SÓLO DON QUIJOTE SUPERA A “PEDRO PÁRAMO” EN LA LENGUA ESPAÑOLA
El escritor, guionista y fotógrafo mexicano Juan Rulfo (Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, 16 de mayo de 1917-7 de enero de 1986) está más allá del bien, del mal y de los homenajes, porque su novela Pedro Páramo es, para muchos lectores, críticos y expertos en el tema, la obra más importante en lengua española, sólo atrás de El Quijote.
Tal es la opinión vertida por diversos poetas, novelistas, ensayistas y críticos literarios de México y el mundo, dato que vale la pena repensar ante el inminente aniversario luctuoso de Juan Rulfo, distintivo autor de las letras mexicanas nacido en Sayula, Jalisco, y muerto en la Ciudad de México a los 68 años de edad, a consecuencia de cáncer de pulmón.
Los especialistas consideran que conmemorar los aniversarios luctuosos ayudan, además de su afán académico, repetitivo y de boato, a acercar más al autor a los lectores, sobre todo, a las nuevas generaciones para que lo lean, lo sigan y lo adopten. Aún se recuerda el año 2017, cuando México y el mundo celebró el centenario de Rulfo, un enorme literato.

Pedro Páramo (1955) es la novela más importante escrita en México y El llano en llamas (1953) es el mejor libro de narraciones extraordinarias. Rulfo, inscrito en la “Generación del 52”, goza de una alta reputación a nivel mundial, que plácidamente descansa en tan sólo ese par de libros. Podría pensarse que escribió poco, pero no es así.
Como lector, conoció el hábito de la lectura desde muy temprana edad, lo cual diseñó su personalidad. Vivió en la pequeña población de San Gabriel, donde tuvo acceso a la biblioteca de un cura, pero la prematura muerte de su padre (1923) y de su madre (1927), obligaron a sus familiares cercanos a inscribirlo en un rígido internado en Guadalajara.
Además, una colección de libros en la casa familiar fue “devorada” por el joven Rulfo, quien la recordaría siempre. Estas lecturas, esenciales en su sólida formación junto con su temprana orfandad, fue determinante para definir su vocación artística. La lectura de los libros mencionados tuvo el peso mayor al momento de decidir su vocación profesional.
Una huelga de la Universidad de Guadalajara impidió su ingreso en ella, por lo que viajó a la Ciudad de México, donde la imposibilidad de validar los estudios hechos en Jalisco no le permitió ingresar a la Universidad Nacional, pero asistió como oyente a los cursos de Historia del Arte de la Facultad de Filosofía y Letras de la misma casa de estudios.

Se convirtió entonces en un conocedor serio de la bibliografía histórica, antropológica y geográfica de México, temas que un estudio minucioso de su obra literaria y fotográfica permite rastrear, además de los textos y la labor editorial que les dedicó. Durante buena parte de las décadas de 1930 y 1940 viajó extensamente por toda la geografía del país.
Trabajó en Guadalajara y en la Ciudad de México, y a partir de 1945 comenzó a publicar sus cuentos en dos revistas: América, de la capital, y Pan, de Guadalajara. La primera de ellas significó su confirmación como escritor, gracias al apoyo de su gran amigo Efrén Hernández. Publicó sus imágenes por primera vez, también en América, en 1949.
Abandonó su trabajo en una empresa fabricante de neumáticos a principio de los años cincuenta, y obtuvo, en 1952, la primera de dos becas consecutivas (1952-1953 y 1953-1954) que le otorgó el Centro Mexicano de Escritores, fundado por la estadounidense Margaret Shedd, persona determinante para que publicara en 1953 su admirable El llano en llamas.
En ese libro reunió siete cuentos ya publicados en América e incorporó ocho nuevos, y luego, en 1955, lanzó Pedro Páramo, de la que publicó tres adelantos en 1954 en las revistas Las letras patrias, Universidad de México y Dintel. En 1958 terminó de escribir su segunda novela (muy breve), El gallo de oro, publicada hasta 1980.

Pero Rulfo es más que El llano en llamas y Pedro Páramo. Escribió numerosos textos para leer en conferencias y programas de radio, así como cartas, notas, y prólogos sobre literatura. Concedió entrevistas con ésta como tema principal y de ese conjunto proviene la selección reunida en su libro Una mentira que dice la verdad, un espejo de su alma.
A partir de la publicación de sus dos primeros títulos el prestigio literario de Rulfo habría de crecer de manera constante, hasta convertirse en el escritor mexicano más reconocido en México y el extranjero. Entre sus admiradores internacionales se cuentan Jorge Luis Borges, Mario Benedetti, José María Arguedas y Gabriel García Márquez.
Igualmente Susan Sontag, Elias Canetti, Tahar Ben Jelloun, Kenzaburo Oe, Enrique Vila-Matas, Urs Widmer, Gao Xingjian, Günter Grass, y muchos otros. Encuestas hechas en México, España, Alemania, Noruega y otros países, ubican siempre los títulos de Juan Rulfo en un lugar prominente dentro de la mejor literatura universal de todos los tiempos.

