EL FALSO MESÍAS

Entre 1494 y 1559, la península italiana fue el escenario de una serie de conflictos armados entre potencias como Francia, España, el Sacro Imperio Romano Germánico y los Estados Pontificios, quienes aspiraban al control hegemónico de Europa. Todo comenzó con una disputa dinástica en la que Francia reclamaba el Ducado de Milán y el Reino de Nápoles. La Italia de entonces estaba fragmentada en pequeñas ciudades-Estado que rivalizaban entre sí, lo que facilitó la presencia extranjera.

La reiteración de conflictos bélicos estuvo acompañada de una profunda crisis espiritual y política, aunado a las profecías del fraile dominico Girolamo Savonarola, que se pueden resumir en el anuncio de un castigo divino, la renovación de la Iglesia y la transformación de Florencia en la nueva Jerusalén.

Asimismo, anunció la muerte de personajes prominentes como la del papa Inocencio VIII y la de Lorenzo de Médici, a quien negó la bendición y absolución por negarse a cumplir una de las tres condiciones que impuso el oscuro religioso.

Lorenzo de Médici afirmó tener una fe absoluta en que Dios podía y quería perdonarlo. Aceptó, también devolver o restituir el dinero y los bienes que su familia había obtenido por vías ilícitas. Sin embargo, cuando el religioso pidió a Médici la vuelta al régimen democrático y las libertades políticas a los ciudadanos de Florencia, lo que significaba acabar de una forma total con el gobierno de los Médici, el estadista y gobernante de la República de Florencia se revolvió en la cama y guardó silencio, conducta que fue suficiente para que el fraile se retirara del lugar sin otorgar la bendición ni la absolución.

Paulatinamente, Savonarola fue subiendo el tono de sus actos y condenas. Por un lado, sostuvo que el clero y el papa Alejandro VI serían víctimas de grandes calamidades a causa de su corrupción y vida pecaminosa. Propuso que Florencia fuera el centro de una renovación espiritual mundial siempre y cuando aceptara la penitencia, lo que derivó en la creación de una república democrática y en eventos como la famosa Hoguera de las Vanidades, que consistió en una quema pública de objetos considerados pecaminosos y la cual tuvo lugar el 7 de febrero de 1497 durante la fiesta del martes de carnaval en la Piazza della Signoria de Florencia.

¿Qué objetos se consideraron pecaminosos? Como siempre, los libros, miles de ellos; tratados científicos, espejos, instrumentos musicales, ropa lujosa, obras de artes e incluso algunas crónicas explican que el pintor Sandro Botticelli arrojó al fuego sus obras de temática mitológica, todo con tal de no ser víctima del fanatismo del monje y sus fieles.

Sólo que nada es para siempre y los candores de Savonarola fueron perdiendo efectividad y seguidores, hasta que finalmente fue detenido por autoridades y religiosos similares a él, por lo que una acusación por herejía lo condujo primero a la excomulgación y posteriormente a la muerte en la horca y a la quema de su cuerpo, precisamente, en la Piazza della Signoria de Florencia el 23 de mayo de 1498.

Los cambios dramáticos que sacudieron a la Iglesia orillaron a sus autoridades a convencer a mecenas y artistas a enfocarse en obras de índole apocalíptica que de alguna manera se refirieran al fin de los tiempos.

Los grandes ciclos apocalípticos del Renacimiento italiano destacan por un fascinante uso de la perspectiva, la anatomía clásica y el humanismo del Quattrocento y Cinquecento abocados a reflejar el terror, el fin del mundo y el juicio divino.

El ciclo apocalíptico más importante e influyente de la época fue representado a través de los frescos de la Capilla de San Brizio (Catedral de Orvieto), a cargo de Luca d’Egidio di Ventura de Signorelli, Luca Signorelli (Cortona, ¿1450? – 1523), un pintor cuatrocentista italiano y uno de los grandes maestros de la llamada Escuela de Umbría. Signorelli fue uno de los discípulos más aventajados de Piero della Francesca, del que aprendió su tratamiento de la perspectiva, mientras que su fina habilidad en el dibujo de la anatomía se debe a las enseñanzas de Antonio del Pollaiuolo.

Entre 1499 y 1502, Fra Angelico, un artista que supo combinar la vida de fraile dominico con la de pintor consumado inició los trabajos del extraordinario ciclo de frescos de la Capilla de San Brizio, los cuales fueron continuados y finalizados por Luca Signorelli. Considerado el ciclo apocalíptico por excelencia del Renacimiento temprano, la serie de frescos, de gran fuerza dramática y anatómica, fue titulada por el artista La predicazione dell’Anticristo (La predicación del Anticristo).

Las escenas principales de esta obra son “El sermón y los hechos del Anticristo”, “El fin del mundo”, “La resurrección de la carne” y “El Juicio Final”, que conforman una multitud de cuerpos desnudos en posturas tridimensionales de enorme complejidad física.

La predicazione dell’Anticristo muestra una enorme cantidad de detalles inquietantes, sobresaliendo, por supuesto, la imagen del Anticristo, quien aparece predicando ante una multitud, imitando deliberadamente la forma en que suele representarse a Cristo predicando, sólo que detrás de él aparece Satanás, susurrándole al oído lo que debe decir, en lo que es un claro reflejo del miedo a la corrupción espiritual de la época.

Luca Signorelli supo plasmar de forma magistral una imagen poderosa: el Anticristo no necesariamente es un enemigo evidente de Cristo, sino simplemente una falsificación de él.

En este contexto resulta conveniente distinguir Falso Mesías, Anticristo y Satanás. Cristo es el verdadero Mesías. Un Falso Mesías se presenta como salvador, el elegido o portador de una redención que a la postre es falsa. El Anticristo es la forma suprema de la impostura. Finalmente, Satanás es quien está detrás de la tentación y del engaño en la narración cristiana.

La construcción de la Capilla de San Brizio comenzó a finales del siglo XIV, con un capital inicial en 1396 de Tommaso di Micheluccio. El inmueble quedó terminado hacia 1444, es decir, tiene aproximadamente 582 años como espacio arquitectónico concluido.

La obra maestra de Luca Signorelli en la Capilla de San Brizio, en Orvieto, representó una influencia importante sobre Michelangelo Buonarroti, quien, en los frescos de Orvieto, encontró un antecedente para su Juicio Final de la Capilla Sixtina.

La predicazione dell’Anticristo remite al tercer episodio de las tentaciones de Cristo narradas por Mateo 4:8-10: Satanás lleva a Jesús a una montaña muy alta y le muestra los reinos del mundo y su gloria. Entonces le ofrece todo ese poder a cambio de que se postrara y lo adorara. Jesús rechaza la propuesta citando las Escrituras, recordando que sólo se debe adorar y servir a Dios, ordenando a Satanás que se marche.

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