HISTORIETA, MÚSICA Y CINE: LAS OTRAS FACETAS DE CARLOS MONSIVÁIS

El 19 de junio se cumplieron 16 años de la partida física del escritor, periodista y ensayista Carlos Monsiváis. A esos talentos se le habrán de agregar los de actor, músico y personaje de historieta. Por encima del debate en torno a su persona —que se vive en estos días—, se le recuerda en su faceta de hombre que también hizo arte con la cultura popular.

El sabio Monsi

En 1959 salió a la luz pública la historieta Chanoc, dibujada por Ángel Mora, con personajes como el propio Chanoc, Tsekub Baloyán, Pata Larga, Puk y Suk, El Sobuca y otros más. Mora recurrió a, entre otros, un joven, talentoso, irónico e irreverente escritor: Carlos Monsiváis, quien no conforme con escribir guiones donde había crítica social con humor (o humor con crítica social, como se le quiera ver), él también era personaje: El sabio Monsiváis o Sabio Monsi, quien se la pasaba filosofando mientras compartía su erudición con los habitantes de Ixtac (una especie de Macondo mexicano pero mucho más divertido y muy ligado a la costa del Golfo de México) y bebía el potente licor cañabar en la folclórica cantina “El perico marinero”.

Monsi era un apasionado lector de historietas y terminó por ser uno de los más distinguidos coleccionistas en México de ese tipo de publicaciones. 

Fue parte de las “chambas” del escritor durante la década de 1960 y no fue su única incursión como personaje de cómic: apareció de forma directa en las páginas de La Familia Burrón en un número publicado en 2007.

F1 El disco de los Tepetatles es muy escaso y se cotiza en más de 5 mil pesos. En la gráfica, también, un programa de mano del Cabaret Quid, exhibido en el Museo del Estanquillo. Integraban Los Tepetatles: voz: Alfonso Arau; guitarra: Marco Antonio Lizama; bajo: Marco Polo Tena; batería Jose Luis Martínez “El Bayoye”; piano: Julián Bert. Colaboradores: Letra, Carlos Monsiváis; Portada, José Luis Cuevas y Vicente Rojo.

El célebre caricaturista Gabriel Vargas Bernal, creador de la historieta y amigo personal de Monsiváis, dibujó y representó al intelectual como un personaje dentro de las alocadas aventuras del Callejón del Cuajo.

Un reportaje publicado en el diario Reforma explica que el 22 por ciento de los tomos de la biblioteca de Carlos Monsiváis está compuesto por historietas. La Dirección General de Bibliotecas del Conaculta cataloga y digitaliza 5 mil 428 cómics que compró en 2012 junto con sus 24 mil libros y revistas.

Monsiváis coleccionaba libros y cómics desde niño. Flash Gordon, Dick Tracy y El Charro Negro se encuentran en la biblioteca junto con Pepín, Filemón Metralla, La Familia Burrón, Chamaco, Los Agachados, La garrapata, MAD o Las Comadres. 

La colección de cómics de Monsiváis tiene mil 431 números de Pepín y 707 de Chamaco en color sepia y a color, casi en perfecto estado. Las dos revistas fueron publicadas entre los años 30 y 60, son legendarias en la historia de las publicaciones periódicas en México y, según Juan Manuel Aurrecoechea —especialista en historia de la historieta—, son las dos únicas en el mundo que se han publicado a diario (hasta en 700 ejemplares cada una) y hubo periodos en los tuvieron incluso dos ediciones los domingos.

Cada revista, editada por diferentes editoriales contenía en sus páginas entre seis y siete historias que se volverían clásicas. Los superlocos, La familia Burrón, Memín Pingüín, Cumbres de ensueño, o Percal en Pepín. Los supersabios, Tirando a gol, Tawa, Rolando el rabioso, A batacazo limpio y El pequeño Ricardín en Chamaco.

Otros números oficiales de la colección de Monsiváis son: mil 232 fascículos de La Familia Burrón; 719 de Paquito presenta a la familia Burrón; 659 de Los Supersabios; 298 de Heavy Metal (EU), 140 de la revista Cómic, 78 de MAD (EU), 70 de El Chamuco, 49 de Paquito; 21 fascículos El libro de la Historieta y 20 ejemplares de Las comadres. Muchos de ellos están encuadernados. A esto se deben sumar 515 libros sobre la historieta y caricaturas, como Tarzán de los monos, la colección completa de Los Agachados de Rius o una serie encuadernada de Dick Tracy. Caricatura política y del siglo XIX, como Los Hijos del Ahuizote están aparte.

El encargado del Fondo Monsiváis, Daniel Bañuelos, dijo que los 5 mil 428 ejemplares permanecerán en el fondo reservado de la Biblioteca México para consulta de investigadores y la consulta en el Fondo se realizará vía electrónica gracias al trabajo de digitalización.

Aunque fue personaje de la historieta Chanoc, Monsiváis sólo conservó un ejemplar y está en una vitrina.

F3 a F6 The Tepetatles en 1965: José Luis Cuevas, Carlos Monsiváis, Alfonso Arau, Vicente Rojo y Julián Bert. Fotografía: Héctor García. Museo del Estanquillo.

Un Tepetatle

En 1965, la beatlemanía dominaba el mundo y era la cúspide del rock como expresión cultural que permeaba a la cultura juvenil mexicana.

Era imposible competir con el arrastre y trascendencia del grupo inglés, pero en un país de realismo mágico, irreverencia y actitud festiva ante la vida se abrió otra posibilidad: la creación con parodia. The Beatles en versión mexicana se llamó Los Tepetatles, banda irreverente que fusionó rock and roll, sátira social y humor chilango.

La idea surgió en la Ciudad de México, dentro del cabaret El Quid, ubicado en la calle Puebla de la colonia Roma, lugar propiedad de Ernesto Alonso, quien buscaba un espectáculo novedoso para su clientela nocturna. Quien respondió a la inquietud fue el irreverente, inquieto y provocador: Alfonso Arau.

Inspirado por el fenómeno global de los Beatles, Arau creó una banda que interpretaba rock, pero como parodia. El nombre: Los Tepetatles, un juego fonético entre el artículo inglés The y un término con raíces profundamente mexicanas.

Lo integró con experimentados músicos: Marco Polo Tena (de Los Rebeldes del Rock) en el bajo, Julián Bert en los teclados, Marcos Lizama en la guitarra y José Luis Martínez en la batería. Arau tomó el rol de cantante y frontman.

La sátira no se limitaba a la ejecución musical: lo hicieron también desde las letras y ahí entraron a escena el entonces joven Carlos Monsiváis, quien inyectó un tono irónico y crítico a las composiciones, y un toque picaresco con otro grande de la crónica urbana; Salvador “Chava” Flores. Fueron creaciones variadas con ritmos de rock and roll, a go-gó y surf.

El espectáculo presentado en El Quid tuvo como rimbombante nombre el de Triunfo y aplastamiento del mundo moderno con gran riesgo de Arau y mucho ruido

Arau aparecía con peluca, una guitarra de dos mástiles e incluso una mano falsa. Era una irreverencia absoluta que plasmaba crónicas de la vida urbana. Temas como “Tlalocman” o “Rockturno” tomaban elementos de la mexicanidad y los transformaban en rock satírico. Lo que debía ser un homenaje al grupo de Liverpool se convirtió en una parodia con crítica social.

La banda, empero, rompía con toda convención y tanto Alonso como el público del cabaret no vieron con agrado esas expresiones que hacían sorna con el rock, que era la propuesta musical formal del momento.

Los Tepetatles grabaron un disco que es en sí un ejemplo del humor y el talento de prestigiados artistas: la portada de la camisa del acetato fue diseñada por José Luis Cuevas y Vicente Rojo, dos pilares del arte mexicano. El tiraje fue limitado y se vendió poco, pero el álbum habría de ser con el tiempo un objeto de culto para coleccionistas y un referente para otras propuestas similares: los Xochimilcas, Botellita de Jerez, Jaime López o Café Tacuba, por mencionar algunos.

F7 Viñeta donde aparece el Sabio Monsi en Chanoc (Museo del Estanquillo). Siguiente imagen: Monsi con la Familia Burrón (Fotografía, Secretaría de Cultura del gobierno federal).

Existe un LP de The Tepetatles. Se puede escuchar en:

¡Cámara, acción, Monsi!

Monsiváis tuvo otra pasión: el cine. Fue actor y guionista y autor de varios libros y artículos fílmicos como El Crimen en el cine (1977), donde aborda los thrillers del cine negro hollywoodense; Rostros del cine mexicano (1993), A través del espejo: el cine mexicano y su público (1994) —coescrito con el crítico Carlos Bonfil—; Recetario del cine mexicano (1996), Diez segundos del cine nacional (1996) —en la que elige diez escenas clásicas de un arte que él denomina “memoria de la especie”. 

Fue presentador de series televisivas sobre cine, dirigió por más de diez años el programa El cine y la crítica en Radio UNAM. Pero no sólo eso: también actuó, aunque como extra o personaje terciario (secundario ya sería exageración).

Su primera aparición fue en 1964, donde aparece en la cinta independiente Tajimara, reconocida ópera prima de Juan José Gurrola, a partir de un relato de Juan García Ponce, presentada en el Primer Concurso de Cine Experimental de 1964. Es justo en la escena de la fiesta en la casona de Tajimara donde se observa a Monsiváis, junto a Tamara Garina, disfrutar del número musical que montan Pixie Hopkins y Beatriz Sheridan. 

Luego apareció brevemente en Un alma pura (1965), del guanajuatense Juan Ibáñez y ese mismo año En este pueblo no hay ladrones, de Alberto Isaac, donde Monsi interpreta a un jugador de dominó al lado de otros personajes de la cultura nacional: Abel Quezada y Juan Rulfo.

La más reconocida de sus apariciones fílmicas: su papel de dolorido “santaclós” callejero y ebrio al que le queman su peluca en Los caifanes (1967), también de Juan Ibáñez. Tuvo un papel de “lagartijo” porfiriano en Las visitaciones del diablo (1967), de Alberto Isaac. 

Monsiváis accedió a breves intervenciones en Emiliano Zapata (Felipe Cazals, 1970), Ciudad de ciegos (Alberto Cortés, 1990), La guerrera vengadora 2 (Raúl Fernández Jr., 1991) y su participación como guionista en Fonqui (1984), corto documental de Juan Guerrero del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC).

El vulgo lo recuerda, además de su papel del hombre que chulea con un “¡Bocato de Cardinalo, Flor del Anáhuac!” a Lola la trailera (Rosa Gloria Chagoyán) en La Guerrera Vengadora 2, por sus apariciones en el videoclip La media vuelta (Pedro Torres, 1994), en el que Luis Miguel interpreta la pieza de José Alfredo Jiménez.

F9 Monsivais actuando en Los Caifanes (fotografía del Museo del Estanquillo). Siguiente imagen: “¡Bocato di Cardenalo, Flor del Anáhuac!”, exclamó Monsi ante la belleza de Lola la Trailera (fotografía tomada de las redes digitales de Rosa Gloria Chagoyán). 

Aparece en los cortometrajes Un mundo raro (Armando Casas, 2000), interpretándose a sí mismo; Nocturno amor que te vas (1986), Golpe de suerte (1991) y Acosada (2000) de Marcela Fernández Violante, al igual que El día perfecto (Bernardo Loyola 2004); sin olvidar sus comentarios en los documentales: Un retrato de Diego (Diego López y Gabriel Figueroa Flores, 2007) y Ni muy, muy… ni tan… tan, simplemente Tin Tan (Manuel Márquez, 2005), entre otros más.

Carlos Monsiváis fue internado el 1 de abril de 2010 en el área de terapia intensiva del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, debido a una fibrosis pulmonar. El 19 de junio, la Secretaría de Salud comunicó su deceso a causa de una insuficiencia respiratoria. Su féretro estuvo expuesto en el Palacio de Bellas Artes de México.

El mundo intelectual lo recuerda como el ensayista y periodista de ácido humor; la banda lo ubica como rockero irreverente, extra circunstancial de peculiar imagen visual (sabio loco, pero de las letras, no de la ciencia) y personaje de cómic. Que Tsekub Baloyán y Borola le toquen rock en el cielo de la cultura pop.

Fuentes

«Los Tepetatles o los Beatles mexicanos». El Universal. 28 de junio de 2009.

http://www.reforma.com/cultura/articulo/705/1408409/

https://www.gob.mx/cultura/articulos/la-familia-burron
https://rockenmexico.typepad.com/…/04/los-tepetatles.html
https://moreliafilmfest.com/carlos-monsivais-85-anos-de-su-nacimiento

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