“TIERRA DE MIS AMORES”, EL HIMNO GUANAJUATENSE QUE YUCATÁN TOMÓ COMO PROPIO

En 1928, Jesús “Chucho” Elizarrarás dedicó a su madre una canción que también era un homenaje a su tierra natal: “Tierra de mis amores”. La pieza salió del ámbito familiar y se extendió por el país al ser grabada por una de las glorias musicales yucatecas: Guty Cárdenas. 

La pieza quedó en el margen de la historia musical nacional de la primera mitad del siglo XX y tomó un camino de identidad en dos tierras distintas: en Guanajuato, tierra de origen del compositor, fue declarada himno del estado en 1955; en Yucatán, la muerte trágica de un hombre que se fue en plena juventud y en ascendente éxito hizo que la gente de la península creyera que la canción era de él y la tomó también para sí. Es la misma pieza amada por dos tierras lejanas y diferentes.

Jesús Elizarrarás Farías: el amor a Guanajuato 

Señalan sus biógrafos que desde los cuatro años de edad, Jesús Elizarrarás Farías, estudió solfeo y a los 8 años ingresó a la banda militar del General Francisco Murguía en Chihuahua. David, su hermano mayor, lo impulsó a estudiar en el Conservatorio Nacional de Música, donde “Chucho” inició su carrera pianística.

Guty Cárdenas y Jesús Elizarrarás Farías de joven (fotografía proporcionada por Octavio Hernández).

Ese joven talentoso, en los albores de su larga carrera artística, dio a su familia y el mundo un regalo invaluable cuando apenas rondaba los 20 años de edad. El arquitecto Octavo Hernández, admirador y conocedor de la biografía del compositor, así lo describe:

“Recordamos con afecto al Maestro Jesús (Chucho) Elizarrarás Farías, un personaje de oro y plata que nació un 26 de junio de 1908 y trascendió el 10 de enero 2005 a las 10:10 horas; hace 20 años. Él, hijo amoroso, al no tener dinero para comprar un regalo para su amada madre, se colocó en su habitación y a la luz de una vela, en 1928, comenzó a escribir y a interpretar la añoranza de su madre por la tierra que le había visto nacer: le platicaba que habían nacido entre sierras y montañas y que Guanajuato tenía un cielo azul bellísimo que inspiraba paz. Tiempo antes, su madre con sus hijos, tuvo que salir de su tierra para tratar de salir de la pobreza y voltear con agradecimiento hacia la Virgen de Guanajuato, a quien le profesaba gran devoción, para pedirle les bendijera en su nuevo camino. También le platicó al joven Jesús el gran amor que le tuvo a su padre, de quien se enamoró por vez primera. Elizarrarás supo plasmar en una hoja la poesía y entregársela a su progenitora como obsequio de cumpleaños, al terminar de cantar el tema le dijo «Pepita», su mamá: «¿Y cómo se titula?». Chucho se quedó atónito, sonrió nervioso y apenado le respondió: «No sé, tú ayúdame». Sin pensarlo, de inmediato le expresó: «Pues cómo va a ser: Tierra de mis amores»”.

Chucho Elizarrarás brilló: llegó a incursionar en la producción radiofónica y entre los programas que produjo se encuentran “Quién es quién”, “Poemas y Cantares”, “Mi álbum musical”, “Doctora Corazón”, “Así es mi tierra”, “Noches Tapatías”, todos en X.E.W.

En televisión produjo programas como “Joyas líricas”, “Arte y destreza”, “Rincón Bohemio” y “Noches Tapatías”. 

“Chucho” Elizarrarás siempre estuvo rodeado de buenos amigos, tenía por encanto viajar, divertirse y acumular historias y anécdotas que fueron la base de su siempre buen humor y de su franca sonrisa.

Señala su biografía que, durante décadas, su figura fue vista en los pasillos de Radio Educación, como un caballero de signo cálido y formal. Como productor de radio, propuso un programa de altura, con música clásica, de ahí surgió “Mi Álbum Musical”, que por su atinada dirección es el único en su género en sobrevivir.

Fue musicólogo, investigador y defensor de la canción mexicana, decano de los compositores y productores de México, recibió múltiples reconocimientos y distinciones de diversas asociaciones. El Ayuntamiento de San Luís de la Paz, puso su nombre a una de sus calles.

En la casa donde nació, ubicada en la ciudad de Guanajuato, una placa honra su memoria.

Su obra fue prolífica en esa línea de lirismo, romanticismo y regionalismo: destacan “Tengo a quien querer”, “Dos corazones”, “Nostalgia”, “Guanajuato te vengo a cantar”, “Par de estrellas”, “Serenata a Guanajuato”, “Tus ojos cafés” y “Muchacha de Guanajuato”, entre otras.

Sin embargo, “Tierra de mis amores” fue su gran aportación a la tierra amada, con tanto reconocimiento e identidad que, en 1955, el entonces gobernador de Guanajuato, José Aguilar y Maya, la declaró himno oficial de los guanajuatenses.

Fue el momento del despertar de una ciudad que se levantaba luego de sus ruinas postrevolucionarias y se proyectaba en su dimensión de destino cultural y turístico.

En 2002, dentro de la programación del Festival Internacional Cervantino, se le rindió el último homenaje que recibió en vida.

En 2009, Jesús Elizarrarás Farías fue reconocido —post mortem— como “Guanajuatense Distinguido”. En mayo del 2013, el gobierno municipal de Guanajuato, al colocar en el Jardín del Cantador bustos de sus hijos distinguidos, ubicó entre ellos el de don “Chucho” Elizarrarás. 

Octavio Hernández narra:

“Don Chucho me decía: «¿Sabes por qué me gusta venir a Guanajuato? Porque quiero que los niños sepan que el compositor de ‘Tierra de mis amores’ vive». Su comentario de alguna manera fue profético, pues “él está ahí”, disfrutando de la alegría de los niños que seguramente en múltiples generaciones no dejarán de rondar y Don Chucho los “verá” pacientemente jugar y pasear”.

Guty Cárdenas: otra tierra y otros amores

Yucatán, territorio de trova, tiene como identidad una canción que hace suya: “Tierra de mis amores”. Hasta la fecha, muchos yucatecos creen que la compuso una de sus glorias musicales: el compositor y trovador Guty Cárdenas.

Augusto Alejandro Cárdenas Pinelo, conocido como Guty Cárdenas, nació en Mérida, Yucatán, el 12 de diciembre de 1905 y murió en la Ciudad de México el 5 de abril de 1932. Fue cantante, guitarrista y compositor representante de la trova yucateca.

Jesús Elizarrarás Farías en su juventud y probablemente en su etapa de productor artístico. (Fotografías proporcionadas por Octavio Hernández)

Igual que “Chucho”, desde niño sobresalió: fue un estudiante sobresaliente y un deportista y atleta destacado. Realizó sus estudios en la Escuela Modelo, que aún hoy funciona en el mismo local del Paseo de Montejo de la ciudad de Mérida. En esa escuela, conoció a Chalín Cámara, con quien formaría un dueto que llevó al acetato muchos de sus temas.

Su padre era pianista y su madre tocaba la guitarra y cantaba. El trovador yucateco Ricardo Palmerín daba clases a Fernando Pinelo Ituarte, tío de Guty, quien espiaba las clases y aprendía. Cuando su tío se ausentaba por momentos de la habitación, Guty le pedía a Palmerín que le cantara alguna de sus más recientes composiciones. Cuando el maestro retornaba a dar la siguiente clase, ya Guty se había aprendido el tema que le cantara el compositor.

Guty fue enviado por su padre, comerciante de profesión, a estudiar a Estados Unidos. En 1922, se fue a la Ciudad de México para continuar sus estudios de contaduría en el Colegio Williams. Al regresar a su hogar se hizo cargo de los negocios de la familia, pero ya para entonces su pasión era la música y cuando terminó sus estudios se dedicó plenamente a la composición y al canto. 

En 1927, conoció en la ciudad de Mérida al compositor Ignacio Fernández Esperón, apodado artísticamente Tata Nacho, al pintor Ernesto García Cabral y a otros personajes que albergó en la casa que su abuela materna le había confiado y que aún se conserva en el barrio de Santa Lucía, en la confluencia de las calles 55 y 64. Regresó a la capital mexicana ese mismo año, invitado por quien sería su promotor, Ignacio Fernández Esperón. Debutó cantando en un evento de aniversario del periódico Excelsior y en el concurso La fiesta de la canción con su composición “Nunca”, cuya letra había escrito Ricardo López Méndez y que originalmente estaba escrita en ritmo de bolero, pero que, a sugerencia de Tata Nacho, el mismo Guty transformó en clave, como se conoce hasta la fecha.

Guty incursionó en la naciente industria discográfica mexicana y pronto se convirtió en uno de los cantautores preferidos del público. Realizó presentaciones como solista y firmó contrato con la disquera mexicana Huici, la cual se transformaría más tarde en Discos Peerless. En esa compañía realizó sus primeras grabaciones, entre ellas del tema “Nunca”. Luego pasó a formar parte de los artistas exclusivos de la compañía Columbia Records.

En 1928, emprendió una gira por Estados Unidos junto y con la cantante Nancy Torres formó un dueto exitoso. Residió en la ciudad de Nueva York, donde formó otro dueto con Chalín Cámara, paisano y coterráneo suyo a quien había conocido desde los años en que ambos fueron condiscípulos en la Escuela Modelo de su natal Mérida.

En esa ciudad estadounidense hizo varias presentaciones y firmó nuevos contratos discográficos con las empresas Brunswick y con la sede estadounidense de Columbia Records. Colaboró con músicos de diferentes procedencias y con orquestas de jazz estadounidenses. 

Sin embargo, no olvidó sus orígenes mexicanos y en esos años grabó canciones de su patria: entre ellas estuvieron —en 1929— “El último beso” y  “Tierra de mis amores”.

El 1 de julio de 1931 contrajo matrimonio con Ann Patrick, descendiente de irlandeses que conoció en Nueva York. El padrino de bodas fue el compositor y director de orquesta Eric Madriguera, cuya agrupación acompañó a Guty en muchas de sus grabaciones. A su regreso a México pasaron a residir en la colonia Roma de la Ciudad de México. Esa residencia la adquirió Guty el 31 de diciembre de 1931 para su madre Carmen Pinelo Ituarte. De este matrimonio no hubo descendencia.

Guty Cárdenas regresó a México ya casado. El 5 de abril de 1932, se encontraba en la mesa de una cantina llamada Salón Bach, en la Ciudad de México. Ahí se peleó con dos hermanos españoles que se encontraban en el lugar. Según el reporte policial, el compositor murió por un disparo que hizo el comerciante español Ángel Peláez Villa (natural de Posada de Llanes, Asturias).

El origen de la tragedia tiene dos versiones: una riña de cantina motivada por celos, y otra que fue por el reclamo de una canción grabada en Nueva York en abril de 1931, en la que el yucateco celebró el fin de la monarquía española, titulado “La República en España”. La disquera Columbia Records dio gran difusión a este tema tanto en América Latina como en el país europeo.

Ricardo López Méndez, el asesino, después de cumplir una breve condena por su crimen, regresó a España, donde participó en la guerra civil del lado de las fuerzas monárquicas. 

Guty Cárdenas legó piezas como “Nunca”, con letra del poeta Ricardo López Méndez; “Caminante del Mayab”, con letra de Antonio Mediz Bolio; otras más como “Flor”, “Un rayito de sol”, “Fondo azul”, “Golondrina viajera”, “Para olvidarte”, “Peregrino de amor” y “Ojos tristes”, todas representativas de la trova yucateca clásica.

Sin embargo, investigaciones posteriores encontraron que Guty conoció otros referentes musicales:

Poco tiempo antes de su muerte, visitó la isla de Cuba, donde convivió con el escritor Nicolás Guillén, hecho del que queda constancia en el escrito “La última noche de Guty en la Habana”, redactado por el propio Guillén a la muerte de Guty Cárdenas y publicado en la revista cubana Orbe el 24 de abril de 1932, escrito que posteriormente el autor cubano incluyó en su libro Prosa de prisa (1975-1976). Lo que muy poca gente sabía es que Guty Cárdenas había compuesto una última canción antes de su muerte.

El tema se titula “Canto negro” y está compuesto en estilo de canto ñáñigo. El texto está escrito con un lenguaje en el que abundan las onomatopeyas que le imprimen un ritmo propio al poema. Guty hace una verdadera recreación del canto de los negros, compartiendo la misma inquietud de Guillén por exaltar a esa raza. Es verdaderamente extraordinaria la coincidencia de los talentos de dos grandes artistas en una obra exquisitamente bella.

El hallazgo de este tema se debe al cantante de música mexicana Zarco Gómez, quien se apasionó con la obra y vida del yucateco. Consultó el libro Guty Cárdenas: Leyenda o realidad, de los investigadores musicales Rafael De Pau Canto y Beatriz Heredia Morales, quienes en su investigación encontraron obras inéditas del vate. La investigación señala que Guty Cárdenas firmó 35 canciones con su nombre, 13 con su seudónimo, “Yucho”, y realizó 2 con la colaboración de otras personas, con lo que sumó 50 composiciones originales. Además de estas, se sabe que realizó cuatro arreglos, de los cuales tres fueron firmados con su nombre y el restante, con su seudónimo. Al morir, dejó inconclusa la música para el ballet Yucalpetén, al que entonces estaba dedicado completamente.

Dos momentos de la vida de “Chucho” Elizarrarás: de joven y cuando le rindieron homenaje. (Fotografía: Archivo FIC) En la segunda imagen, del lado izquierdo, la casa donde nació Jesús Elizarrarás. (Fotografía de Google Earth)

La confusión y el himno compartido

Guty Cárdenas fue prolífico creador, igual que “Chucho” Elizarrarás. Fueron dos vidas paralelas y ambos se movieron en un ambiente de poesía y bohemia. El cruce de biografías indica que muy probablemente se conocieron gracias a Tata Nacho. 

Cuando el guanajuatense compuso “Tierra de mis amores”, el yucateco triunfaba en Estados Unidos. Eran dos jóvenes contemporáneos (Guty le llevaba 3 años) y dos apasionados del amor, uno más bohemio, otro más lírico y chauvinista, pero ambos creativos y emotivos.

Hasta la fecha, la inmensa mayoría de la gente de Yucatán que conoce “Tierra de mis amores” cree que es obra de su paisano, grabada así:

 

Se cumplen 20 años de la partida de don “Chucho” Elizarrarás; “Tierra de mis amores” ya no es himno oficial de Guanajuato, pero sí de las y los habitantes de su capital. También lo es, porque el arte es universal, para la hermana república de Yucatán. ¡Bomba!