ISAURO RIONDA, UN IBARGÜENGOITIANO ENTRE LA HISTORIA, EL DERECHO Y EL CAFÉ

Corría el año de 1987. Me trasladé de León a Guanajuato para coordinar la sección cultural del naciente diario gubernamental El Nacional de Guanajuato. En esas lides hubo una orden de trabajo: entrevistar al cronista de la ciudad para que contara que Miguel Hidalgo y Costilla había sido un cura rapaz y mujeriego, que tuvo descendencia y era pedote, aficionado al teatro, las peleas de gallos y las corridas de toros.

Una advertencia: ese un señor es muy especial, no le gustan las entrevistas porque considera que los reporteros no saben de historia.

Don Isauro Rionda Arreguín (“Licenciado Rionda, igualado”), estaba en su oficina y escuchó el motivo de la entrevista. No tenía mucho ánimo de ser cuestionado por ese reporterillo enclenque, pero se trataba del periódico oficial y era “de casa”, así que no le quedaba más remedio que cumplir el deber laboral.

Isauro Rionda Arreguín, ya fallecido cronista vitalicio de Cuévano. Foto de Pedro Vázquez Nieto. En la siguiente imagen: Busto del Mtro. Isauro Rionda Arreguín, en el Jardín del Cantador. Los cronistas guanajuatenses le rindieron homenaje.

Ya habían advertido: te preparas bien, pues suele hacer preguntas de historia y si no sabes, te va a traer de bajada. Y se cumplió. Cuando quien esto escribe le dijo que venía de Leóóóón, Rionda (“Licenciado Rionda, igualado”) preguntó: “2¿De dónde era Miguel Hidalgo?”.

Y como en el texto de la Enciclopedia de México, donde se consultó la biografía del Padre de la Patria (y de cinco hijos), decía que la hacienda de Corralejo era jurisdicción de la alcaldía mayor de León, la respuesta era la esperada: Hidalgo era jurídiscionalmente panzaverde (al menos murió siéndolo).

Rionda no era de trato fácil, pero gracias a esa pregunta y su respuesta se pudo ser de los no pendejeados (al menos no directamente) por su merced el cronista.

La cobertura de espectáculos de arte y cultura solía ser por las tardes o las noches, pero la parte política, informativa y de relaciones públicas sucedía por las mañanas. Las oficinas de museos, Difusión Cultural de la Universidad de Guanajuato, la Secretaría de Educación, Cultura y Recreación y otros organismos gubernamentales eran parte de la “fuente”.

Y en esas andanzas era común ver al entonces cronista vitalicio de la ciudad y director del Archivo Histórico del Estado, Isauro Rionda (“Licenciado Rionda, igualado”), que muchas mañanas se la pasaba en la mesa al aire libre de un café-restaurante de la Plaza de la Paz en compañía de un sector de la intelectualidad local.

Eran, por decirlo de ibargüengotiana manera, los integrantes de “la Atenas de por acá”. Unos llegaban, estaban un rato y se iban; les relevaban otros más y había profanos metiches que acudían a echar chisme reporteril y a parar oreja a ver qué podía aprender (a mí no me miren, yo no le voy al Necaxa, pero sí a los Pumas y al León, pero antes le iba al Unión de Curtidores).

Eran tertulias matutinas en la vía pública y en una de ellas el tema fue Cuévano y uno de los muchos debates surgidos en ese ambiente, donde se descompone y recompone al mundo para que siga siendo el mismo consistía en argumentar quién era quién en el listado de personajes de Estas ruinas que ves.

Fue la primera de varias charlas sobre la obra y personalidad de Jorge Ibargüengoitia, muerto sólo unos años atrás. El recuerdo del escritor estaba a flor de día y su obra dedicada a ese Bajío fantaseado en la literatura, estaba muy fresco.

En voz del abogado por formación e historiador por dedicación y placer, conocí las pasiones que despertaba laobra de un autor que empezaba a ser reivindicado en muerte después de ser alejado en vida.

En esas charlas de café había momentos de solaz chisme entre literario y urbano para discutir la política y la literatura y entre el trabajo historiográfico, la grilla y la chacota provinciana el tiempo pasó.

Homenaje de cronistas guanajuatenses a Isauro Rionda, institución que entrega una medalla con el nombre del silaoense. En esta ocasión la recibió el cronista de Romita, Josué Bedia Estrada.

Isauro Rionda Arreguín (“Maestro Rionda, igualado”) murió el 3 de diciembre de 2012. Fue un defensor y promotor incansable del patrimonio cultural e histórico de la ciudad y del estado de Guanajuato, quien dedicó gran parte de su destacada trayectoria a su alma mater, la Universidad de Guanajuato, misma que lo despidió con un emotivo homenaje.

El que muriera cuando era cronista vitalicio, nació en el vecino municipio de Silao de la Victoria, Guanajuato, el 3 de septiembre de 1934. Luego de cursar sus estudios de nivel básico entró al programa de Derecho en la Universidad de Guanajuato, donde se distinguió por su liderazgo estudiantil, tanto en el área jurídica como en las artes y las humanidades.

Ejerció el Derecho, pero cambió su vida a la preservación y difusión del arte, la cultura, la historia y la identidad en todos los municipios del estado, desde diferentes cargos públicos que le fueron conferidos.

Participó en el Teatro Universitario de Guanajuato, se echó sus alipuses con Jorge Ibargüengoitia y otros non santos de la vida cultural de la ciudad y se convirtió en el tipo que parecía huraño y que a veces sus aseveraciones rebasaban a la sensatez de un Bajío envuelto en formalidades.

Su papel en la celebración guanajuatense del centenario del inicio de la revolución mexicana y el bicentenario del de la independencia de México (“Revolución de Independencia”, decía él), fue fundamental y máxime que tuvo el brillante detalle de elegir como sede del comité correspondiente la casa donde viviera el intendente Antonio de Riaño, ubicada a unos pasos de la Cuesta del Tecolote, por donde el 28 de septiembre de 1810 bajara Miguel Hidalgo y Castilla para tomar la Alhóndiga de Granaditas.

El cronista se fue dos años después, pero legó el trabajo que realizó junto al pintor también silaoense José Chávez Morado, para rescatar el edificio de la Alhóndiga de Granaditas y transformarlo en lo que actualmente es el museo más importante del estado.

También se le reconoce su trabajo en la constitución y consolidación del Archivo General del Estado de Guanajuato, del que fue director y promotor de la construcción de su actual edificio, rescatando así la memoria colectiva de esta entidad y la región.

Publicó más de 28 libros y colaboró en diversos libros y artículos académicos; su vida como profesor formó varias generaciones de universitarios y su trabajo en la cultura y el arte ayudó a que la ciudad de Guanajuato se convirtiera en el referente cultural mundial que es en la actualidad.

Fue fundador de la Asociación de Cronistas del estado de Guanajuato, desde el sábado 10 de agosto de 2019, esta Asociación lleva su nombre.

Isauro Rionda Arreguín, en documental sobre la toma de la Alhóndiga de Granaditas.

Isauro Rionda (“Maestro Rionda, igualado”), dejó una gran biblioteca. Su hijo, el profesor de la Universidad de Guanajuato, Luis Miguel Rionda Ramírez, constituyó una fundación para abrir a la consulta de expertos el archivo personal del abogado e historiador.

En una mañana de tantas, Isauro Rionda (“entonces Licenciado, igualado”), aclaró el misterio: los personajes de la novela de Jorge (“Licenciado e ingeniero Jorge Ibargüengoitia, para ustedes, igualados”) integraban personalidades de dos o más personas. Por eso no se puede decir que el rector Montaño, por ejemplo, corresponde a Eugenio Trueba (silaoense): integra lo mismo a Armando Olivares (oooootro silaoense) que a Antonio Torres Gómez.  

Lamentablemente no se grabaron esas aseveraciones y la ouija se descompuso y no es posible entrevistarlo, sólo queda recordarlo a 13 años de su partida.