LA NOTA ROJA EN LOS ORÍGENES DEL DIARISMO INDUSTRIAL CORPORATIVO GUANAJUATENSE (1946-1957
Desde principios del siglo XX la prensa guanajuatense podía ilustrar su información con gráficas y fotografías, pero era excepcional que la imagen fuera publicada al día siguiente. Portadas de impresos como Guanajuato. Diario del Bajío la mayoría de las veces no llevaban siquiera una foto. Esta situación comenzaría a cambiar en el estado al comenzar a circular un periódico perteneciente a un corporativo con presencia nacional: El Sol de León, perteneciente a la Cadena García Valseca al momento de su apertura en agosto de 1946.
En ese diario emergente, las portadas de sus primeros números tenían fotos de hechos nacionales e internacionales. Las fotos locales ilustraban a la sección de sociales (la mayor de las veces con fotos de estudio) y deportes. La nota roja pocas veces era ilustrada y la dinámica era similar a la de las secciones mencionadas: fotos alusivas si la noticia se publicaba días después de registrado el hecho.

La característica principal de la nota roja era ser publicada con un encabezado destacado en las portadas, con una redacción donde el adjetivo era una de sus características distintivas. La incorporación de la fotografía, primero ilustrativa y después oportuna y noticiosa, dio al periodismo de sucesos un complemento informativo y contribuyó a una nueva forma narrativa, en el que encabezado, texto y fotografía contribuían a una nueva narrativa de la noticia.
La nota roja en la prensa guanajuatense tuvo formatos más acordes a los de su tiempo debido a la apertura de los periódicos de la Cadena García Valseca en ciudades como León, Celaya e Irapuato. La incorporación de nuevas tecnologías de procesamiento de fotos y de impresión a partir de 1953 derivarían en dar a la nota roja un sentido de sensacionalismo más visual, donde no bastaba describir la tragedia: había que ilustrarla con las gráficas.
La nota roja en el diario pionero del periodismo industrial corporativo en Guanajuato (1947-1949)
El 1 de agosto de 1946, el obispo de la Diócesis de León, Emeterio Valverde y Téllez, bendijo las instalaciones del flamante nuevo diario para la ciudad: El Sol de León. Al día siguiente apareció el periódico con su encabezado principal:
LA SUPREMA CORTE DECIDIRÁ SI LAS
ELECCIONES SON O NO NULIFICADAS
Esa portada tenía dos implicaciones: entraba con la noticia del momento (las secuelas políticas de la matanza del 2 de enero de 1946) y la demostración de sus ligas con los poderes locales, tanto políticos como fácticos. Iniciaba la competencia con dos periódicos líderes en la entidad: Guanajuato. Diario del Bajío y el semanario Estado de Guanajuato.
La apertura del nuevo diario fue la consolidación de la etapa del periodismo industrial del siglo XX en el estado de Guanajuato. Ilustra el comienzo de una era de impresos que forman parte de cadenas periodísticas o corporativos empresariales tanto nacionales como regionales, con un sistema de producción sustentado en la división social del trabajo y con directivos y periodistas profesionales.
Guanajuato. Diario del Bajío y Estado de Guanajuato no tenían la tecnología ni el respaldo de una cobertura de cadena nacional de El Sol de León; en contraste, éste disponía de la maquinaria más moderna y funcional del momento, aunque en pocos años resultó obsoleta.

Los primeros números de El Sol de León eran ediciones con predominio de información nacional e internacional. Las notas locales iban en alguna columna y entre ellas estaba la información de policía. En una columna, perdida en un diseño donde predomina el texto, está su primera nota roja: “Presuntos homicidas detenidos”. Es la noticia de la captura de dos hombres acusados de asesinar a un exdirigente de la Liga de Comunidades Agrarias y exdiputado local.
La siguiente nota roja destacada en los inicios del diario es del 21 de septiembre de 1946: “Triple crimen en Irapuato”. Es el caso de don Francisco Arredondo y sus dos hermanas, asesinados por desconocidos para robarles. La narrativa implica el tradicional uso de adjetivos en un texto donde se resalta más la figura social de las víctimas.
El Sol de León tenía una sección local y una nacional, en donde publicaban el grueso de las noticias policiacas. Iban a la contraportada, que correspondía a las páginas 6 u 8, según la cantidad de páginas por edición, de lo que se conocía como “segundo tiro”; esto es: era impresa después de la sección general local. En la sección nacional e internacional estaban insertos los anuncios clasificados, deportes (para esperar los resultados de los encuentros deportivos) y —aunque no tenía formalmente un nombre como tal— la plana de información policíaca.
La nota roja en un Sol que salió por el oriente del Bajío (1949-1951)
El Sol de León tenía los recursos de una cadena y paulatinamente se consolidaría como diario regional y pronto superó a sus competidores. Modernizó su equipamiento tres años después de su apertura y, con su primer diario en la entidad, la Cadena García Valseca se expandió. Así, El Sol del Bajío, impreso en Celaya, empezó a circular el 12 de septiembre de 1949. La portada de los números de finales de 1949 y durante 1950 tenían información tanto local como estatal, nacional e internacional. Los temas internacionales eran la Guerra Fría, con énfasis en un feroz anticomunismo. Los temas nacionales eran el apoyo al gobierno federal y había críticas a los comunistas, el sindicato ferrocarrilero y los sinarquistas. En lo estatal, había un respaldo al gobierno de la entidad y se destacaban actividades gubernamentales realizadas en diferentes zonas del estado.
Como pasó con el Sol de León en sus inicios, El Sol del Bajío destacaba en sus portadas información internacional y nacional, pero tuvo diferencias notables respecto a su similar leonés: tenía más notas locales, algunas de ellas firmadas. Estas características le llevaron a desarrollar una sección policiaca más constante y de mayor alcance que El Sol de León: publicaba noticias de nota roja de diversas ciudades del estado tanto en sus portadas como en la página 6, a la que ilustraban con el cabezal del periódico. La información policiaca compartía espacio en esa plana con la sección deportiva cuando ésta tenía pocas notas. Lo anterior abría la posibilidad de que la contraportada del periódico pudiera ser exhibida en los quioscos para atraer a más personas que compraran ejemplares.
Otro aspecto de su plana de policía es que casi diario publicaban la columna “Barandilla Alegre”, firmada con el pseudónimo de “Reportero Contento”. En ella publicaban hechos sobre personas detenidas por faltas administrativas, casos que el redactor convertía en chunga, especialmente a partir de hacer de los apellidos un motivo de burla o ironía. La columna se empezó a publicar desde 1949, cuando comenzó a circular el diario. A partir de mayo de 1950 la ilustraban con un dibujo alusivo. Su publicación duró hasta 1953.

La tragedia y el drama como recursos narrativos en la nota roja (1951-1952)
Mientras eso pasaba con Los Soles, los dos pioneros del periodismo industrial guanajuatense, Guanajuato. Diario del Bajío y Estado de Guanajuato, quedaban estancados en el mercado y reforzaban su línea de hacer periodismo oficioso. Seguían con un uso limitado de la fotografía y sus notas principales abordaban principalmente temas de la política. La nota roja quedaba relegada a algunas publicaciones aisladas. En el segundo de los mencionados, que era de circulación semanal, en 1951 había un sello de mayor pulcritud informativa, con menos adjetivos y una menor estridencia en los encabezados. Una posible razón fue que había algo inédito en su tiempo en Guanajuato: tenían una jefa de redacción, Felicia García Carranza.
La tragedia, el drama y hasta el misterio eran ya parte de la narrativa de la nota roja y cada impreso lo hacía con los recursos tecnológicos disponibles y sus enfoques discursivos periodísticos. Había casos que permitían pasar del trabajo reporteril a un trabajo detectivesco. Uno de ellos fue el encabezado con “Misteriosa muerte de María de la Luz Herrera”, publicada en El Sol de León. Era el caso de una mujer de 80 años de edad, a la que encontraron muerta en su casa, y lo que parecía un deceso por causas naturales resultó ser un crimen con un sospechoso: José de Jesús Gutiérrez, alias “El Pata de Chiva”, un hombre “que mantenía relaciones con la hoy occisa” y al que la mujer, que había amasado cierta fortuna, le pagaba favores con beneficios materiales. El texto es prolífico en detalles, la descripción del momento en que encuentran el cuerpo, la curiosidad y las versiones de los vecinos, el interrogatorio del sospechoso y, en general, el trabajo de la “policía secreta”. El reportero hace un relato pormenorizado de hechos y antecedentes en lo que constituye un ejemplo clásico de crónica-reportaje. El seguimiento continuó en los días posteriores, con el mismo tono. El desenlace del misterio: la autopsia echó abajo la hipótesis del asesino, pero “El Pata de Chiva” fue descrito como un “vividor” que explotaba a una anciana que había heredado fortuna que habría de pasar a una hija adoptiva.

Todo hecho que implicara una tragedia constituía una oportunidad para una narrativa de drama. La prensa guanajuatense hacía de los sucesos de sangre un relato más allá de los límites municipales y regionales: si había una desgracia en un estado vecino o una de las localidades alejadas del Bajío, había noticia. Así sucedió con la muerte del profesor J. Jesús López López, asesinado —junto con su esposa María Concepción Loaiza, así como la trabajadora doméstica y el chofer de la familia— por su hijo Gonzalo, el 23 de junio de 1952, en Moroleón, al sur del estado. Fue un drama social en una localidad textil. López López era farmaceuta y ganó respeto social por apoyar a personas necesitadas en particular durante la epidemia de gripe “española” de 1918. Fue profesor y director de la primera escuela secundaria de Moroleón, que inició en casas rentadas. Fue también cronista de su población y publicó trabajos sobre filología, gramática y pedagogía. El 16 de septiembre de 1946 fue declarado Hijo Predilecto de Moroleón. La mayor parte de su obra quedó inédita debido a su muerte.
El crimen fue publicado en los diarios de la Cadena García Valseca y hubo seguimiento por varios días. Generó tal impacto que hubo voces que solicitaron al gobernador José Aguilar y Maya que estableciera la pena de muerte en la entidad.
Fue el último de los grandes casos donde el adjetivo y el tamaño de los encabezados eran los componentes principales de la nota roja. Con la modernización tecnológica de los medios impresos, que ya podrían procesar una fotografía para publicarla al día siguiente se generarían nuevas formas de hacer y editar el periodismo de sucesos de policía.

