EL HORRENDO CRIMEN QUE SACUDIÓ A MOROLEÓN 

El profesor Jesús López López y su esposa fueron asesinados por su hijo Gonzalo, el 23 de junio de 1952; también mató a la criada y a un chofer

El lunes 23 de junio de 1952, Moroleón* —entonces pequeña población textilera— fue sacudida por un hecho inaudito: fueron encontrados sin vida los cuerpos del profesor J. Jesús López López, su esposa María Concepción Loeza, así como la trabajadora doméstica y un chofer.

Don Jesús López López era farmacéutico y había ganado respeto social por apoyar a personas necesitadas, en particular durante la epidemia de gripe “española” de 1918. Fue profesor y director de la primera escuela secundaria de Moroleón, que inició en casas rentadas. Fue también cronista de su población y publicó trabajos sobre filología, gramática y pedagogía. El 16 de septiembre de 1946 fue declarado Hijo Predilecto de Moroleón. La mayor parte de su obra quedó inédita debido a su muerte (Alfonso Ortiz Ortiz, en Moroleón. Tiempo y espacio. p. 83).

Narran las versiones periodísticas que ese día a la presidencia municipal llegó un joven de 27 años edad, Gonzalo López Loeza, quien dijo que su familia había sido atacada por asaltantes y él había podido escapar. Un médico se trasladó a la casa sólo para encontrar “la dantesca escena”. La coartada de Gonzalo parecía creíble. Sin embargo, ante sus contradicciones y la presión de la policía secreta, como llamaban a la policía judicial, terminó por confesar que él era el asesino.

El parricida (de negro), con elementos de la policía secreta (El Sol de León, 28 de junio de 1952, Hemeroteca Nacional de México).

La versión que dio fue que se encontraba en la vecina ciudad de Morelia, Michoacán, y ahí solicitó un servicio de auto de alquiler para regresar a Moroleón y al llegar a la casa de sus padres, donde Gonzalo vivía con su esposa, María de los Ángeles Herrera, cometió los asesinatos.

La noticia del suceso fue publicada en El Sol de León el jueves 26 de junio de 1953 con un “balazo” con letras mayúsculas en portada, que decía “Desnaturalizado hijo confiesa haber asesinado a sus padres”. Tenía pase a interiores, donde el editor cabeceó “Cínicamente Afirma que Mató a sus Progenitores” y un sumario: “Entre sus Víctimas Figuran También la Criada y un Infeliz Chofer de Morelia”.

La entrada del texto noticioso señalaba: “El más horrendo crimen que se ha registrado hasta la fecha en todo el Estado de Guanajuato, tuvo lugar la noche del lunes”. El relato especifica detalles: “Para iniciar su diabólica obra, despertó a su ancianita madre pretextando que sentía un dolor en el estómago, por lo que la autora de sus días abandonó la cama y se encaminó a la cocina a fin de preparar a su desnaturalizado hijo un remedio casero”. La narración describe la forma de ataque, a cuchilladas, con elementos de dramatismo: “Cuando notó que su víctima no respiraba, le tomó el pulso a fin de convencerse de que había expirado”. Luego continuó con el resto de las personas que habitaban la casa, en un relato plagado de detalles y adjetivos. 

La crónica señala la captura del agresor y su declaración ante la autoridad: “Ya en manos de la policía y al ser sometido a estricto interrogatorio, confesó cínicamente cómo había cometido el crimen”. 

La dramatización prosigue: “El chacal hizo saber también que desde hace tres años venía premeditando la forma de como dar muerte a sus padres”. Y el remate: “No existía ningún otro motivo sino únicamente sus ancianos padres ‘no lo dejaban vivir su propia vida’, según la confesión salida de los inmundos labios del degenerado sujeto”. 

La historia está plagada de frases con adjetivos: “degenerado criminal”, “horrendo hecho”, “detestable monstruo”, “sediento de sangre”, “bestiales instintos”, “macabra acción”, “hiena humana”, “horroroso crimen” y “bestia humana” (El Sol de León, jueves 26 de junio de 1952, Hemeroteca Nacional de México).

La noticia fue publicada sin fotografías, por lo que la descripción —plagada de adjetivos— es el único referente narrativo. También la noticia describe la conmoción generada en la localidad, hecho que daría motivos para darle seguimiento informativo. En la edición del viernes 27 de junio de 1952, la nota correspondiente tenía como encabezado “Rindió su Declaración el Detestable Parricida Gonzalo López L.”. El relato profundiza en detalles del crimen, siempre con un adjetivo como “refuerzo”. 

Con la consignación del homicida como casi fin de la historia, el diario añade un texto que editorializa: “¿Habrá Pena de Muerte en Nuestra Entidad…?”. La edición de ese día agrega una foto que ilustra el suceso. El pie de grabado (como se le llamaba en ese tiempo), es otro ejemplo del estilo de escritura de la nota roja de la época: “Demostrando pulcritud en el vestir y en su rostro una sonrisa que se antoja mueca, aparece en la presente gráfica de derecha izquierda y ampliamente custodiado por el jefe y agentes de la (Policía) Judicial, el torvo parricida Gonzalo López Loeza que de la manera más salvaje dio muerte a sus padres, a la sirvienta y al chofer, en la tranquila ciudad de Moroleón, Gto” (El Sol de León, viernes 27 de junio de 1952, plana de sucesos de policía, p. 6, Hemeroteca Nacional de México).  

El parricidio ocurrido Moroleón el 23 de junio de 1952 generó un debate en el semanario “Estado de Guanajuato” sobre la instauración de la pena de muerte. Ejemplar del 28 de junio de 1952, días después del crimen (AHML). 

El tema de la pena de muerte siguió en las ediciones del sábado 28 y el domingo 29 de junio, día en que el gobernador dijo que la pena capital sería “demasiado indulgente” para el acusado y aclara que no la promovería.

Fue tan de interés para El Sol de León que envió a su redactor (no les llamaban “reporteros”) Felipe Hernández Segura a la cobertura del hecho. El lunes 30 publicaron una entrevista al imputado, con el encabezado de “Cínicamente Declara Haberlo Cometido en Defensa Propia”. La entrada es fiel a la narrativa de textos anteriores: “Todavía no se borra de nuestra mente la repulsiva figura del ente demoníaco…”. La entrevista de semblanza ilustra que el joven había pasado 12 años fuera de la casa paterna, que había estado internado en la ciudad de México, donde estudió química y conoció a la que sería su esposa, que también había estado internado en colegios de Morelia. Ya casado, regresó a Moroleón y vivió con su esposa en casa de sus padres. Don Jesús le consiguió trabajo como profesor en la escuela secundaria de la ciudad, de la que era director. El sueldo era de seis pesos diarios, lo que le daba para vivir holgadamente El entrevistado describe los detalles del crimen: primero dio más de 60 puñaladas a su madre, luego baleó al chofer con tres disparos y lo remató con el cuchillo (que medía más de 20 centímetros), para luego dar muerte con 36 heridas del arma punzocortante a su padre y silenciar con 20 más a la otra testigo: la trabajadora doméstica. La entrevista también señala el motivo del crimen: que “la vida al lado de sus padres, constituía un verdadero tormento, como si se tratara de un niño de pocos años de edad, y a su mujer le conservaban en calidad de enclaustrada, impidiéndole salir a la calle y dándole pésima alimentación”. Cuando se le preguntó si había reflexionado sobre “lo monstruoso del crimen”, respondió “nuevamente brotando del ente infernal el cinismo y la irritante pasmosa tranquilidad”: “créame que siempre consideré la muerte de mis padres como algo justiciero. No era razonable que estuvieran matando a mi mujer de nostalgia y de hambre y a mí a fuerza de disgustos”. La entrevista es ilustrada con una foto del interlocutor, con el texto que lo identifica como “El chacal López Loeza”.  (El Sol de León, domingo 30 de junio de 1952, plana de sucesos de policía, p. 6, Hemeroteca Nacional de México).

El tema de restituir la pena de muerte no fue exclusivo del diario leonés. En su edición del sábado 28 de junio de 1952 el semanario Estado de Guanajuato —que se imprimía y circulaba en la ciudad capital— comentara el hecho y expresara también la propuesta de establecer la pena de muerte en la entidad. En su primera plana destacaba el tema y señala que la idea le fue planteada al gobernador del estado, José Aguilar y Maya (Estado de Guanajuato, portada, nota sin firma, publicada el sábado 28 de junio de 1952, Fondo Hemeroteca, Archivo Histórico Municipal de León, Archivo Histórico del Municipio de León). El asunto ya no tuvo seguimiento en las ediciones posteriores, pero las notas de El Sol de León señalan la respuesta del mandatario.

Culto, pero cínico asesino. Así lo describe el redactor Felipe Hernández Segura (El Sol de León, 30 de junio de 1952, HNM).

30 años de cárcel

Ante el riesgo de que Gonzalo fuera linchado por los enardecidos e indignados habitantes de Moroleón, se le trasladó a la vecina población de Yuriria, donde quedó confinado en la cárcel municipal y se le llevó a juicio. 

El domingo 30 de julio de 1953, poco más de un año del acontecimiento, El Sol de León publicó la noticia sobre la sentencia: “30 Años de Cárcel a los Parricidas de Moroleón”. Resulta que al avanzar el proceso se determinó que la esposa había incitado al crimen a Gonzalo. Tras los homicidios, la mujer fue llevada por su familia a San Luis Potosí, de donde era originaria. Cuando Gonzalo declaró que entre ambos planearon el crimen, la policía la detuvo y quedó igualmente imputada. Los sumarios ilustran el juicio moral del periódico hacia la pareja: “Cínicamente Declararon no Estar Arrepentidos” y seguir: “A los Torvos Asesinos se Aplicó la Pena Máxima que Permiten las Leyes” (El Sol de León, 30 de julio de 1953, p. 6, Hemeroteca Nacional de México).

La memoria del profesor Jesús López López sigue vigente y se le ha honrado con homenajes, su nombre a una escuela y a una calle. Gonzalo ha quedado en la memoria del mito urbano: “que era mariguano”, “que era hijo adoptivo”, “que la ciudad lo echó a perder”. “que lo manipuló una mala mujer”.

* El presente texto es parte de una investigación sobre la nota roja en el estado, realizada como parte del doctorado en historia que cursa el redactor en la Universidad de Guanajuato.