“HE VISTO MÁS PASOS QUE ESTRELLAS”; ENTREVISTA CON UNA CANTERA CENTENARIA
Una piedra bruta puede parecer inerte y sin valor, pero en manos de un escultor experimentado, se convierte en arte; en manos de un constructor, en cimientos sólidos. Cada uno de acuerdo con su esencia la transforma en lo que desea sin darse cuenta de que ese cambio habla de sí mismo también.
En Guanajuato, la cantera ha sido el material más empleado en la ciudad. Después de 1548, cuando comenzó la explotación minera, la ciudad poco a poco fue convirtiéndose en una de las ciudades más importantes del Virreinato de la Nueva España y, con ella, la majestuosa cantera, losa sobre losa recubriéndolo todo.
¿Cuántas historias podría contarnos una sola de esas piedras que por siglos han sido parte invisible de nuestra historia? Imaginemos, una de tantas canteras que nos ven pasar cada día sin que las miremos siquiera. Está ahí, como siempre, silenciosa y estoica. Pero, ¿cómo era su vida antes de ser parte de una construcción?

“Nací en la profundidad de una montaña, cuando aún no tenía nombre ni propósito. Un día, las manos firmes de un cantero me arrancaron de mi letargo fragmentándome, me esculpieron con paciencia y me convirtieron en parte de esta ciudad. Desde entonces, he sido testigo de siglos de historia, de pasos apresurados y de susurros nocturnos, de lluvias que intentan desgastarme y soles que me doran la piel. Soy una cantera guanajuatense. La historia ha pasado frente a mí. Hay una parte de mí que se siente orgullosa, porque en la montaña no era más que una parte del todo, pero después de pasar por las manos de los artesanos, me convertí en algo valioso. Las manos expertas de los hombres, con mucho trabajo y dedicación, me transformaron en algo hermoso.”
La vida de la piedra es quizá la más larga, muda y estática que puede haber, pero no necesariamente aburrida. Hay piedras sabias, con gran energía, como la cantera guanajuatense.
“Mi proceso ha sido largo, después de que me sacaron de la montaña con esfuerzo y a golpes de cincel me dieron forma poco a poco. No fue fácil, pero aquellos canteros sabían lo que hacían, y aunque con algo de dolor, finalmente me convertí en quien soy, cambié en el exterior, pero mi esencia ha seguido igual. Me colocaron en esta fachada, y desde entonces he visto pasar generaciones enteras. Campesinos y mineros, personas de alcurnia y otras muy pobres. También veo muchos perros. A Dios gracias tengo la suficiente altitud para no sufrir con ellos, porque mis vecinas de abajo sí sufren cuando algunos se detienen y las dejan humedecidas. He visto gente pelear y morir. Aquí se han apoyado enamorados en busca de sombra, muchos se casaron y ahora son sus hijos y sus nietos quienes se detienen frente a mí para pasar la calle o conversar con alguien conocido que han encontrado. Han pasado niños corriendo con sus risas al viento, y hasta algún borracho me ha confiado sus penas mientras se tambaleaba.”
Una cantera es una piedra que soporta el desgaste del tiempo, resiste los golpes, se adapta, y pasa su existencia con dignidad.
“No sé si ser una piedra es desventaja o no. Siempre he sido esto, una piedra de cantera. Pero lo que sí puedo decir es que Guanajuato nunca ha sido sólo Guanajuato. Siempre ha sido una ciudad espléndida. Una de las más ricas de la Nueva España. A base de mucho sufrimiento se llegó a producir aquí hasta dos tercios de la plata del mundo en su época. Por esta razón, en la mayoría de los edificios del Centro Histórico hay canteras como yo: en la basílica, en las haciendas, en el Teatro Juárez, en los palacios y en las casonas, como esta en donde yo estoy. Lo que he aprendido desde mi condición es que nosotras no sufrimos por destacar, sino que aportamos al conjunto, cumplimos una función sin importar si somos parte de una iglesia, un teatro, o una casa vieja. Al final todas somos parte de algo más grande que nosotras mismas.”
Y así, siendo, ha atestiguado tanto. Nos recuerda la importancia de escuchar, de aprender del pasado y de vivir con conciencia de nuestro presente:
“He visto revoluciones, procesiones, festejos y tragedias. He sentido el peso de los siglos sin quejarme, simplemente siendo. Desde donde estoy puedo ver el Jardín de la Unión, hoy lleno de música y restaurantes. Pero también hubo otros tiempos en los que se llenaba de comerciantes con telas, especias, cerámica y alimentos. Siempre fue importante la educación, por eso, los jesuitas fundaron el Colegio de la Santísima Trinidad, que luego fue la Universidad de Guanajuato, un ícono de la ciudad que se mantiene viva gracias a los jóvenes que llegan a estudiar.”
“Cuando llegué aquí, las calles eran de tierra y los caballos llevaban el ritmo de la vida. Ahora todo va más rápido, la gente camina con prisa y muchos ni me ven. Pero de vez en cuando, un turista curioso pasa la mano por mi superficie y dice: “¡Mira qué hermoso trabajo!”. Y eso me hace sentir orgullosa, pienso que, a pesar de mi edad, también tengo sentido en este mundo moderno.”
Y a todo esto… ¿es difícil ser cantera?
“Sí, el tiempo es un tema que duele. Todo envejece, pero cuando eres piedra, lo haces de manera distinta. No me arrugo como los humanos, pero la lluvia, el viento y la contaminación me desgastan poco a poco. A veces, una mano experta viene a restaurarme y me siento rejuvenecer, pero otras veces me ignoran y tengo que resignarme a las grietas. En esos momentos debo recordar que mi propósito es resistir y cumplir mi función. Como parte de una fachada, la huella que yo puedo dejar en el mundo no está en mis palabras o acciones, sino en la construcción de la que formo parte y lo que sostengo.”

¿Las piedras tienen sueños? ¿piden deseos como los humanos?
“Mi posición me deja ver más pasos que estrellas, pero si pudiera pedir un deseo a una, como lo he visto hacer a algunas personas en el pasado cuando miran al cielo y ven una estrella fugaz, el mío sería ser vista con otros ojos. Que no me vean sólo como parte de una pared o de un arco viejo, sino como un vestigio silencioso de todo lo que ha ocurrido aquí. Y, bueno, si no es mucho pedir, también que dejen de pegarme chicles y la gente deje de maltratarme de tantas formas”.
Guanajuato siempre ha sido una ciudad vibrante, llena de contrastes entre la opulencia de los grandes mineros y la dura vida de los trabajadores. Sus calles empedradas, su arquitectura de cantera y su historia han dejado una huella imborrable en el México actual.
La próxima vez que camines por Guanajuato y veas sus edificios de cantera, detente un momento. Piensa en su historia, en lo que ha visto y en lo que podría enseñarnos. Y tal vez, si escuchamos con atención, nos susurre la sabiduría de los siglos.

