LA HERENCIA DE PEDRO LINARES LÓPEZ
El lado norte del barrio de San Nicolás toca al de La Merced, luego sigue la Candelaria de los Patos y después San Lázaro. Son asentamientos humanos que datan de siglos. En el primero de ellos, precisamente el 29 de junio de 1906, nació Pedro Linares López, en el seno de una familia de artesanos dedicados a la cartonería, negocio que les satisfacía.
Su infancia y adolescencia transcurrió entre cartón, papel, engrudo y pinturas de los más variados colores, claros y oscuros, brillantes y mates. Cuando recién cumplió los 30 años se enfermó de gravedad, tanto que cayó en cama por espacio de varias semanas. Con una fiebre que nadie le podía curar, Pedro tuvo alucinaciones y pesadillas fantasmagóricas.

Estaba al borde de la muerte. En ese estado, los desvaríos causados por la calentura le hicieron ver animales rarísimos, híbridos, criaturas fantásticas cuyos cuerpos parecían estar formados por pedazos de varios animales: una gallina con cabeza de serpiente y cola de tigre, un perro con cara de águila y patas de elefante, y así, muchos otros más.
De acuerdo con sus testimonios posteriores, al estar inmerso en ese profundo sueño se le presentaron esas extrañas entidades salidas quién sabe de dónde. Una vez recuperada su salud, hizo memoria y se puso a dibujar esos seres cuyos cuerpos escapaban a toda lógica natural. Cartonero al fin, moldeó y coloreó esas figuras… y así descubrió a los Alebrijes.
Hasta la fecha se le respeta y reconoce como el inventor de los Alebrijes, convertidos hoy en artesanía mexicana por excelencia. Se siguen realizando con diferentes tipos de papel y cartón, pintados con colores generalmente alegres. Son infinitas variantes de los que, en su delirio, Pedro vio y grabó en su memoria. Los tamaños también son muy diversos.
A lo largo de su vida, desde que creó su primer Alebrije hasta el último día de su larga existencia, Linares López mostró, exhibió y vendió sus obras de cartonería en México, Estados Unidos y varios países de Europa. Fiel a su tradición artesanal, herencia de sus padres y abuelos, conservó las técnicas de cartonería que su familia siempre le enseñó.

Con casi 86 años, y ya identificado como Don Pedro Linares, falleció el 26 de enero de 1992. Se fue físicamente de este mundo con varias satisfacciones. Una, que Frida Kahlo y Diego Rivera se volvieron admiradores de sus Alebrijes. Y dos, que la cineasta Judith Bronowski realizó un documental sobre él, su vida y su obra, y el origen de los alebrijes.
El filme, titulado Pedro Linares: Artesano de Cartón (“Papier Maché’ Artist”), realizado en 1975, recorrió Europa y parte del resto de los continentes. Luego, la obra de Linares se popularizó a nivel global y, en 1990, ese artista mexicano recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes. Tras su muerte, la reproducción de sus Alebrijes no ha cesado.
Ejemplo de lo anterior es la creciente comunidad de artistas, en todo el territorio nacional, que dedican su tiempo y esfuerzo a la creación de Alebrijes. Talleres, museos, colectivos e instituciones académicas dan continuidad al trabajo de Don Pedro Linares, y llevan sus creaciones a tamaños que van de los 10 centímetros hasta los 5, 10, o más metros de alto.
Como cada año desde hace casi 20 años, el Paseo de la Reforma en la Ciudad de México es el escenario para el desfile de Alebrijes monumentales. Es una celebración rodeada de luz, color, arte y diversión que incluye concursos, batucadas y otros elementos festivos. La culminación es la exhibición de los Alebrijes sobre la mencionada avenida capitalina.

Las figuras se encuentran instaladas en ambas aceras del Paseo de la Reforma, desde la glorieta de la Columna de la Independencia hasta la Estela de Luz, frente a la Puerta de los Leones del Bosque de Chapultepec. Allí permanecerán hasta el próximo domingo 9 de noviembre, como parte de las celebraciones gratuitas en la capital por el Día de Muertos.
Hoy, más del 80 por ciento de la descendencia directa de Don Pedro se dedica de manera profesional a la cartonería, diseñando y creando obras de arte de temporada como “Judas” para la Semana Santa, calaveras para Día de Muertos y piñatas para la época de Navidad. Sin embargo, los Alebrijes son la bandera de la familia y el orgullo del arte nacional. En 2021, el término “Alebrije” fue registrado oficialmente como creación intelectual de Don Pedro, reconociendo su origen en la Ciudad de México.

