PRÁXEDIS GUERRERO, HÉROE ANARCOSOCIALISTA: IGNORADO EN GUANAJUATO, OLVIDADO EN CHIHUAHUA
En el estado de Guanajuato, donde nació, es prácticamente desconocido; en el estado de Chihuahua, donde se le reconoce como héroe de la Revolución Mexicana, se encuentra en el olvido.
Se trata de José Práxedis Gilberto Guerrero Hurtado, quien nació el 28 de agosto de 1882, en Altos de Ibarra, municipio de San Felipe, y murió en Janos, Chihuahua, entre el 29 y el 30 de diciembre de 1910.
En San Felipe, donde nació, y en León, ciudad donde hizo sus primeros estudios, sólo existen modestas y escondidas callejas con su nombre; la hacienda de su familia hoy está en ruinas. En Chihuahua nombraron a un municipio en su honor, lo declararon Benemérito del Estado y escribieron con letras de oro su nombre en el Congreso estatal. Sin embargo, su tumba está descuidada y no se ha cumplido la disposición de llevar sus restos a la Rotonda de los Chihuahuenses Ilustres, pues el lugar lleva años en el abandono.

Congruente con sus convicciones
Práxedis Guerrero fue un filósofo anarquista, poeta, editor, periodista y revolucionario, afiliado al magonismo. Inició levantamientos armados en 1908 y 1910. En el último perdió la vida.
Nació en el seno de una familia de hacendados prósperos, que lo mandaron a estudiar a la ciudad de León, en donde cursó hasta la secundaria y trabó especial amistad con Francisco Manrique, leonés que fue su gran compañero de armas.
No continuó con su formación escolar, pero fue un autodidacta, formado bajo la influencia de liberales del Siglo de las Luces. A los 17 años de edad publicaba artículos en los periódicos El Heraldo del Comercio, de León, y en El Despertador, de San Felipe. En 1901, Filomeno Mata lo nombró corresponsal del Diario del Hogar.
A los 18 años viajó con su hermano a San Luis Potosí para trabajar en una cervecería y en una fundidora, como peón, caballerango, mecánico de ferrocarriles. Ahí tomó conciencia obrera y se vinculó con diarios de oposición como El Demófilo, de San Luis Potosí, y El hijo del Ahuizote, de México. Comenzó la lectura de autores anarquistas como Mijaíl Bakunin y Piotr Kropotkin, que le permitieron formarse una conciencia sobre la lucha de clases.
En 1901, Práxedis entró en el ejército en Nuevo León. Como era diestro jinete y hábil con las armas se convirtió rápidamente en subteniente de caballería. Pero después de un par de años, picado por la curiosidad de conocer el mundo, salió del ejército y migró a Estados Unidos con su amigo Francisco Manrique. Trabajaron como mineros, leñadores, en los muelles y en Denver como estibadores. Fueron nuevas experiencias que reforzaron su conciencia social.
En 1905, Práxedis editó su primer periódico, Alba Roja, en San Francisco, California, en el que difundía sus ideas anarquistas y revolucionarias. En septiembre de 1905, Práxedis y Francisco se trasladaron a Morenci, Arizona, donde consiguieron trabajo en los talleres de la fundición de Detroit Cooper Mining. Ahí conocieron a Manuel Sarabia, miembro del Partido Liberal Mexicano (PLM) que era encabezado por Ricardo Flores Magón. Ambos guanajuatenses se unieron a la lucha magonista que buscaba derrocar a Porfirio Díaz para establecer un gobierno anarcosocialista.
Hicieron proselitismo en Arizona y Práxedis fue invitado a colaborar en el periódico Revolución, impreso que sustituyó temporalmente a Regeneración, el gran periódico del magonismo.
En 1908, Guerrero, al mando del Partido Liberal, y su amigo Manrique planearon un levantamiento armado en Las Vacas (hoy Acuña) y Viesca, Coahuila. A pesar de ser descubiertos iniciaron la rebelión y el 30 de junio fueron derrotados en Palomas, Chihuahua. En el intento por tomar la aduana, Francisco Manrique fue abatido al quedarse sin municiones.
Práxedis siguió la lucha. Regresó a Estados Unidos para recabar apoyos y conseguir armas y fundó el periódico Punto Rojo, que editaba mientras trabajaba en un aserradero. Por subversivo, el gobierno de los Estados Unidos ofrecía una recompensa de 10 mil dólares por su cabeza.
Regresó a México en 1909 y fue a la hacienda de sus padres, para repartir sus bienes y herencia entre peones y gente pobre. Sin riqueza alguna, siguió con su causa y destacó como dirigente de huelgas, guerrillas y movilizaciones. También organizó escuelas libertarias, grupos de teatro, conciertos, entretenimiento y conferencias. Era apasionado partidario de la educación pública laica y crítica.
En enero de 1910, el magonismo se volvió a levantar en armas y Práxedis fue el principal líder militar. Se alzó en armas bajo la consigna de los anarquistas rusos de “Tierra y Libertad” (que luego retomaría el zapatismo).

Las tropas magonistas, mal armadas, pero bien organizadas, avanzaron hacia el norte para conseguir armas y de ahí regresar al sur a combatir a Díaz, pero sin unirse a Francisco I. Madero, por considerar que era un burgués que confrontaba a otro burgués. En la madrugada del 19 diciembre de 1910, el grupo atravesó el río Bravo por Paso del Norte (Ciudad Juárez) para consolidar la presencia del PLM en Chihuahua.
Se apoderaron de un tren y el día 29 llegaron a Janos, al noroeste de Chihuahua. Alrededor de las 10:00 de la noche rodearon los edificios gubernamentales para capturar a la población. Fue un combate nocturno. Cuando amaneció, encontraron muerto a Práxedis, quien recibió un disparo de bala en la cabeza. Los guerrilleros del Partido Liberal Mexicano (PLM) se retiraron luego de quemar los archivos públicos municipales. Se llevaron el cuerpo de su comandante y lo enterraron en un lugar oculto. Luego sería encontrado y se le sepultó en el panteón de Janos. En su tumba se puso como fecha de muerte el 29 de diciembre, pero existen versiones que indican que fue abatido después de la medianoche.
Reconocido en Chihuahua
Las dos estancias de Práxedis en Chihuahua y el trabajo político y cultural que realizó en la entidad lo llevaron a ser reconocido.
En diciembre de 1933, la Trigésima Quinta Legislatura del Congreso del Estado de Chihuahua decretó que uno de los municipios del Valle de Juárez llevara el nombre de Práxedis G. Guerrero. También se nombraron en su honor varias escuelas de la entidad, así como la calle 27 en la capital del estado. En 1934, la imprenta del Gobierno del Estado editó el libro Práxedis Guerrero: un fragmento de la revolución, de Enrique Barreiro Tablada.
Se trata de un poblado fundado en 1849 por texanos que no quisieron perder su nacionalidad mexicana. Tenía el nombre de San Ignacio antes de ser renombrada. Actualmente tiene una población de 5,111 habitantes. Está situado en el norte del estado, en pleno desierto, en la frontera con Texas, Estados Unidos. Su cabecera lleva el mismo nombre.
El 9 de noviembre de 1935 los diputados declararon Benemérito del Estado a José Práxedis Gilberto Guerrero Hurtado y que los restos del revolucionario, al que dieron grado de general, fueran trasladados al panteón municipal de la capital del estado.
Los colocaron en una sencilla tumba, con el epitafio de una de sus frases: “La justicia no se compra ni se pide de limosna, si no existe se hace”.
En 2012, la Sexagésima Tercera Legislatura, con fundamento en la Ley para Declarar y Honrar la Memoria de los Beneméritos del Estado, decretó inscribir el nombre de Práxedis Guerrero con Letras de Oro en los Muros de Honor del Recinto Oficial del Poder Legislativo del Estado de Chihuahua.
También decretaron trasladar los restos del anarquista del Panteón Municipal Número Uno a la Rotonda de Chihuahuenses Ilustres, ubicada en la Plaza Mayor del Centro Histórico de la Ciudad de Chihuahua, “con la debida Solemnidad fundamentada en la Ley para Declarar y Honrar la Memoria de los Beneméritos del Estado”.
El olvido y el descuido
Los restos del anarquista se quedaron en una tumba que fue restaurada hace 10 años y que está en el abandono. La Rotonda de los Chihuahuenses Ilustres quedó cerrada también desde esa época, con sólo 14 personajes honrados. Faltan dos más por trasladar, entre ellos el guanajuatense, pero el lugar está en el olvido y sólo se abrió para ser usado como bodega para adornos navideños.

No es profeta en su tierra
Práxedis Guerrero es uno de los personajes de la historia que también en Guanajuato, han quedado en el olvido.
En el estado de Durango hay dos comunidades con su nombre: Práxedis Guerrero Nuevo y Práxedis Guerrero Viejo, ambas cerca de la capital del estado. En Tamaulipas también un poblado lleva el nombre del guanajuatense. Está entre Altamira, del mismo estado, y Ciudad del Maíz, San Luis Potosí, en plena Huasteca.
En su natal San Felipe el gobierno municipal puso su nombre a un sector de la calle del 20 de Noviembre. Pero hasta los pobladores desconocen el dato porque no hay placa que así lo señale.
En León, desde 1978 pusieron su nombre a una callecita entre Álvaro Obregón y Belisario Domínguez. Es un callejón habilitado como Mercado de Artesanías, con 56 locales de pequeños productores. También lleva su nombre una Plaza de la Ciudadanía, centro cívico construido hace unos años. El único busto en su memoria está en Chihuahua y calles y escuelas con su nombre son lugares de rutina. Sería contrario a su esencia que la gente del poder le rindiera culto. Sólo la memoria de quienes siguen su pensamiento debe prevalecer.

