ÓPERA “CARMEN” EN LEÓN: CUANDO LA MUJER PAGA UN ALTO PRECIO POR SER LIBRE

La Traviata, La Bohemia y Carmen tienen algo en común: sus personajes estelares femeninos eligen, deciden, toman el mando a contracorriente de la moral decimonónica, pero pagan con su vida la osadía.

Mimí —de La Bohemia, de Giacomo Puccini— es la mujer abnegada que elige al hombre pobre; el amor por sobre los beneficios de lo material, es una clásica historia del romanticismo del siglo XIX, pero marca la ruptura de la visión del matrimonio como acuerdo benéfico para la mujer en razón del poder económico del hombre. Finalmente, la pobreza y la enfermedad los separan. Como le sucede a Justine con el Marqués de Sade, el destino es cruel aun sobre la bondad.

Violeta —en La Traviata, de Giuseppe Verdi—, renuncia por amor a su vida de cortesana y pasa a la entrega plena, pero por querer conservar sus privilegios y los intereses sociales que rodean a su pareja se rompe el encanto. Sólo el destino de la enfermedad acaba con el amor físico.

Tres funciones con cupo total. Escenografía modernista. (Fotografías de la Secretaría de Cultura)

Carmen —de Georges Bizet—, en cambio, es una mujer libre para elegir al macho y deshacerse de él cuando el amor pasa. Su propuesta de libertad se mofa del romanticismo y rompe con la moral.

Mimí se representa con la belleza pura. Violeta con la belleza elegante. Carmen es más sensualidad que belleza, es la vulgaridad extrema que empodera a la mujer por encima de atavismos. Por eso no sólo debe ser interpretada con una voz vigorosa e intensa: su actuación debe ser seductora en extremo, que enamore por encima de convencionalismos morales.

Ése era el reto para el montaje de la más mediáticamente popular de las óperas, montada para celebrar los 15 años del Teatro del Bicentenario Roberto Plasencia Saldaña.

Carmen, la gitana del alma libre, seduce al virtuoso militar don José, al grado de hacerlo renunciar a su prometedora carrera de las armas y lo convierte en un bandido más de la runfla de bandoleros contrabandista que la audaz extrabajadora cigarrera encabeza.

Gran trabajo coreográfico. El teatro se ha consolidado en este rubro. El rojo predominó en un escenario que envolvía a la tragedia. (Fotografías de la Secretaría de Cultura)

Carmen es para un amor —mientras dura—, pero no para un solo hombre. Don José sufre el remordimiento de haber abandonado sus deberes para con su madre y haber cambiado —por una pícara, sensual y liberal gitana— a su virtuosa prometida Micaela, que lo ama por sobre todo. Eso termina por alejar a Carmen, que lo echa de su corazón y le abre la puerta a otro macho alfa dominante: el torero Escamillo.

La letra de la habanera “El amor es un pájaro rebelde”, lo dice todo:

El amor es un pájaro rebelde / que nadie puede domar/ y es en vano que uno lo llame. (…)

El amor es un niño bohemio. / Nunca, nunca ha conocido ninguna ley.

Si no me amas, yo te amo / y si te amo, ¡cuidado!

Si no me amas, / si no me amas, yo te amo; / pero, si te amo, / si te amo, ¡cuidado!

El desenlace es digno de la moral del siglo XIX: don José, cegado por los celos, da muerte a Carmen. La libertad de mujer tiene, como en los casos similares de mujeres que deciden, un alto costo.

Con los contextos anteriores, la ópera Carmen de Bizet se presentó en el Teatro del Bicentenario en León, los días 26, 27 y 29 de noviembre de 2025. Sin embargo, a pesar de que se trataba de una celebración especial, pues además de los 15 años del teatro, 2025 es un año de doble conmemoración, por los 150 años tanto del aniversario luctuoso del compositor, Georges Bizet, y del estreno mundial de la obra.

Se lanzó una convocatoria al mundillo musical y dancístico local para acompañar al elenco estelar: figuras de talla internacional como Alessandra Volpe, Arturo Chacón Cruz, Juan Carlos Heredia y Génesis Moreno, con el complemento de Guadalupe Paz, bajo la batuta de Enrique Patrón de Rueda y dirección escénica de Mauricio García Lozano. A esa pléyade se agregaría la participación del Coro y Orquesta del Teatro del Bicentenario y más de 150 artistas en escena.

El proyecto tuvo sus imprevistos: La estelar Volpe, que iba a estar en las dos primeras funciones, canceló por motivos de salud y dejó el paquete a Guadalupe Paz. Contra viento y marea, la obra se presentó.

La sensual Carmen, representada por Guadalupe Paz, elige amar y desamar. (Fotografías de la Secretaría de Cultura)

Presentaron una escenografía minimalista dinámica, acorde a los tiempos modernos de la ópera, que suele abandonar los esquemas decorativos tradicionales. Con un esquema de mover dos grandes aros concéntricos y una plataforma recrearon las locaciones de la obra: el cuartel de los soldados, la fábrica de cigarros, la taberna, la guarida de los contrabandistas y la plaza de toros.

El teatro se presta para estas propuestas, como lo hiciera en su momento con la versión escenográfica leonesa de Tosca. La obra duró 220 minutos con tres intermedios. Así montaron una obra estrenada en 1875 en la Ópera Comique de París.

Las tres funciones tuvieron calidades especiales. En las primeras, el ímpetu juvenil de Arturo Chacón como don José y en la tercera fue un personaje más sensato y arrepentido gracias a la representación de Andrés Carrillo. A ambos les dio batería la excelente Guadalupe Paz, de vos intensa y disciplinada.

Juan Carlos Heredia, como Escamillo, tuvo una representación no común: un gladiador en vez del tradicional toreador hispano. Génesis Moreno, como Micaela, grande. Los talentos locales guanajuatenses: Carolina Herrera, como Frasquita, maravillosa, cada vez más completa;

Frida Portillo y Carolina Herrera, talentos guanajuatenses. En la siguiente imagen: Génesis Moreno, una gran Micaela. Papel secundario de primera calidad. (Fotografías de la Secretaría de Cultura)

Portillo McNally, como Mercedes; Alejandro Yépez como El Remendado; Daniel Pérez Urquieta, como Morales; y Roberto Vázquez Aldape, como Zúñiga.

La Orquesta y Coro del Teatro del Bicentenario y el Coro de Niños del Valle de Señora fueron parte de la presentación. El trabajo logrado con este último fue muy aplaudido en las tres funciones.

Enrique Patrón de Rueda fue una garantía. Es un director que saca provecho de más a cuanta orquesta dirige. El resto del elenco creativo, un reconocimiento:

Mauricio García Lozano, dirección de escena; Miguel Santa Rita, codirección de escena; Jorge Ballina, escenografía; Rafael Mendoza, iluminación; Violeta Rojas, vestuario y Cinthia Muñoz, maquillaje y caracterización.

La Dirección Escénica a cargo de Mauricio García Lozano con un interesante diseño de escenografía de José Ballina.

Arturo Chacón como don Don José; un Escamillo representado como gladiador, y Andrés Carrillo, como don José, en el fatal desenlace. (Fotografías de la Secretaría de Cultura)

El espíritu de la versión guanajuatense

La cancelación de casi última hora de la Volpe dio un giro al montaje, que implicó ajustes al proceso, pero eso no demeritó al montaje, aunque sí lleva a la reflexión de cómo pudo haber sido vista una obra con dos protagonistas diferentes.

Hubo diferencias de representaciones con el papel de don José. Tanto Chacón como Carrillo permitieron ver una suerte de dos obras, cada una con sus propias virtudes. Eso se esperaba con el papel de Carmen, máxime las credenciales y las expectativas de la mezzosoprano Alessandra Volpe.

Por otra parte, nada hay técnicamente qué decir de la propuesta escenográfica: más que digna de la modernidad operística, pero los amantes de Carmen (la ópera, claro), vemos con nostalgia esos espacios que un francés recrea del mundo gitano español. Una gitana fuera de España pierde parte de su magia.

Finalmente: la representación de Carmen se hizo a la manera abajeña, pero al ser una obra ya universal, caben algunas reflexiones:.

Siempre que se presenta esta ópera (vista en vivo varias veces y en audiovisual y sus versiones muchísimas más), se esperan el deleite del canto aunado al de la sensualidad. La Carmen del Bicentenario fue de discreta coquetería, no de irrefrenable dominio; tuvo sus dosis de ternura, alejada del bullicio de la mujer sexualmente empoderada.

Patrón de Rueda: una institución en la batuta. Siguiente imagen: El coro infantil de Valle de Señora, una gratísima sorpresa. Trabajo nada fácil. (Fotografías de la Secretaría de Cultura)

Carmen fue una obra que escandalizó al siglo XIX y su creador sufrió para lograr el montaje. La tuvo que vender no como la tragicomedia propia de la ópera, sino como una puesta ligada el género comique.

La versión leonesa de Carmen fue la de una muy decente descocada, una versión “para toda la familia”, alejado discrecionalmente del carácter provocativo de la propuesta original.

Pero haiga sido como haiga sido, la puesta en escena de Carmen se disfrutó en tres funciones pletóricas de amantes del género y fue una digna celebración de esos 15 años para presentar en sociedá a un teatro que aún es señorito, pero que busca —vía la decencia, la moral y las buenas costumbres— dejar de serlo.