DÚO BARRERA: FRUTO DE UN AMBIENTE FAMILIAR BOHEMIO ENVUELTO EN LA MÚSICA

Adrián y Rubén, descendientes de mariachis que acompañaron a Javier Solís, Juan Gabriel, Luis Miguel y muchos más.

Érase una casa de noches bohemias, en las que un grupo de adultos tocaba guitarra y violín. Daban vida a viejas melodías, mientras varias de las muchachas cantaban, entre ellas una mujer de nombre Ana Ramos Montesinos. La escuchaban sus dos pequeños: Rubén y Adrián.

Esa atmósfera fue la base para que ambos se convirtieran en intérpretes y ejecutantes de Música de Cámara y otras formas de expresión de la llamada “clásica”. Adrián toca el violín y Rubén toca el piano y es uno de los pocos contratenores que hay en México. Ambos radican desde su niñez en Celaya. Son la ramificación de una familia de músicos: desde sus tatarabuelos, bisabuelos y abuelos. La familia está inserta en la historia de música vernácula y el cine: el padre de ambos fue parte de uno de los mariachis que acompañó a Javier Solís en giras y películas; un tío fue músico de Juan Gabriel y algunos otros parientes lo fueron de Luis Miguel.

Rubén tenía diez años cuando la familia se mudó a Celaya. Aprendió a tocar la flauta de pico en la primaria y luego repetía las melodías en el piano de uno de sus tíos. Ahí inició la vocación y luego de estudiar la Preparatoria Oficial de la Universidad de Guanajuato, decidió dedicarse a la música, por lo que hizo el bachillerato de la especialidad en el Conservatorio de Música y Artes de Celaya y después la licenciatura de piano, graduándose en el 2015.

Adrián toca el violín y Rubén toca el piano y es uno de los pocos contratenores que hay en México. Desde sus tatarabuelos, bisabuelos y abuelos, la familia está inserta en la historia de música vernácula y el cine.

Su hermano Adrián también tuvo en la música su proyecto de vida: tenía nueve años cuando le regalaron su primer violín y empezó a aprender a tocarlo. Muchas veces lo hacía al lado de su abuelo. En entrevistas, ha afirmado que se decidió por ese instrumento por la tradición familiar, porque era parte de sus gustos infantiles cuando lo escuchaba en las tertulias y bohemias familiares. A los 14 años, su padre le preguntó sobre qué quería ser en la vida: quiero dedicarme a la música, le respondió. Adrián ya era estudiante de piano.

A Adrián le encanta el cello, la viola da gamba y el piano y le gustaba en su niñez mucho el fútbol. El violín le ganó a todos esos placeres. Le gusta mucho dibujar y pintar, pero la música sigue siendo su principal pasión y actividad.

Rubén quería ser concertista y presentarse en diferentes partes de México y del mundo. Empezó a estudiar el bachillerato de música y a los seis meses lo pusieron como pianista del Coro de Celaya, donde permaneció por más de seis años; casi al mismo tiempo se fundó la Orquesta Sinfónica Juvenil Silvestre Revueltas y a ella se integró como pianista titular. Ahí estuvo más de ocho años con presentaciones en diversas partes de la república mexicana y del mundo, además de pertenecer al cuarteto barroco que formó el sacerdote católico Alejandro Montes, con el que han hecho algunas giras por varios lugares. Al terminar su licenciatura en piano comenzó a hacerse cargo del coro juvenil de Celaya, además de dirigir, poco tiempo antes, el coro del diplomado, por lo que desde hace 12 años ha impartido clases.

Una faceta poco conocida de él es que también es contratenor. Canta con voz aguda, similar a la de la mujer. Es uno de los pocos que en México tienen esa cualidad. Es discípulo de Héctor Sosa, un contratenor oriundo del puerto de Tampico, heredero de una importante tradición operística familiar y considerado el primer contratenor mexicano con más de cuarenta años de trayectoria artística.

Adrián es el violinista concertino de la Orquesta Filarmónica de Querétaro, también es maestro del Conservatorio de Música y Artes de Celaya, miembro de la Camerata Santiago de Querétaro y es parte de la Camerata Allende. 

El listado de cursos, formaciones, conciertos y giras es parte de otra narrativa. Aunque cada uno tiene sus logros y sus giras. Ambos conformaron el dúo Barrera en el año 2000 y desde entonces se han presentado en los principales escenarios del estado de Guanajuato y de la República Mexicana.

Son discípulos de diferentes maestros y de otros profesionales de la música: Marta García Renart, Martín Valdeschack, Horacio Franco, Rolando Fernández, el Cuarteto José White, Jorge Federico Osorio, Alejandro Montes Ávalos, dúo François, Quinteto de metales M5 y Michael Tsalka, entre otros.

Ambos han estado juntos en otras agrupaciones de cámara como el Quinteto Revueltas, el Cuarteto Barroco del Conservatorio de Música y Artes de Celaya, Cuarteto de cuerdas Sequenza, Camerata Santiago de Querétaro, Cuarteto de cuerdas Concorda, y Pluto String Quartet.

En 2011 obtuvieron el Primer premio absoluto en la categoría de Música de Cámara, en el concurso organizado por la EPTA (European Piano Teachers Association), en su 4ª Rassegna Musicale “I Giovani e l´Arte” efectuado en la ciudad de Roma, Italia. 

En el mismo año lograron el Tercer lugar en la categoría de Música de Cámara, en el concurso Premio Internazionale di Musica “Suoni nel Pollino-Gran Premio della Calabria” realizado en la ciudad de Cosenza, Italia. 

En julio del año 2014 viajan a Devon, Inglaterra, para participar como alumnos activos en el “Dartington International Summer School”, en la cátedra a cargo de los maestros Maggie Cole y Anton Steck. 

Ana Ramos Montesinos, Adrián y Rubén Barrera, miembros sobresalientes de una familia dedicada a la música. 

La orgullosa madre

Ana Ramos Montesinos estuvo presente en uno de los conciertos que el dúo Ramos ofreció en la ciudad de Guanajuato. Comenzaron su actividad como par, luego de que Adrián regresó de sus estudios en el extranjero.

La madre estuvo en primera fila, emocionada, orgullosa. Los hermanos cumplieron con excelsitud con un programa de música diversa, de lo clásico a formas más tradicionales.

Ella refrendó la versión de los ambientes bohemios en el seno de la familia. El orgullo de tener integrantes que hicieron historia en el cine nacional y el canto popular en su calidad de mariachis.

Habló de los niños inquietos que la escuchaban cantar, allá en la ciudad de México, donde nacieron, mientras que padres, abuelos y tíos tocaban los instrumentos. Esos cantos los arrullaron y les despertaron la vocación. Ella todavía canta cuando hay oportunidad y a veces sus hijos “se echan un palomazo”. 

Los Barrera Ramos han tenido a Celaya como centro de su labor musical. Son reconocidos como celayenses. La ciudad les dio y ellos le regresaron con creces el amor por la música, especialmente la barroca, pero también —en privado— rinden honor a la tradición musical familiar. Y pensar que no hay grabación públicamente conocida donde muestre la faceta de dos herederos de una pasión.