DÍA DE LOS PANECITOS: DE LA DIETA HIPOCALÓRICA DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO A LAS CALORÍAS DE “LA FIESTA MÁS SABROSA DE LEÓN”

A las siete ya estaban los puestos: a cuatro por veinte, para empezar; cuando eran las diez, la ley de oferta y demanda ajustó precios: tres por veinte. Minicuernos, miniconchas, minicampechanas, miniempanadas, minidonas, minibolillos, miniyoyos; todo mini, menos el antojo. Parecían piezas para casa de juguete, pero no: eran para colocar en una canasta de mimbre y llevarlos metros adelante, al templo de San Nicolás de Tolentino, para que esos panecitos fueran bendecidos y en correspondencia depositar uno o más en un canasto, que será para los seminaristas, y poner una moneda en la alcancía.

Es el 10 de septiembre, día de los panecitos en honor y memoria de San Nicolás de Tolentino, “la fiesta más sabrosa de León”, dice el cronista Luis Alegre, mientras que los gritos de vendedoras y vendedores y el embrujador aroma de los panecitos invaden el ambiente y llaman a buscar café para degustarlos.

Miles de personas (se estima más de 20 mil) llegaron a las calles, se dan cita en Barrio Arriba para comprar pequeños panes y mantener una tradición que data del siglo XIX.

Miles de fieles acuden al templo de San Nicolás de Tolentino a que les bendigan sus panecitos. 

El templo de San Nicolás, ubicado en el Barrio Arriba, el más antiguo de la ciudad por haber sido convertido en espacio para mulatos, fue abierto en 1848. Luis Alegre explica que era el principal espacio religioso de la zona, pues donde está la actual parroquia había sólo una capilla.

Frente al templo, ubicado en lo que hoy es la calle Aquiles Serdán, tenía enfrente (al sur) una plaza y a un costado, hacia el oriente, un panteón, que con el tiempo desapareció y en su lugar se habría de construir el Hospital Civil de la ciudad. Posteriormente sería la Escuela de Enfermería de la Universidad de Guanajuato.

San Nicolás, hay pan: ¡quiero más!

Nicolás de Tolentino nació en Sant’Angelo, en Pontano, Italia, en 1245. Murió en Tolentino el 10 de septiembre de 1305. Fue fraile, sacerdote, místico, un católico italiano que fue considerado el primer santo de la Orden de San Agustín. Se le considera protector de las almas del Purgatorio e intercesor por la justicia, la maternidad, la infancia y la salud. Su protección era invocada por los devotos para las víctimas de las pestes.

La leyenda dice que sus padres ya eran mayores cuando, por consejo de un ángel, fueron a una peregrinación a la tumba de Nicolás de Bari, y en ese lugar, aceptando el consejo del ángel, pidieron la gracia divina de un niño. Cuando regresaron a la ciudad de Sant’Angelo, ya tenían el hijo solicitado y por eso llevó por nombre el de Nicolás.

A los seis años de edad, Nicolás comenzó a ir a la escuela parroquial y era encargado de la distribución de la limosna a los pobres por parte de su familia. En 1256, a los doce años de edad, ingresó al oblato en el convento local de los ermitaños de Bréttino, que luego tras fundirse, dio origen a la orden de los Agustinos Ermitaños. Hizo votos solemnes cuando tenía menos de diecinueve años.

Fue ordenado sacerdote en 1269 en Cingoli, y pasó a dedicar su vida al apostolado desde Tolentino. Centró su tiempo en la meditación y la oración, así como en la atención de los enfermos y necesitados. Se distinguió por una vida de asceta dentro de la orden. Renunció a la dieta hipocalórica, oraba siempre y su sueño irregular lo llevó a contactar a la divinidad. Permaneció 30 años en el convento de Tolentino dedicado a visitar a los enfermos, consolar a los afligidos y socorrer a los pobres. Confesó a todo el pueblo al igual que visitantes, peregrinos, enfermos y presos. Se dice que Nicolás podía recordar el nombre de cada uno y entre los habitantes del pueblo circulaban conversiones prodigiosas, curaciones y diversos hechos extraordinarios que él había protagonizado.

Pan bendito para curar todo mal y con su dulzura el espíritu alegrar. Tras la bendición, regalan uno o más panecitos a los seminaristas y se deposita una limosna. 

En una ocasión, estaba gravemente enfermo y tuvo una visión de la Virgen María que le daba de comer unos bocados de pan, con lo que quedó repentinamente sano. A partir de ese momento. En memoria de ello, se bendicen en el día de su festividad unos panecillos llamados “de San Nicolás”. 

Fue un hombre que tuvo visiones incluso de imágenes del purgatorio, que sus amigos atribuyeron a sus prolongados ayunos. La oración por las almas del purgatorio fue la característica sobresaliente de su espiritualidad. Por eso Nicolás fue proclamado patrón de las almas del purgatorio en 1884 por el papa León XIII. Hacia el final de su vida enfermó, sufrió mucho, pero continuó con las mortificaciones que habían sido parte de su santa vida. Murió el 10 de septiembre de 1305 en Tolentino. Su proceso de canonización comenzó en 1325 bajo el papa Juan XXII y terminó en 1446 bajo el papa Eugenio IV. Ya para entonces tenía fama de santo.

Su cuerpo incorrupto fue presentado en 1345, momento en el que le fueron amputados ambos brazos para la construcción de un relicario. Sus restos se conservan en la Basílica de San Nicolás, en Tolentino (Italia).

Se le rinde culto especial en lugares como la ciudad de Barranquilla, capital del Departamento del Atlántico en Colombia. Su iglesia fue la primera catedral de Barranquilla, y el primer nombre de la ciudad de Barranquilla fue Barrancas de San Nicolás, también es su Santo Patrono; en el Templo de Nuestra Señora de la Candelaria en Bogotá se le dedica un altar; es patrono del pueblo de San Nicolás Totolapan en La Magdalena Contreras, Remedios (Antioquia), Ciudad de México, La Aldea de San Nicolás (en Gran Canaria, España, a donde llevaron la costumbre frailes mallorquines a fines del siglo XIV), Almonacid de la Sierra (Zaragoza), Adra (Almería), Cas Concos d’es Cavaller (Baleares), Tortuera (Guadalajara), el barrio de San Nicolás (en Ixmiquilpan, Hidalgo) San Nicolás Tecomatlan (Ajacuba, Hidalgo) y Xochicoatlán, Hidalgo. En León también tiene su templo, en el mulato Barrio Arriba.

Panecillos en el barrio cuerero

Rodolfo Herrera, director del Archivo Histórico Municipal de León, explica que todo comenzó con una capilla que se empezó a construir el 1 de enero de 1801 y fue terminada el 7 de diciembre de 1848. El escritor de varios libros sobre la historia leonesa añade que en 1896 el templo fue cerrado temporalmente para hacerle reparaciones y fue reabierto el 1 de septiembre de 1896. Estima que esa puede ser la fecha que marcaría el inicio de la tradición de llevar a bendecir el pan.

Más de un centenar de vendedores reciben durante el 10 de septiembre a más de 20 mil compradores. 

La tradición marcaba que el pan debía ser salado y ázimo, esto es, sin levadura, sólo con harina y agua, pero sin fermento alguno. Luis Alegre indica que el pan debía guardarse para ser dado a comer a personas enfermas, bajo la creencia de que al haber sido bendecido, les curaría.

Herrera aclara: que los panaderos leoneses le fueron agregando pan dulce a la vendimia. Como el pan ázimo era pequeño, hicieron el pan dulce también chiquito. Antes, afirma la gente mayor, era todavía más pequeño que ahora y costaba un centavo la pieza.

Luis Alegre se acomoda el cuello, tic nervioso que le caracteriza, y platica con entusiasmo lo que es la fiesta de los panecitos en León, a la que califica como “la más sabrosa” de la ciudad. Narra que el templo de San Nicolás de Tolentino fue en el siglo XIX un refugio de viajeros. Solían quedarse a dormir en su plaza cuando les caía la noche o mientras encontraban un mesón o lugar para pernoctar. 

Datos del AHML señalan que con el tiempo cambió el entorno del templo de San Nicolás. En 1902, la capilla que estaba en el jardín principal del Barrio comenzaba a ser convertido en templo. El panteón adjunto al templo de San Nicolás desapareció y en su lugar fue construido un colegio religioso, que fue abierto en 1903. Durante la revolución el edificio fue expropiado por el bando carrancista y convertido en cuartel militar y en 1916 se le adaptó para que fuera el Hospital Juárez, Con ese nombre acogió a los heridos el 2 de enero de 1946 para luego ser reconocido como Hospital Civil hasta 1955, cuando al inaugurarse un nuevo edificio se convirtió en la Escuela de Enfermería de la UG.

Rodolfo Herrera considera que la existencia del hospital dio más impulso a la fiesta de los panecillos porque la gente lo compraba para darlo a sus enfermos. Luis Alegre precisa que el panteón ocupaba sólo una parte de lo que ahora es la construcción que desde 2014 es sede del Centro de Idiomas de la UG.

El templo de San Nicolás, que fue refugio de los viajeros del siglo XIX, es el 10 de septiembre recinto de bendición.

Para la feligresía, que procede de todos los rumbos de la ciudad, que acude sin importar edad, que llega hasta en silla de ruedas, muletas o andadera, lo que vale es bendecir el pan y comerlo después o darlo como valioso regalo consagrado gracias al agua bendita.

Llegan desde las siete de la mañana para acudir a la primera misa y cantar las mañanitas al Santo Patrón San Nicolás de Tolentino en el templo. Tradicionalmente la bendición era sólo a la hora de las misas, pero ahora llega tanta gente que hay monaguillos o seminaristas que arrojan el sagrado líquido entre misa y misa. La última es a las ocho de la noche y al terminar se cierra la jornada con un castillo de pirotecnia, montado en la plaza donde unas alas sirven para la foto. Algunos puestos permanecen abiertos para los últimos golosos que van por panecitos sobrantes, aunque no estén benditos.

San Nicolás de Tolentino ayunaba y comía alimentos austeros; lo irónico es que el panecito tiene gluten y calorías a morir. Esa gula que no deja y que obliga a rezar por que el agua bendita no haga retorcer al demonio que es parte de este reportero.