LA AGONÍA SILENCIOSA DE LAS LIBRERÍAS EN GUANAJUATO

Las librerías nunca son simplemente librerías.Normalmente silenciosas, permiten que las personas coleccionen listas, sueñen, viajen, saluden de mano a papel a autores de otras latitudes, coterráneos, nacionales, vivos o ya ausentes. Todos en un mismo espacio listos para el encuentro.

Así, quienes entran buscando algo específico terminan encontrando nuevas posibilidades, otros que llegan sin saber bien qué buscan salen con ideas distintas, con libros bajo el brazo que en un principio no pensaban llevar, con deseos de compras futuras.

Las librerías son esos espacios afortunados que toda ciudad debe tener, especialmente si se trata de una Ciudad Patrimonio Cultural. Porque ¿puede existir el desarrollo de la cultura sin libros de por medio?

Las librerías universitarias e institucionales suelen concentrarse en catálogos propios y en temas académicos. (Fotografías de las librerías de la UG y del MIQ tomadas de los perfiles de facebook de la Universidad de Guanajuato y de Gobierno del Estado)

Las sucursales de las grandes cadenas libreras ofrecen algo que es invaluable: la garantía de tener al alcance las novedades editoriales organizadas por géneros, temas, novedades y recomendaciones, lo cual democratiza el acceso al libro. Si bien, las librerías universitarias e institucionales se mantienen en pie, también es cierto que se concentran en catálogos propios y en temas académicos. Mientras que las de segunda mano dependen de lo que llegue a sus estantes.

Sin las librerías comerciales una ciudad puede quedar desconectada de una parte importante de la conversación literaria contemporánea, sin mencionar que también representan un encuentro al ser los escenarios de presentaciones de libros, firmas de autores, clubes de lectura, actividades para niños y encuentros casuales.

No es que la presencia de unas amerite la desaparición de otras; una ciudad culturalmente valiosa debería integrar bibliotecas, librerías de viejo, espacios universitarios, fondos editoriales y librerías de prestigio. Cuando alguna de ellas desaparece, se cierra una puerta de entrada al pensamiento contemporáneo.

En Guanajuato esto es aún más grave. Hablamos de una ciudad universitaria, sede de un festival que le ha dado prestigio internacional inspirado en Cervantes, donde paradójicamente los antros y bares se multiplican mientras las librerías agonizan. Más alcohol y menos letras es el resultado de la gentrificación del ocio ¿Cómo puede una ciudad con esta identidad ver morir sus librerías en silencio? Existe una distancia peligrosa entre el prestigio cultural de fachada y los hábitos cotidianos que realmente sostienen a una sociedad.

Es icónica la fotografía tomada por el periodista gráfico español Gervasio Sánchez en la biblioteca de Sarajevo tras el bombardeo. La luz que entra entre los escombros recuerda que los libros representan algo más que papel: memoria, identidad y conocimiento. Por eso, la pérdida de una biblioteca o una librería nunca es un hecho menor.

Así que no basta con que Amazon, Mercado Libre, Gandhi y muchos más permitan las compras en línea, sin la serendipia de encontrar obras fascinantes que ni siquiera sabíamos que existían se pierde tanto. En internet buscamos lo que conocemos mientras que las librerías nos ofrecen los títulos y autores que no sabíamos que necesitábamos, el azar y la curiosidad sustituyen a los algoritmos de búsqueda.

Todas estas reflexiones vienen a colación tras el cierre de la librería Porrúa en el centro de la ciudad hace unas semanas, y porque recientemente he encontrado artículos que narran, no sin preocupación, el cierre masivo de las librerías Educal, así que ello me lleva a preguntarme: ¿cuánto tiempo de vida le queda a la sucursal de la Alhóndiga de Granaditas? Sin ella, solo quedará una librería comercial vigente, la del Museo iconográfico del Quijote.

No creo que las librerías mueran porque la gente haya dejado de leer; nunca he compartido esa idea del mexicano no lector por falta de ganas. Lo que ha cambiado, más bien, es nuestra forma de comprar. Mientras las plataformas digitales ofrecen descuentos y catálogos infinitos, las librerías físicas lidian con rentas descomunales y costos de mantenimiento. En esa lucha, muchas han sacrificado la experiencia sensorial (el poder abrir un libro, olerlo y enamorarse de un párrafo) para ofrecer ejemplares emplayados y sin contexto, compitiendo así en condiciones por demás adversas.

Por otra parte, también es necesario preguntarse si las diversas dependencias del gobierno trabajan al mismo ritmo que se necesita para formar nuevos lectores con la misma velocidad con la que la tecnología devora lo sensorial y lo físico para mantener de pie a las librerías.

Ninguna librería cierra de golpe; antes de bajar la cortina, agoniza en silencio. (Fotografía tomada de Google Stree View, detalle)

Ninguna librería cierra de golpe; antes de bajar la cortina, agoniza en silencio. Sucede despacio: dejamos de entrar, pasamos de largo frente a su vitrina mientras acumulamos títulos en un carrito digital, hasta que el olvido hace lo suyo y el espacio desaparece.

Cuando esto sucede, no se pierde solo un comercio ni se pierden únicamente empleos. Se apaga el espacio donde podíamos detenernos, sin prisa, a hojear y descubrir; ese lugar de encuentro que llena vacíos que ninguna compra en línea es capaz de cubrir.

Guanajuato ha construido buena parte de su identidad alrededor de la cultura, la universidad y la literatura. Sin embargo, se está quedando sin librerías. ¿Qué nos dice esta realidad sobre nosotros mismos? ¿Cuánto tiempo puede sostenerse una identidad cultural cuando los lugares que la alimentan comienzan a desaparecer?

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