CORAZONES MÁGICOS, 14 AÑOS DEVOLVIENDO LA DIGNIDAD A LA NIÑEZ EN QUERÉTARO

Tengo algo dentro de mí, que no voy a dejar que nadie destruya

Leonora Carrington

Desde afuera es difícil apreciar todo lo que late adentro, es como si la discreción del lugar contribuyera al propósito del centro reflejando la historia de quienes lo frecuentan. A este espacio llegan niños, niñas y adolescentes sintiéndose fragmentados, pero pronto descubrirán que bajo sus heridas habita una fortaleza infinita que Corazones Mágicos ayuda a revelar para resignificar su historia.

La calidez se percibe en cuanto la puerta se abre. El lugar no es muy grande, pero cada rincón está diseñado para sostener: oficinas, consultorios y un área externa con juegos. Algo llama poderosamente mi atención: un área de punching bag con costales de boxeo de distintos tamaños. 

La entrevista se realiza en uno de los consultorios. En la pared, destaca una frase: “Vas a poder, pero tienes que creer en ti”. No es un adorno, es una declaración de principios. Una promesa que marca el inicio de un proceso que busca devolver lo que les fue arrebatado. 

En Corazones Mágicos la calidez se percibe en cuanto la puerta se abre. El lugar no es muy grande, pero cada rincón está diseñado para sostener.

Así comienza la conversación con María Fernanda Lazo Payro, vicepresidenta del patronato de Fundación Vida Plena, organización que opera Corazones Mágicos, un centro especializado en víctimas de violencia sexual infantil que está por cumplir 14 años de labor ininterrumpida.

“La iniciativa surgió porque la fundación empezó trabajando con abuelitos de escasos recursos en la Ciudad de México y veíamos que muchas de nuestras viejitas habían sufrido violencia sexual en la infancia. Después, en mi experiencia profesional me encontré con casos muy fuertes respaldados por estadísticas. La Organización Mundial de la Salud estima que una de cada cinco niñas y hasta uno de cada diez niños sufren abuso sexual”. 

Ese hallazgo encontró un punto crítico durante su gestión como directora del DIF en Huimilpan: “Una chiquita de seis años fue abusada por cinco niños de la misma edad dentro de un salón de clases. Yo tenía psicólogos, pero sin la especialización necesaria. Y por otro lado me preguntaba qué tienen estos cinco niños para que a su corta edad hagan esto. Evidentemente habían estado expuestos a pornografía, abandono y violencia. Ahí se gesta la idea de crear urgentemente un centro especializado en violencia sexual para niñas y niños, principalmente en situación de pobreza”. 

Corazones Mágicos recibió su primer paciente un 26 de mayo del 2012. Desde entonces ha desarrollado un modelo de atención integral que interviene antes, durante y después de la violencia. 

“Tenemos cuatro líneas de acción. La primera es la prevención. Trabajamos en niñas y niños para que sepan detectar situaciones de riesgo, hagan un alto y pidan ayuda a través de talleres de prevención que involucran también a mamás y papás. Les entregamos un manual de protección de violencia sexual infantil a todos los que participan. Hay manuales para niños en edad preescolar, en primaria baja, en primaria alta y para mamás y papás. De esta forma ingresamos un producto didáctico a los hogares. El año pasado le dimos talleres de prevención a casi 10,000 personas. En estos catorce años hemos dado talleres de prevención a más de 90,000”.

Cuando la violencia ya ocurrió, el enfoque cambia hacia la rehabilitación.  

“Es la línea que más recursos nos demanda pues contempla factores mentales, emocionales, espirituales, obviamente económicos y materiales. Cada niño es una historia diferente. A lo largo de estos casi catorce años hemos atendido a más de 2,300 víctimas de violencia sexual infantil. Antes de ingresar a Corazones Mágicos todas las mamás y todos los papás tienen que tomar un tallercito de dos horas también. Esta acción se lleva a cabo cuando hay una sospecha real.  Ahorita al mes estamos atendiendo a 200 personas, hay que recordar que la mayoría es población fija porque reciben atención continua hasta que logran regular la sintomatología. Aquí estamos hablando de procesos terapéuticos, diagnósticos clínicos especializado, acompañamiento, mucha contención emocional, a veces terapia a las familias de los niños. En algunos casos damos incluso apoyos de asistencia social porque hay unos chiquitos que viven en una situación de pobreza terrible, lejos de cobrarles una cuota de recuperación los apoyamos con el transporte para que vengan a Corazones Mágicos. Hacemos muchas gestiones. Algunos reciben apoyo jurídico y son representados por un abogado”. 

La Fundación también se ocupa de quienes atienden a los pequeños y a sus madres, y esta es su tercera línea de acción: la capacitación. 

“Trabajamos intensamente en la formación de maestros, trabajadores sociales, psicólogos, todos los trabajadores que tienen que ver con niñas y niños, incluso los que se dedican a la impartición de justicia. El año pasado capacitamos a más de mil profesionistas en diagnóstico, tratamiento y prevención. 

Finalmente, las incidencias en políticas públicas conforman la cuarta línea de acción:

“Vamos a iniciar capacitaciones con el municipio de Querétaro para implementar protocolos en hoteles. Corazones Mágicos se los obsequiará para que estén bien seguros nuestros niños y niñas. También impulsamos una reforma para que se prohíba el ingreso de menores a moteles porque existen casos de menores que han sido agredidos sexualmente dentro de ellos. También, por ejemplo, tenemos una agenda a nivel nacional con el senador Agustín Dorantes que busca principalmente reducir los beneficios que tienen las personas que agreden sexualmente a las niñas y niños. Queremos un padrón de agresores sexuales a menores de edad. Otro tema importante es el de reparación de las víctimas, la verdad es que sigue habiendo reparaciones muy bajas que no son justas”. 

El espacio también comunica. No hay escritorios que separen al paciente del terapeuta. Además de los juguetes, hay espejos, muchos espejos a través de los cuales ese “creer en ti” se vuelve tangible para el niño. En Corazones Mágicos recuperan esa mirada como parte de su proceso de sanación. 

“Tratamos de tener un centro de primer mundo para nuestros chiquitos, hay un área de punching bag porque justamente una de las secuelas que deja la violencia sexual es el enojo, la rabia. En los consultorios tenemos que tener de todo porque recibimos a niños a partir de tres años de edad. Los psicólogos han tomado cursos para detección de indicadores a través del juego. Obviamente todos tienen la casita, la cocina. Hay disfraces, los niños juegan mucho al detective, al policía que va a encerrar a los malos. Todos tienen su jaulita, que en el juego representa la cárcel. Justamente lo que buscamos es que sepan que están en un espacio seguro. Los niños que han sufrido violencia sexual tienen un daño en el autoconcepto así que los ayudamos para que vayan descubriendo a través del espejo lo maravillosos y lo valientes que son, y que este evento que sufrieron no los define”. 

El punto clave que determina el tiempo en el que un niño o niña se recupera es la red de apoyo con la que cuenta en su entorno: 

“En promedio los procesos duran dos años, pero cuando sus familias les creen, toman acciones y los protegen, los niños avanzan mucho más rápido. Desgraciadamente, a veces no es que los papás o las mamás quieran revictimizar al niño, es que no tienen herramientas. Hay niños que han estado cuatro años aquí porque el trauma es muy fuerte.

El modelo terapéutico de Corazones Mágicos retoma propuestas valiosas. 

“Nos basamos mucho en modelos como el de David Finkelhor quien propone un modelo traumatológico del abuso sexual en el que identifica cuatro dimensiones del trauma: sexualización traumática, desvalimiento, estigmatización y traición (hay que recordar que en el 90 por ciento de los casos los agresores son familiares o personas cercanas a las niñas, a los niños o a las familias). Nosotros hemos detectado una quinta categoría que es el descontrol en el impulso agresivo. Cada caso se evalúa con base en estos indicadores y se da seguimiento hasta que la sintomatología se regula. Nos encanta ver que hay muchos chiquitos que ya estando fuera son capaces de decirles a otros niños en situaciones como las de ellos que hablen, que pidan ayuda.  Eso es muy significativo”. 

María Fernanda reconoce y agradece que la sensibilidad institucional esté cada vez más latente: 

“La prueba está en la Ley Kuri, el gobernador y la señora Car son personas muy sensibles ante la problemática. De igual forma, en la fiscalía del estado he tenido que dejar de buscar los espacios de atención, ahora son ellos quienes me buscan a mí. Realmente estamos cambiando a un rostro más humano.”

A pesar del avance que representa esta ley en Querétaro que protege a menores en el entorno digital restringiendo el acceso a redes sociales y combatiendo riesgos como el grooming, aún quedan retos importantes por enfrentar. El camino legislativo es solo el inicio. 

“Todavía hay muchos beneficios para las personas que agreden. Nos falta mucho en el camino porque tenemos que romper con un sistema de muchísimos años donde es tristísimo, pero en México reconocemos a los niños como sujetos de derecho hasta el 2014. Están todavía muy silenciados y hay que ir trabajando mucho en ese sentido”. 

Por eso, Lazo Payro tiene una lista de deseos que espera poder ver cumplidos algún día: 

“Quiero el padrón de agresores sexuales, quiero meter más esfuerzos en impulsar esta agenda para lograr reducir estos tiempos y conseguir una protección mucho más efectiva con las niñas y los niños. Yo amo a México profundamente. Quisiera una sociedad mucho más justa, más honesta, que hubiera algo trascendental. Muy pocas organizaciones se dedican en el país a lo que hacemos nosotros. No es nada más la violencia sexual, es también la física, la psicológica, los niños son mucho más foco de maltrato que incluso las mujeres adultas. Tienen un nivel de dependencia mucho más alto. Me parece que no hemos destinado como país los esfuerzos suficientes para poder sanar esas experiencias tan dolorosas de nuestros niños y nuestras niñas que les impiden que cuando son adultos, puedan serlo de forma funcional”.

Es necesario que comprendamos que lo que no se atiende a tiempo no desaparece, se transforma profundizándose. Por eso, María Fernanda insiste en cambiar la forma en que se entiende la ayuda. No se trata de caridad, se trata de inversión en todas sus fases para alcanzar la salud emocional, la prevención de violencia, la restructura del tejido social. Para que una organización de la magnitud de Corazones Mágicos pueda sobrevivir necesita muchos recursos. 

“Las formas de involucrarse son diversas, desde voluntariado, servicio social, venta y compra de donas Krispy Kreme a beneficio de Corazones Mágicos, pero también con donativos porque eso nos asegura el funcionamiento diario de nuestros programas. Tenemos muchas campañas de apadrinamiento de niños. Programas para empresas de 5,000 pesos mensuales para ser parte de 25 gigantes contra la violencia sexual infantil. Creo que parte de lo que tiene a México como lo tiene es, uno, que no hemos invertido los recursos necesarios para sanar a nuestras infancias por eso tenemos a tanto adolescente y a tanto adulto que está dañado y nos lastima. Y dos, que la única forma que tenemos de construir esa sociedad que queremos es invirtiendo en nuestras infancias e involucrándonos nosotros en las soluciones. El día de mañana un niño que no es sanado tras vivir una experiencia sexual se puede convertir en violentador, en abusador sexual, se puede involucrar en comportamientos delictivos o en otro tipo de comportamientos de riesgo social como las adicciones o el suicidio. La Organización Mundial de la Salud ha encontrado una relación entre alcoholismo, drogadicción y deseos suicidas con personas que han sufrido violencia sexual”. 

Corazones Mágicos es un centro especializado en víctimas de violencia sexual infantil que está por cumplir 14 años de labor ininterrumpida.

Después de casi 14 años, las historias de éxito que Corazones Mágicos tiene por contar comienzan a hacerse visibles de forma concreta impactando en la sensación de seguridad que vuelven a sentir los niños y las niñas.

“Pueden buscarnos en redes sociales como Corazones Mágicos o al teléfono 442 122 52 52. Solo atendemos violencia sexual infantil porque lo que buscamos es ser especialistas en un tema para brindar la mejor atención posible”. 

Al despedirme, vuelvo a mirar la frase en la pared. Permanece ahí, acompañando cada proceso, dando fuerzas a cada niño y niña con el alma rota en un país en el que la violencia sigue siendo una constante, y en el que mirar a la infancia con justicia y devolverle su dignidad es quizás el punto de partida firme para construir una sociedad distinta. Porque claro que los mexicanos podemos, solo es cuestión de creer en nosotros, en ellos y en instituciones como Corazones Mágicos tan necesarias en nuestro entorno.