CUANDO EL TECOLOTE CANTA EN LA CUESTA, DAVID AZAOLA TOMA FOTOGRAFÍA

“Retratos Urbanos. Gráficas desde El Tecolote”, muestra del ojo sagaz de imágenes de la vida cotidiana

Hace 30 años, en una casa que está en la Cuesta de El Tecolote, ahí por donde el 28 de septiembre de 1810 Miguel Hidalgo bajara con sus huestes a tomar la ciudad de Guanajuato, se reunían periodistas, poetas y fotógrafos. En ese grupo estaba un joven delgado, de melena de cabello castaño claro, que tenía un ojo especial para la foto en ese mar de entonces jóvenes que compartían música y poesía, que debatían de política y que vivían la bohemia desde sus respectivas actividades.

DavidAzaola Illoldi nació en la ciudad de México en 1972 y en la fotografía ha tenido su oficio, profesión y pasión. En la década de 1990 trabajaba para la empresa Prisma y en 1993 lo mandaron a la ciudad de Guanajuato para la cobertura del Festival Internacional Cervantino (FIC).

Fue ahí donde confluyó con Jorge Olmos Fuentes, editor y poeta, y Gustavo López, otro fotógrafo, quienes vivían en una pequeña privada compuesta por varias fincas. Así lo evoca:“En sus casas o en la mía nos amanecíamos echando chisme y bebiendo mezcales de Jaral de Berrio”.

La exposición “Retrato urbano. Gráficas desde El Tecolote” tiene como antecesora otra colección itinerante de Azaola (como firma sus fotografías) que data de 1997. En la última imagen, el fotógrafo con la Reina de Irapuato de ese año, Karin I, en el sitio de la exposición.

Y sí, Jorge Olmos Fuentes mencionó a grandes rasgos ese encuentro. David estuvo en la cobertura del FIC desde 1993 hasta 1996 y Gustavo López señala un dato que da sentido a la visión fotográfica del que se define “más chilango que el nopal”: miraba al Festival Cervantino tras bambalinas y “veía lo que los demás no imaginábamos”.

Esa estancia circunstancial lo llevó a quedarse en la ciudad y entrar a trabajar al periódico El Nacional de Guanajuato. La rutina del diarismo no fue lo de él (“no me hacía sentido”) y mejor se dedicó a ser agente libre, para más tarde, al final del siglo, irse a Irapuato a laborar en el periódico a.m. de esa ciudad.

El Fresópolis estuvo siete años y cuatro de ellos fue director de un noticiero de cable. Luego se fue a Los Cabos, Baja California Sur, para regresar al Bajío y dedicarse a los negocios a partir de 2007, “cuando nació mi hija”.

Radica en Guadalajara y ya no vive de ser fotógrafo: vive con la fotografía. Han pasado 30 años y esa nostalgia desde El Tecolote, que al asomarse permite ver un paisaje de la ciudad desde uno de los ángulos que presenciaron las hordas de insurgentes.

De la conversación con David Azaola, primera secuencia fotográfica.

El regreso a donde también fue feliz

Olmos explica que David Azaola tenía un ojo que captaba lo cotidiano. Eso es lo que le hizo conjuntar una secuela de imágenes que dieron lugar a la muestra de Retrato urbano. Gráficas desde El Tecolote, donde reúne 30 retratos, con el eje narrativo de la vida: desde bebés hasta personas adultas mayores.

Las imágenes —todas en blanco y negro— son parte de un proyecto fotográfico desarrollado durante los últimos años: plasman personas en la calle, en billares y plazas, vistas con un ojo que capta momentos imperceptibles para otros, expresiones de rostros y estampas de instantes que cuentan historias.

David lo explica: “La mayoría de las personas que he fotografiado las fui conociendo en la calle, pero hoy puedo decir, con mucho orgullo, que son amigos, conocidos o personas que ya forman parte de mi vida”.

En la Cuesta del Tecolote David Azaola fue vecino de Jorge Olmos Fuentes, editor y poeta, y de Gustavo López, fotógrafo e historiador, quienes vivían en una pequeña privada compuesta por varias fincas.

Las 30 fotografías son parte de un universo de 92 imágenes, seleccionadas por el trabajo de curador de Gustavo López, director de la galería, destacado fotógrafo, historiador y amigo de hace más de tres décadas del expositor. Entre las obras de Azaola exhibidas hay una con especial significado: el retrato de su hijo.

Cada foto, impresa en blanco y negro, cuenta una historia, muestra una estructura narrativa de imagen y tiene una propuesta estética sustentada en ángulos y luces.

La muestra se encuentra en la galera donde fue la casa donde estuviera el escritor Carlos Fuentes y fuera la inspiración para su novela Las buenas conciencias, publicada en 1959. Está en el callejón de San Roque, que desde Galarza desemboca en la plazuela del mismo nombre. Es una calleja empedrada y la casa es de valor histórico, arquitectónico y literario.

De la conversación con David Azaola, segunda secuencia fotográfica.

David Azaola se fue de Guanajuato, pero “Guanajuato nunca salió de mí”. Si bien ya dejó los medios de información, no dejó de hacer fotografía: “Creo que uno se queda grabado con esa necesidad de seguir haciendo clic y de buscar imágenes.”

La exposición Retrato urbano. Gráficas desde El Tecoloteestá en la galería “Las Buenas Conciencias”. Su acceso es gratuito y ese retorno de David recuerda al Jaime Ceballos de creación fuentesiana, que elude la mano de hierro de quien oculta ante la sociedad ser su padre, para vivir una vida intensa gracias a que tiene un amigo comunista que vive en Irapuato. Son las casualidades que le dan sentido al retorno al lugar donde se sembró la semilla de la amistad, surgió un tronco de donde brotaron las hojas de la creación y se cosechan frutos fotográficos en blanco y negro, contemplados mientras se degusta un vino tinto.

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