzó como una curiosidad infantil terminaría marcando el rumbo de su vida. Así fue como Jimena Contreras, compositora y productora musical en la Ciudad de México, encontró un camino que tal vez no buscó conscientemente desde el inicio, pero que supo leer cuando el destino le presentó señales claras.
Esta historia inicia en los años sesenta, mucho antes de que ella naciera, cuando su abuela, ilusionada, compró un piano para su hijo con la esperanza de que estudiara música en el conservatorio. Pero él nunca quiso ser músico, y aquel piano quedó relegado a mueble de sala, decorativo y silente. Hasta que Jimena lo descubrió.

“A pesar de que mis padres eran muy musicales, en casa siempre había música, ninguno de los dos fueron músicos profesionales. Así que ahí quedó ese piano tan bonito, era un Yamaha vertical hermoso que tenía ella en la sala de su casa y que muy de vez en cuando tocaban alguna de sus amigas cuando iban a las reuniones, para las mañanitas en los cumpleaños, y situaciones esporádicas”.
A los seis años de edad, aquel piano en casa de su abuela era un imán poderoso que la llamaba a tocarlo, a sentirlo, a escuchar cada una de las notas que podía ser capaz de emitir.
“Me daba mucha curiosidad, y siempre llegaba a querer tocarlo. Mi abuelita se molestaba porque decía que lo iba a ensuciar o descomponer. Hasta que un día me dijo que para tocarlo debía aprender música, que ella me pagaría las clases. Le dije que sí. Mi maestro era el nieto de una amiga suya de la iglesia. Todo fue muy familiar, no entré nunca a ninguna escuela, no tuve estudios formales en ese tiempo”.
Frente a la partitura, Jimena no sólo leía notas: imaginaba atmósferas. A veces se perdía entre los pentagramas y comenzaba a inventar. Lo suyo no era repetir, sino crear. Así fue como, al ver lo cerrado del mundo del concertismo, eligió un camino menos transitado: la composición. Durante la preparatoria, creció en ella el deseo de profesionalizar sus estudios musicales, así que sin más decidió ir a conquistar su sueño e inscribirse en la Escuela Nacional de Música.
“Vi que el repertorio para los pianistas era muy complicado, que aceptaban a muy pocos aspirantes, y me asusté. Entonces, pensé en que al estudiar me aburría repetir las partituras una y otra vez. Así que me ponía a improvisar, a inventar canciones sin saber nada de toda la teoría que hay detrás. Tenía ese lado creativo, así que decidí aplicar a composición. Y me aceptaron”.
La intuición le dio la mano al destino, y entre las dos labraron un futuro poco convencional. Jimena se formó en la Facultad de Música de la UNAM y más tarde en la NYU Steinhardt, en Nueva York. Hoy, su estudio, Archway Studios, es un centro de composición y producción musical especializado en cine, televisión y videojuegos. Ha compuesto para cortometrajes, documentales, programas de Canal 22 como La dichosa palabra, Ancestras y Llegamos todas, ha colaborado con estudios de desarrollo como Pink Bear Games. Y todo ello, hilado con ligaduras, bemoles, corcheas y blancas: su manera de contar historias sin palabras.
“Lo bonito de los medios audiovisuales es que se trata de contar historias a través de imágenes y de un guion narrativo. Eso realmente es lo que me inspira, pensar en lo que se va a contar y cómo se va a contar porque la música, a menos que lleve letras, no tiene palabras. Es como un apoyo a las emociones, y en ciertos formatos impulsa a la interactividad como es el caso de los videojuegos. Mientras que la televisión cultural es distinta porque tiene una finalidad informativa, por ejemplo como cuando se trata de un documental que habla de las culturas de México, ¿Cómo acentuar todo lo que nos están narrando con imágenes?, ¿Cómo describir todo eso con música y de qué manera, a través de ella, apoyar la narrativa de la película, del documental, del videojuego?”.
Jimena está hecha de retos, sabe vencer cuando de desafíos se trata. Es mujer, compositora y protagonista de su tiempo. Y eso, no siempre es sencillo, no en un país como el nuestro.
“Ser mujer en México es todavía un problema para mucha gente. Aún nos contratan menos que a colegas hombres que puedan tener incluso menor experiencia que nosotras. Las mujeres tenemos que mostrar siempre un nivel de excelencia en todo lo que hacemos para poder ser tomadas en cuenta y ser tomadas en serio. Afortunadamente es algo que he ido superando. Ahora ya vivo de la composición, ya tengo estabilidad económica. Al inicio de la carrera nadie la tiene. Muchos debemos buscar otros trabajos antes de poder vivir de la música al cien por ciento”.

Como sucede con todas las carreras en las que la creatividad, el talento y el arte se conjugan, es una proeza lograr vivir de lo que se ama hacer.
“Para mí fue muy difícil entender el medio, al menos en el caso de audiovisuales, no es como otros trabajos convencionales. La música es de contactos, de que te conozcan, que te recomienden, porque si nadie te conoce, aunque dejes tu currículo en mil lados nunca te van a llamar. Muchos de mis compañeros de universidad ya no se dedicaron a la composición por esto, porque no supieron de qué manera afrontar y superar estas circunstancias”.
Sin embargo, Jimena no se quedó inmóvil esperando, supo encarar la realidad y salir a buscar lo que entendió no llegaría solo.
“En mi caso, desde que era estudiante iba a los festivales de cine, pegaba mis letreros en las escuelas de cine. Me acerqué a otros estudiantes y los apoyé con la música para los cortometrajes que tenían que entregar en la escuela. Al principio no ganaba dinero, eran cosas muy simbólicas los pagos, y a veces ni pago había. Con el paso del tiempo, estos estudiantes de cine y yo fuimos creciendo juntos y ahora son cineastas profesionales que me siguen llamando para trabajar con ellos, que me recomiendan, y gracias a eso es que he podido abrirme camino en la televisión cultural, los videojuegos, la música de conciertos, y en muchas de las actividades que realizo”.
Esa perseverancia la llevó hasta YouTube. Hoy, es la única mujer mexicana que trabaja para la librería de música libre de derechos de la plataforma. Al enviar sus primeras piezas, notó que no había música mexicana en el catálogo.
“En YouTube Estados Unidos, tienen una librería exclusiva para sus creadores de contenido con muchísima música libre de derechos de distintos géneros audiovisuales. En ella participamos muchos compositores de todo el mundo, es gratuita para todos los generadores de contenido de YouTube, obviamente, a nosotros se nos hace la comisión de esta música y se nos paga por hacerla, pero para los usuarios es gratuita moneticen o no sus canales. Ha sido muy bonito para mí llevar la música mexicana a esta plataforma. Soy la única mujer, y la única mexicana que trabaja para esta biblioteca. Ahora me contactan quienes suben recetas de cocina mexicana, de turismo, zonas arqueológicas, videojuegos de los aztecas, en fin. Tiene mucha demanda. También se puede escuchar en todas las plataformas digitales como Spotify y Amazon Music”.
Jimena también forma parte de la colectiva Las Montoneras, que visibiliza a compositoras e intérpretes. Y cada miércoles, de 7:00 a 8:00 de la noche, conduce el programa Nada Clásicas en Opus 94 del IMER, junto con otras integrantes de la colectiva.
“Cuando estudiaba, las únicas mujeres compositoras que llegué a conocer eran maestras de la facultad, no muy abiertas, pues vienen de otra generación, de la creencia de que las mujeres debemos competir entre nosotras. Nunca sentí empatía de parte de ellas, nunca me pude acercar a pedirles consejos o ayuda. Y ahora, me gusta mucho que me hablen, que me hagan preguntas. Creo que es muy bonito poder ayudar a otras, y abrirnos camino entre todas”.
A Jimena la puedes encontrar en todas las plataformas digitales y en redes sociales para escuchar su música, para saber de sus estrenos, conciertos y su trabajo en general. Y si deseas contactarla, puedes escribirle al correo que aparece en su canal de YouTube:
“Algunos generadores de contenido que buscan música original para alguna otra cosa me escriben ahí. Claro que les pido mucha paciencia porque me escribe muchísima gente y puedo tardarme un poco en responder, pero siempre contesto. También les dejo la invitación abierta a escuchar Nada Clásicas, que es el programa que tengo el placer de conducir junto con la colectiva de Las Montoneras todos los miércoles de 7:00 a 8:00 de la noche hora de la Ciudad de México, a través de Opus 94, emisora de IMER. Está muy interesante. Cada semana hay nuevas invitadas y nueva música que compartir”.

Aquella abuela que soñaba con un hijo pianista, jamás imaginó que aquel piano sería el detonante para que, años más tarde, su pequeña nieta definiera su camino y nos legara esa riqueza musical que tantas emociones y orgullo despierta en quienes escuchan sus composiciones.
Jimena nos ha mostrado que México resuena con fuerza y dignidad en las plataformas globales; que las manos femeninas también alzan la batuta, escriben partituras, tocan instrumentos, cantan y marcan el compás de nuevas generaciones.
Y es que Jimena Contreras no sólo compone música: crea puentes. A pesar de que el talento femenino sigue siendo subestimado, su historia suena como una partitura que inspira, empodera, transforma, se agradece, y se aplaude de pie.

