LA LUCHA SE HACE

La noche del viernes 2 de abril de 1943, los habitantes de la Ciudad de México gozaron de un clima bastante agradable. La primavera ya acariciaba a la capital de la república y los ciudadanos, niños y adultos, habían dejado en el ropero suéteres y abrigos. Justo esa tibia noche, muchos de ellos acudieron a la inauguración de la moderna Arena Coliseo.

La lucha que encabezó el cartel fue protagonizada por Carlos “Tarzán” López y Santo “El Enmascarado de Plata”, quienes disputaron el Campeonato Mundial de Peso Medio de la National Wrestling Alliance (NWA) en poder del primero, quien la conservó al derrotar al segundo. Sin embargo, por azares del destino, quien saltó a la fama fue el célebre Santo.

Más adelante, el sábado 8 de noviembre de 1952, el periódico La Afición, el primer diario deportivo del mundo, publicó una crónica de Antonio Andere, uno de los periodistas más célebres y reconocidos en aquellos años, en la que narró los pormenores de la que tal vez sea la batalla de lucha libre más famosa en la historia de ese deporte, tan rudo y varonil.

La Arena Coliseo ha sido escenario de encuentros de lucha libre memorables. (Fotografías, Graciela Nájera Sánchez)

Desde hora temprana, los boletos se esfumaron y para las siete de la noche las localidades no numeradas de la Coliseo se hallaban pletóricas de gente mientras una multitud que se calculó en no menos de cinco mil personas pugnaba inútilmente por conseguir boletos que en manos de la voraz reventa llegaron a cotizarse en precios realmente muy abusivos:

A 40 pesos los que en taquilla costaban siete, y a 100 pesos los que costaban 25, y los de primera fila, que eran los más caros, llegaron hasta los mil pesos. Afuera, en la calle y sobre la banqueta, los vendedores hicieron su agosto al ofrecer lo mismo aguas frescas, tacos y tortas, que máscaras y capas para que papás e hijos emularan a los luchadores.

Los gladiadores más destacados de la época, Santo “El Enmascarado de Plata” y Black Shadow, se midieron en el cuadrilátero y el primero realizó una hazaña inolvidable que lo consolidó como ídolo indiscutible ya no solamente sobre el ring, sino en la televisión y el cine, y por si eso fuera poco, en las revistas que pronto comenzaron a circular sobre él.

Andere: “Vencido por El Santo luego de una lucha dramática cuya tercera caída fue estrujante además de sensacional, Black Shadow se arrancó la capucha y despejó la incógnita que lo acompañó por sus correrías en los cuadriláteros a través de ocho años, para dejar al descubierto su rostro y dar a conocer su nombre de pila: Alejandro Cruz”.

Para el redactor de La Afición, jamás una lucha en México había despertado tanto interés, tanta expectación como la de máscara contra máscara, singular desafío, que sostuvieron los dos enmascarados de más calidad y de mayor personalidad de la lucha libre mexicana; inmensa cantidad de adrenalina en el corto espacio del cuadrado de seis metros por lado.

Hoy en día, los sábados a las 7:30 de la noche, los aficionados acuden al recinto para ver y emocionarse con las funciones de lucha libre que en tiempos modernos tienen una alta dosis de teatralidad y arte escénico, sin que por ello deje de ser un deporte a todas luces respetable, emocionante e incluso muy peligroso para los valientes que lo hacen posible.

Utilizada tanto para encuentros de lucha libre como de boxeo, la Arena Coliseo también es conocida como “El embudo de La Lagunilla” o “El embudo coliseíno” por su icónica forma circular y por ubicarse en el precortesiano barrio de La Lagunilla. Su construcción se debe a Salvador Lutteroth, a la fecha llamado “Padre de la Lucha Libre Mexicana”.

La edificó con los 40 mil pesos que ganó jugando a la Lotería Nacional, y fue la primera arena de América Latina dotada con modernos sistemas de aire acondicionado. Con la creación de esa arena Salvador Lutteroth vio hecho realidad un sueño que germinó en su cabeza en 1929, cuando era un empleado del Departamento de Impuestos de México.

Ese año, de viaje por El Paso, Texas, asistió a una función de lucha libre profesional. Le agradó, y cuatro años después, junto con su amigo y socio Francisco Ahumada, fundó la Empresa Mexicana de Lucha Libre (EMLL), inaugurada oficialmente el 21 de septiembre del año 1933, fecha que se considera como el nacimiento de la Lucha Libre en México.

También conocida como “El embudo de La Lagunilla”, la construcción de la Arena Coliseo se debe a Salvador Lutteroth, a la fecha llamado “Padre de la Lucha Libre Mexicana”.

Luchadores como El Santo, Mil Máscaras, Perro Aguayo, Huracán Ramírez, Murciélago Velázquez, Blue Demon, Black Shadow, Bobby Bonales, Cavernario Galindo, El Rayo de Jalisco, Gory Guerrero, y Tarzán López, hicieron historia en ese lugar. Con cambios en el nombre y diversas alianzas, desde 2019 la empresa es dirigida por Salvador Lutteroth III.

Por otro lado, la Escuela de Lucha Libre del Consejo Mundial de Boxeo (CMLL), fundada en octubre de 1933, es el más antiguo semillero de luchadores profesionales en el país, con instalaciones, equipo y personal adecuado para el aprendizaje de la lucha libre. De allí han surgido Místico, El Valiente, Rey Bucanero,  El Sagrado y Disturbio, entre otros más.

Lo cierto es que noches como la del viernes 2 de abril de 1943, y la del viernes 7 de noviembre de 1952, el “Embudo de Perú 77” ha dado a la afición del mundo momentos inolvidables, como las peleas de box protagonizadas por Rubén “Púas” Olivares, Raúl “Ratón” Macías, Lupe Pintor y José “Mantequilla” Nápoles, por sólo citar a algunos.