MÁS ALLÁ DEL GÉNERO LA FIRME IDENTIDAD DE VANJA KIROVA

Salir de la imposición, de lo establecido y de lo que se nos ha marcado que debemos ser a lo largo de la vida, da miedo. Genera pánico nombrar lo que se es cuando el género se convierte en el gran dilema, en el centro de todas las dudas.

Vanja Kirova lo sabe muy bien, su historia ha sido un constante derribar y reconstruir hasta quitar uno a uno los grilletes de lo esperado, y poder nombrarse claramente, aun cuando siendo Iván no lograba entenderlo del todo.

“He tenido tres salidas del clóset en mi vida”, cuenta. “La primera a los 13, como homosexual que me llevó a afrontar el miedo más grande: defraudar lo que tus padres esperan de ti. La segunda fue hace 8 años en la Ciudad de México, cuando descubrí que también me gustaban las chicas. Y entonces fue enfrentar el volver a darles esperanzas de que pudiera llegar a casarme con una mujer y tener hijos… sí quiero hijos, pero adoptados; siempre me pregunté para qué traer más niños al mundo si hay tantos abandonados”.  

Vanja Kirova es un generador de cambios desde el ejemplo. No pide permiso para existir: lo hace.

Para pertenecer hay que adaptarse a un molde, a un camino previamente trazado que no admite atajos ni desviaciones. Salir de esto exige conquistar un espacio propio, aun cuando el rompecabezas social no tenga lugar para piezas que se salen de lo previsto.

“La tercera salida fue como persona del género no binario, y esta ha sido la otra gran batalla. Vivimos en una sociedad que piensa que lo hacemos para llamar la atención, que solo queremos deformar el idioma… llega un momento en el que cansa pelear con la gente para intentar explicar. No quiero pelear con la sociedad. Ya basta”.

Vanya habla con claridad. La identidad de género no siempre corresponde al sexo biológico. Muchas personas viven silenciosamente su no pertenencia al binario masculino-femenino para no convertirse en la “pieza perdida” del rompecabezas moral.

“Creo que hablando de la homosexualidad, tanto masculina como femenina, hay muchas personas que nos sentimos así. Es mucho más común de lo que imaginamos. Igual, hay muchas personas del género no binario que no se quieren casar con el término de soy un elle”.

Es importante ser consciente de que hay identidades de género distintas, que varían y que no solamente comprenden las opciones socialmente aceptadas: masculino y femenino. También hay personas transgénero, no binarias, agénero, pangénero o género neutro. Muchos de estos términos son, por lo general, desconocidos. Es así porque se viven, frecuentemente, desde el silencio.

“Yo nunca encajé en lo masculino, pero tampoco me identifico completamente como mujer. Cuando descubrí que existía el género no binario, fue un shock: de pronto tenía nombre lo que siempre había sentido”.

La falta de comprensión social suele manifestarse como rechazo, burla u hostilidad. Para Vanja, descubrir espacios de comunidad fue clave:

“Me puse a investigar, entendí la disforia, leí del constructo social. Vi grupos en Facebook. Dije: Así soy yo“.

En medio de toda esta lucha de reconstrucción personal, apareció el “elle”, un pronombre que simboliza su identidad y el respeto hacia quienes no caben en la dualidad.

“Mi carrera es enseñanza de español, por lo tanto, estoy muy consciente de la morfología de las palabras, las desinencias, lo que es el género, la morfología para el femenino y masculino. El hecho de utilizar un lenguaje especial es mi manera de decir: Miren, esto existe, es palpable, es lo que soy”.

La resistencia y la postura defensiva obedece a la percepción de que hacerlo es permitir desviaciones radicales en el lenguaje, se toma como un desafío difícil de aceptar o como una imposición ideológica más que como una genuina necesidad de respeto a la identidad.

“También sé que tengo que respetar que hay personas a las que les cuesta trabajo entenderlo y que pueden tener sus razones, muy válidas. Sin embargo, tengo un doble reto porque como profesor me dicen que si yo estudié Español debo de saber que ante todo hay un respeto a la lengua. Y sí, pero precisamente por ello sé de la evolución del lenguaje sobre los neologismos, sé que la lengua evoluciona y que si frenas esta evolución puede suceder como pasó con el latín que ya nadie era capaz de hablarlo”.

Mientras tanto, la vida sigue y también la necesidad de construirse un camino propio.

“Mis padres son profesores, mi papá de primaria y mi mamá de preescolar, así que siempre me gustó la docencia. Comencé dando clases de español a los 16 años. Hoy, entre otras cosas, me dedico a dar clases de Español, Inglés e Italiano”.

Los seres humanos como Vanja no se adaptan, sino que reconstruyen sus propias figuras, arman sus mundos y viven con parámetros propios para subsistir sin morir en el intento. Su ruta nunca ha sido lineal, sino expansiva.

“Siempre me ha gustado cantar. Empecé en la música en la prepa en la Rondalla que luego pasó a ser coro. En León, estudié en el CEA actuación, conducción para televisión, modelaje y canto. Luego, viví un tiempo en la Ciudad de México, cantaba en bares y trabajé como agente trilingüe en un call center”.

Construirse desde la raíz implica volver a nombrarse, ver el reflejo de sí mismo sin filtros, sin velos. Abrazarse, y caminar hasta llegar a ese sendero al que se pertenece.

“Vanja, mi nombre actual, es una variante en ruso de Iván, mi nombre legal. Tenía un compañero que estudiaba ruso en la Ciudad de México y él fue quien me dijo que a los Ivanes en su país se les dice Vanja, aunque también era un nombre para mujeres, así que me gustó esa dualidad. Estaba pensando más que nada en un nombre artístico. Mi apellido es Quiroz, así que para que combinara con el ruso se volvió Kyrova”.

Con el tiempo, esa experiencia múltiple se transformó en identidad sólida. “Hoy, soy productor en eventos artísticos, profesore de lenguas, y recientemente conductore de televisión. Me llena de orgullo que la gente me acepte como soy. Mi programa tiene la mayor cantidad de horas al aire en TVGuanajuato. Siendo LGBT, ¿Qué tan común es obtener la titularidad de un matutino? Creo que mi autenticidad ha servido”.

Del otro lado de la moneda está lo que tampoco se cuenta, aunque se vea: las burlas, los juicios, el rechazo por ser quien se es.

“Siempre hay haters y la verdad sí me he encontrado con comentarios. En la página de TVGuanajuato con más de 700 mil seguidores, es inevitable. Es como una lucha que siempre va a estar ahí. Aún no he aprendido a manejar esos comentarios. Todavía me impactan a pesar de que siempre he sido objeto de burlas y críticas… lo que no te mata te hace más fuerte”.

El hecho de utilizar un lenguaje especial es la manera de decir de Vanja Kyrova: “Miren, esto existe, es palpable, es lo que soy”.

Reconocer quién se es, en un mundo que insiste en reducir la diversidad, no resulta sencillo. El género binario funciona como una marisma: un terreno que parece firme, pero que se vuelve inhóspito para quienes caminan fuera del sendero trazado. Y en esa marisma, la culpa siempre recae en quienes se hunden, nunca en el terreno que no fue hecho para todos.

Y, sin embargo, Vanja elige la visibilidad, nombrar, vivir con dignidad y valentía.

“Me siento orgullose de hablar de frente de lo que soy porque si hay un niñito o un adolescente que se esté descubriendo y que no tenga este valor pueda decir: «Hay alguien como yo». Esto hace que todo valga la pena. Que sepa que no está solo, que no hay nada de lo cual deba avergonzarse aunque en su día a día enfrente la burla o el rechazo. Habemos más personas que somos diferentes, y si tienes problema con mi género… el problema eres tú. Yo sigo existiendo”.

Vanja es un generador de cambios desde el ejemplo. No pide permiso para existir: lo hace. Y así abre espacio para quienes aún caminan con miedo. Su voz demuestra que siempre hay otras formas de pisar la tierra, de construir suelo donde antes solo había una marisma que hundía a quienes se atrevían a ser.