UNA TARDE INFINITA CON MARCELA LAGARDE II
Segunda y última parte
Previo a concluir el año anterior, compartí en este espacio la primera parte de mi encuentro con Marcela Largarde. Fue el primero de otros, y ese primero fue tan significativo como perdurable en mi memoria.
Ella no lo dijo, pero esa tarde en mi imaginario yo me autonombré dentro de lo que de forma reiterada ella señala como: “mis alumnas queridas”. Lo hice después de que, una vez servido el café, generosa como es, me indicó: “Iovana, yo te explico lo que quieras, y si al final no estamos de acuerdo, estará bien, también de eso se trata”.
La tarde había comenzado con un tema principal: la presencia de las mujeres en los espacios de poder público. También hablaríamos de la violencia que sigue atravesando la vida de todas, tema del que es la experta entre las expertas. Si el tiempo lo permitía, podríamos abordar otros temas.
El entorno de Marcela Largarde es ella: libros, más libros y notas. Colores de invierno, predomina el lila y el café. Ella frente de mí, en una silla que se asoma con su figura, el sol en su espalda destaca el movimiento de sus manos al hablar.

Le pido autorización para grabar nuestra conversación y ella acepta. Sabe que tengo interés en no distraerme haciendo anotaciones largas, quiero escucharla con la mente y con el cuerpo. Con la taza de café de la anfitriona como testigo, iniciamos una conversación donde distingo su rigurosidad intelectual que he leído desde mi adolescencia, su uso disciplinado de conceptos, su memoria lúcida y también su pasión por recuperar el camino propio, pero también el de las otras. Es “la” académica feminista que le corre la sangre por las venas cuando habla de feminismo, de violencia, de utopías. Es “la” feminista mexicana referente que nombra desde ese rigor académico que seduce el afán de aprender, el feminismo también se estudia suele repetirlo.
La violencia feminicida: su causa vital y académica
Ella, estudiante de una secundaria de nombre Josefa Ortiz de Dominguez, asume que desde la infancia su camino feminista “ya estaba configurado por los astros”, dicho esto sonríe con picardía.
De formación en Etnología y con doctorado en Antropología, Marcela Lagarde ha dedicado su vida a estudiar, analizar, pensar y descolocar la teoría feminista, su camino elegido en estas bastas rutas ha sido la erradicación de la violencia contra las mujeres: “…Empecé a entenderla buscando en la genealogía de las ideas lo ocurrido con las mujeres en Juárez desde el poder. Una teoría política desde el poder patriarcal, esa fue la ruta para entender y explicar la violencia que ocurría con todas nosotras superando cualquier teoría fetichista que pretendiera confundir lo que estaba ocurriendo con las mujeres en Juárez…”.
Marcela habla de un ejercicio analítico, pero también empírico, durante una temporada larga estuvo trabajando en sitio con las madres en Juárez, activistas y otras víctimas, el conocimiento que se construye desde las realidades que atraviesan los sentidos. Su presencia y trabajo después de casi tres décadas son recordados y valorados porque representó la posibilidad de revindicar desde una perspectiva feminista y sistematizada todo lo hecho y dicho de forma previa que no eran más que una serie de ocurrencias que en aquellos años, y en el presente, solo alimentaban la impunidad, la revictimización y la ignorancia sobre la violencia feminicida: “…Entrarle al poder basado en el sexo es entrar al México profundo de los feminicidios…”.
La autora de la frase “qué sería de las mujeres sin el amor de las mujeres” explica como clave fundamental en la creación de la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia e integración al código penal la figura de “feminicidio” su acercamiento con la activista y escritora sudafricana Diana Russell (1938 – 2020): “Diana era una mujer anarquista muy amable”. Una experiencia didáctica fascinante dirigida por ella con muchas otras mujeres expertas: “es maravilloso cuando vas entendiendo todo: hay una lógica política del poder como elemento de dominación patriarcal, el primero de ellos, el género. Un elemento que indica el futuro, que anuncia que nosotras tenemos una espada de Damocles en la cabeza…”

Pionera en descifrar la violencia contra las mujeres como un tipo específico, a la fecha apela a que se mantenga la distinción sobre otros tipos de violencia: “…Violencia feminicida es todo aquello que, por ser una violación a los derechos humanos de las mujeres, que a través del daño misógino acaba por ser letal para las mujeres, todo aquello, es el cúmulo de hechos violentos, circunstancias de vida violenta…eso es la violencia feminicida, incluye al feminicidio…”.
Cuando llegamos a este último punto es enfática: no puede seguirse modificando la ley por ocurrencias, el riesgo es desdibujar lo importante. Detractora de voces que pretendan nombrar la violencia contra las mujeres como “violencia de género”, Marcela recupera en cada intervención que debemos visibilizarnos, visibilizarlas, nombrarlas y no integrarlas en conceptos que nos borran o desdibujan, algo que el patriarcado ha hecho con empeño en la historia de la humanidad.
Una feminista en San Lázaro
Al recibir invitación directa y a la puerta de su casa con el compromiso de trabajar por leyes para las mujeres en el año 2003, Lagarde y de los Ríos se integró a la LIX Legislatura Federal, el mundo de las y los políticos le resultó sorprendente, pero tenía el reto de adaptarse: “No fue fácil”, en este momento mi querida Doctora Largarde me comparte las micro historias de cómo se construyó la ley y los avances, entre una clase política priista predominante, una serie de reglas no escritas, las reglas del poder y control ejercidos también por las mujeres.
“La Ley General deAcceso a una Vida Libre de Violencia… costó muchísimo, yo me quedé calva”, ella sonríe y agrega “hasta con dolor de dientes. Éramos todas y todos en esa legislatura de movimientos sociales, la izquierda toda era de movimientos sociales, estábamos acostumbradas a acompañarnos en muchos espacios. Y también nos encontramos con compañeras de izquierda que eran muy conservadoras, siempre las ha habido. Las que hacíamos ciencia éramos escuchadas, para eso sirven los títulos; llegamos a reunirnos muchas expertas, todas haciendo investigación ¡fue un placer político!, ¡se puede hacer política pensando, y no al revés!
El Centro de Estudios Legislativos en Género fue otro legado importante; ahí empezó la ley, desde la investigación: “costó mucha habilidad de negociación hacerlo un proyecto colectivo y no solo de la causa de las mujeres”. Su creación se concreta en el 2005, ahora se denomina Centro de Estudios para el Logro de la Igualdad deGénero y funciona como un órgano de apoyo técnico.
Sobre la alerta de violencia de género (AVG) es un proceso que Marcela recopila con emoción, una noche repasando contextos de emergencia comencé a pensar alternativas: “…¡Tenemos que crear una política que responda a la emergencia, así surgió el mecanismo! Nos interesaba erradicar, no disminuir con medidas estructurales de cambio…”. Una herramienta con alcances claros, una política integral que permitiera entrar articuladamente, como una política integral del estado para atender la violencia feminicida, enfrentar la progresión de la violencia: “…Entender la progresividad que caracteriza a la violencia es saber que siempre se deben seguir pasos mayores para erradicar la desigualdad estructural…”.
La Ley General de Acceso fue publicada en 2007, para mi entrevistada se trata “…del texto más bello, el más entrañable…”. Lo anterior lo dice una mujer y académica que vive para escribir, en la actualidad con 77 años recién cumplidos ella continúa escribiendo: “…Escribo de dos a diez horas diarias, cuando no escribo estoy repasando ideas. Leer y escribir van juntas en mi cabeza…”.

Al momento de nuestro encuentro me comparte con emoción que está escribiendo su genealogía, su historia vital donde estarán incluidas las presencias e influencias de las muchas mujeres que ha investigado, leído, encontrado y aprendido. Al compartirme la primicia comienza a nombrarme a varias de ellas, ya trae consigo detalles que me permiten confirmar su pasión y rigor de investigadora feminista
Aquella tarde sobre su buró inmediato una decena de libros le acompañan en emocionante proceso de investigación: leer, pensar y escribir.
Hacemos una pausa para poder revisar los libros, me sugiere los lea todos. Varios son de autoras con las que ha compartido espacios y cátedras a lo largo de la vida. Con algunas, sobre todo con las españolas y argentinas, mantiene amistades entrañables.
Antes de servirme la tercera taza de café me ofrece un recorrido por sus aretes, todos grandes, artesanales, únicos con historias que recuerda y transmite con entusiasmo, abundan las mariposas y piedras moradas. Todos hablan de ella.
Del tiempo de las mujeres
Lagarde asume que el llamado tiempo de mujeres lo debemos entender como expresión sexenal “…que alcanza para convocar, para enternecer a la propia mujer, a cada una, para hacer aproximable el interés en las mujeres. Así lo entendió la presidenta Claudia. Ella no sabía que las mujeres somos entrañables, que hacemos aportes, que existimos…”.
Una feminista que confía en el presente en la presidenta incluso ha guardado la imagen del diario donde ella aparece tomando protesta: “…Yo la conocí a ella muy joven, ella no era feminista, está aprendiendo, está descubriendo el feminismo.
Le pido que me autorice tomarle una imagen junto al fragmento de periódico que ella recortó y colocó de forma visible en su espacio, acepta y posa sonriente. Me invita en nuestro caminar al pasillo a que valore la dimensión de la llegada de una mujer a la presidencia en un país con profundas huellas de misoginia: “…Este mundo valora y acoge a los violentos, cada vez más. Vale más la libertad de un machín que la vida de las niñas…”.

El gobierno de las mujeres es diferente
A mi pregunta directa sobre qué podemos esperar de los gobiernos de las mujeres, ella contesta con esa contundencia que le es propia: “…Son diferentes. Tienes ahora a gobernadoras que tienen múltiples recursos: capacidad, empeño, habilidades, otras no son tan presentables, entre nosotras somos diversas.
Y agrega: “…Tenemos que procurar en el intercambio entre nosotras, tratarnos con mucho respeto, intercambiar ideas para saber hasta dónde podemos aprender. Yo veo que muchas mujeres han cambiado muchísimo bajo el paraguas del feminismo, mujeres que no eran feministas. Han cambiado porque leyeron un libro, por las mujeres que le rodean, o porque eres presidenta de un país y no puedes mantenerte neutra. La base de apoyo para las mujeres gobernantes son las mujeres, así lo deben de entender y así deben gobernar…”.
Se acerca el momento de apagar la grabadora, confirmo que tengo frente de mí a una feminista que, cercana a las ocho décadas y más de la mitad de ellas en el ámbito de la construcción de otros mundos posibles, mantiene la esperanza firme y objetiva: “…Iovana, el mundo sin violencia lo he construido en la cabeza, yo digo que la utopía es ese conjunto de anhelos que te sirven para caminar, para pensar el mundo, para atreverte a pensar pensamientos positivos y poder intercambiarlos con otras…Yo voy a todos los eventos posibles para encontrarme con las feministas de carne y hueso, a eso voy, a sentirme reconfortada, es encontrarnos entre muchas necias que creemos que es posible…”.
Apago la grabadora, en ese momento dos necias se sienten reconfortadas al saberse, al sabernos.
Nos despedimos. Con nosotras se encuentra Lupita, nuestra cálida cómplice de un encuentro que en palabras de Marcela para mí será entrañable.

