BARRO Y CERÁMICA COMO POEMA DE LO UTILITARIO

Ana Elena Mallet y Juan Coronel Rivera, curadores de la exposición Barro y cerámica en México. Poéticas de lo utilitario, abierta al público este viernes 30 de abril en el Palacio de Iturbide de la Ciudad de México, coincidieron al decir: “Durante más de tres milenios, el barro ha sido una tecnología cultural persistente en el territorio hoy llamado México”.

Durante una visita guiada previa a la inauguración, los especialistas añadieron que antes que nación, que frontera, o que industria, la tierra modelada con las manos creó sistemas simbólicos, economías domésticas y redes de intercambio. “Desde su origen, el barro es contenedor de agua y memoria, de alimento y ritual. Materia utilitaria y poética a la vez”.

La exposición deja ver esa producción desde una perspectiva que separa las jerarquías tradicionales entre arte, artesanía y diseño. Reúne 690 piezas y conjuntos que permiten recorrer un arco histórico amplio, desde las formas precolombinas hasta las prácticas actuales; de la talavera novohispana y la mayólica a la cerámica de alta temperatura.

F1 a F9 Piezas de distintas épocas, realizadas bajo diversas técnicas, se observan en la exposición que permanecerá abierta hasta el próximo 13 de septiembre en el Palacio de Iturbide de la CDMX. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

“Sus manifestaciones cerámicas deben comprenderse desde una dinámica de expansión vinculada a la Cuenca del Pacífico y a procesos de migración y sedimentación cultural milenaria. Las formas, técnicas y sistemas decorativos ancestrales constituyen la base de un conocimiento que, lejos de desaparecer, se transforma”, abundaron los dos expertos.

Con la tradición novohispana, la herencia alfarera (talavera, mayólica, lozas engretadas) incorpora influencias mozárabes, orientales y africanas, configurando un rico lenguaje mestizo que marcará la producción posterior. “La Nao de China y las rutas comerciales inscriben a México en circuitos globales de intercambio de esos materiales”, abonaron.

Ana Elena Mallet (Ciudad de México, México, 19 de julio de 1971) es una curadora mexicana especializada en el diseño moderno y contemporáneo. Actualmente es maestra distinguida del Tecnológico de Monterrey en la escuela de Arquitectura y Diseño, y es investigadora experta en las distintas vertientes que tiene el quehacer artístico nacional.

Los curadores explicaron a detalle los pormenores del devenir histórico, social, estético y cultural del barro y la cerámica. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

Juan Coronel Rivera (Ciudad de México, 25 de mayo de 1961) es editor, ensayista, poeta y narrador, además de curador y fotógrafo. Estudió, y se graduó con honores, Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en la Universidad Iberoamericana (UI). Fue editor en El Faro, revista de literatura y arte.

“Entre el siglo XIX y los primeros años del periodo independiente, la alfarería participó en la construcción de imaginarios nacionales. En el lapso 1900-1960, la vida cotidiana y los procesos fabriles redefinen el alcance de la cerámica”, añadieron, y explicaron que la industria, el turismo y el nacionalismo cultural florecieron en Oaxaca, Taxco y Tonalá.

De acuerdo con sus investigaciones, cuya síntesis está plasmada en la hoja de sala de la muestra, fue a partir de 1921 cuando surgió la figura del autor y, con ella, una reflexión consciente sobre el lugar de este material en el proyecto cultural del México moderno. En este marco nació el barro como medio de diseño moderno y de experimentación artística.

Para ambos curadores, la consolidación estética de mediados del siglo XX, la llegada de la alta temperatura y las relecturas históricas, dieron paso, entre los años 1960 y 1980, a la cerámica como lenguaje artístico autónomo. Así, la expansión del oficio democratizó los objetos cotidianos y los autores contemporáneos ampliaron sus formas, técnicas y conceptos.

La exposición Barro y cerámica en México. Poéticas de lo utilitario está abierta al público desde el 30 de abril en el Palacio de Iturbide de la Ciudad de México. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

El recorrido de esta exposición es un espacio de encuentro donde las miradas de los curadores se entrelazan. Lejos de establecer clasificaciones, la disposición de las piezas propicia un diálogo directo entre la creación indígena y popular y aquella proveniente del diseño moderno y contemporáneo. Desde la perspectiva de Mallet y Coronel Rivera.

Ambos alzaron la voz para subrayar que más allá de los contextos históricos o las categorías disciplinares, la vasija aparece una y otra vez como un núcleo generador, un arquetipo que remarca la relación entre materia, uso y forma. “Contener, servir, guardar, ofrecer: Funciones primarias que han dado origen a un amplio repertorio de soluciones plásticas”.

Más que una historia, la exposición plantea al público una pregunta: ¿Cómo una materia ancestral ha sabido adaptarse a los proyectos políticos, económicos y estéticos de cada época, conservando su potencia simbólica? En la cerámica y el barro, lo cotidiano se convierte en forma, la función deviene lenguaje, y la materia es memoria activa, le responde.