LIZCARE: LA MISIÓN DE LIZ CARRANZA PARA QUIENES ENFRENTAN LA ENFERMEDAD LEJOS DE CASA
“Hace unos meses recibí una llamada a las once de la noche. Era una chica que se sentía muy mal, con un dolor insoportable. Fui por ella, la hospitalizaron y entró a cirugía. Estuve con ella, asistiéndola todo el tiempo que fue necesario, como si se tratara de mi niña y eso le dio mucha tranquilidad, porque su mamá ni siquiera le tomó el teléfono, solo le deseó por mensaje que saliera bien”.
Vivimos una era en la que la falta de cuidados y de afecto han alcanzado niveles alarmantes. Demasiada gente vive sola, incluso, en países distintos y circunstancias diversas. Si a eso le sumamos una emergencia de salud, el estrés emocional por no tener las herramientas para afrontar la situación puede ser peor que la enfermedad misma.
Ahí es donde esta historia cobra vida, porque esa luz en medio de la oscuridad tiene nombre: Liz Carranza, fundadora de la empresa unipersonal LizCare. “Yo estoy ahí presente para ellos, preguntando por el médico, revisando cómo va el procedimiento, definiendo si está bien atendido o si es necesario buscar a otro especialista para que reciba la atención que requiere”.

Nada nos hace estar tan vulnerables como la falta de salud. La enfermedad llega sin avisar: en medio de un viaje, antes de una reunión importante o hasta en plena diversión. A ello hay que sumar que Guanajuato es una ciudad diversa, habitada por extranjeros —muchos de ellos adultos mayores—, estudiantes lejos de casa y mujeres que viajan y viven solas. En una emergencia, la distancia, el idioma y la falta de redes de apoyo pueden convertir la incertidumbre en pánico.
Liz lo sabe bien. A los 17 años, estando enferma en otro país, recibió cuidados y mucho apoyo, lo que marcó su vida y definió el progreso de su salud, marcando así su vida. “Siempre he estado relacionada con las cuestiones médicas. Cuando la salud falta nos sentimos desvalidos”.
Hace 31 años, al casarse, llegó a Guanajuato. Una de sus primeras acciones fue fundar, junto con una vecina, el albergue del Hospital General. “Me di cuenta de que la gente no tenía dónde dormir estando en medio de situaciones muy críticas y no pude quedarme indiferente. En el hospital conocí a los pacientes, platicaba con ellos, entendía la enfermedad contra la que estaban luchando”.
Su trayectoria laboral estuvo muy vinculada a extranjeros y estudiantes: “Trabajé muchos años con una universidad en Estados Unidos y después en un programa noruego. Muchas veces se enfermaban, había que ir a hospitales, incluso acompañarlos en cirugías. Cuando no dominas el idioma y estás enfermo, te sientes muy mal”.
Actualmente, al buscar una actividad que le permitiera obtener ingresos, quiso que fuera valiosa para otros y con sentido para ella. “Dije, bueno, qué hago. Hay que seguir trabajando, pero quiero que sea algo que me dé sentido a lo que estoy haciendo, que exista una razón por la cual hacerlo. Para mí era importante que fuera valioso, porque muchas veces he hecho cosas que solo me dejan dinero, pero no son valiosas para nadie y no tienen sentido. Fue entonces cuando me di cuenta de que eso que he hecho siempre lo podía hacer ahora como un medio de subsistencia”.
Así nació LizCare, un servicio de acompañamiento que también gestiona cuidadores y conecta pacientes con médicos de confianza, especialmente para quienes están solos o no hablan español.
El nombre llegó gracias a una mujer de 95 años a quien cuidó durante nueve días en el hospital. Se llamaba Gloria Harrison. “El año pasado, en octubre, una señora se enfermó, una amiga la puso en contacto conmigo porque estaba a punto de ingresar a un hospital. Me habló y me pidió ayuda y empecé a trabajar con ella su situación de salud. A los pocos días de conocerla se puso muy grave, me llamó, organicé el traslado, entró al Hospital General, que era donde ella quería estar. Le conseguí cuidadores y la estuve asistiendo por nueve días, hice un grupo de chat para organizarnos y atenderla en todo lo que fuera necesario hasta que finalmente salió del hospital”.

“Entonces le pedí que escribiera una reseña de lo que le pareció mi trabajo, escribió en inglés cosas muy bonitas, entre ellas la frase: “Liz care for the people”. Y me dijo que mi empresa debía llamarse LizCare porque yo realmente me preocupo por la gente. Me di cuenta que LC son también mis iniciales, Liz Carranza. Y ahí supe que ese es el nombre que necesito tener. Porque realmente la gente me interesa. He tenido varios hospitalizados, hubo alguno que lamentablemente falleció y entonces lo que sigue es acompañar a la viuda en todo el proceso. Estar. Y ahí es donde me doy cuenta del trabajo tan importante que realizo”.
Un día, Liz conoció la historia de Marcela Vera, publicada en Equisgente (publicación del 02 de septiembre de 2024): una joven que creó pulseras de emergencia que permiten acceder al historial clínico y personal del paciente ayudando así a que el paciente reciba atención oportuna. Hoy, esas pulseras son una herramienta clave en su labor. “No tengo tantos clientes todavía, pero sé que lo que hago es un trabajo necesario y estas pulseras nos han ayudado mucho en emergencias”.
LizCare surge como una luz que nos recuerda algo esencial: nadie debería enfrentar la enfermedad en soledad. Porque, en la salud y en la enfermedad, lo que más necesitamos es que alguien decida estar.
Contacto: Liz@carranza.com

