GUADALUPE MEZA, UNA VIDA HECHA DE PALABRAS, BOLERO Y MEMORIA
Lo que nos define, nos mueve y se vuelve un detonante definitivo que le da certeza a nuestros días aparece de pronto, se instala y ya nada vuelve a ser igual.
En su afán por que la recuperación de Lupita, contagiada de paperas, fuera lo más amable posible, su madre le acercó libros. Así, de la mano de Julio Verne, del Tom Sawyer de Mark Twain y de Homero, comenzó a delinearse el origen íntimo de una vocación que marcaría su vida y el camino por el que habría de transitar en adelante.
La escritura, el amor por la poesía, la curiosidad por descubrir los hechos que nos antecedieron y nos formaron, no llega como algo solemne que nos abandera con un título o un cargo nuevo al que haya que hacer frente. Por el contrario, se instala en momentos vulnerables, como una compañía que alivia, que abraza… y ahí se queda para siempre.

Para María Guadalupe Meza López, el territorio de sus obsesiones está habitado por palabras, por la historia, el bolero y el tiempo.
“De siempre me atrae la historia. Considero que es la fuente de la literatura, inclusive si es ficción. Desde niña me he adentrado en la vida de los célebres de distintas ramas del conocimiento. Dos biografías que me impactaron son la de la científica Marie Curie y Gabriela Mistral. Dos mujeres excepcionales y ambas Premio Nobel en su especialidad”.
Meza no separa la imaginación del conocimiento. En su mundo, la aventura, la ciencia, la poesía y la historia forman una sola materia viva, y eso se refleja no solo en sus ensayos, sino en su manera de mirar y de estar en el mundo.
“La escritura le aporta al ser humano, de toda cultura y nacionalidad, la posibilidad de ahondar en el pensamiento propio para relacionarlo, analizarlo, comprenderlo y expresarlo intelectualmente en una concepción particular que, al ser leída por los demás, cobra vida propia”.
Guadalupe camina de la mano con sus historias sabiendo que lo que se escribe y se lee nunca son solo palabras, sino pensamiento compartido que se expande, se transforma y va tocando otras almas en su andar. Ha comprendido que la emoción es ese puente universal que acorta distancias, especialmente cuando se presenta en forma de bolero. La literatura, ella nos lo recuerda, se hermana con otras artes y, juntas, nos despiertan y nos mueven.
“Si el texto, en todo género que se escriba, logra que otro ser humano se identifique y se adentre en la historia que cuentas, la emoción compartida se expande y se dimensiona como universal y común. Esa es la gran virtud de la escritura”.
Para ella, estudiosa del origen de las cosas, las personas y los hechos, todo está ligado. El tiempo no se fragmenta: pasado, presente y futuro se expanden y se contraen sin rigidez, unidos por una misma sensibilidad.
“Considero que pasado, presente y futuro son una realidad compartida diariamente. Muchas veces pareciera que no son tres tiempos sino uno: el presente, que define a los otros dos”.
Desde ahí surge también su mirada crítica hacia la manera tradicional de contar la historia.
“Los libros de texto se escriben en un formato rígido que desperdicia aspectos primordiales de la vida del ser humano histórico para obligar al lector a memorizar fechas y datos sueltos que resultan estériles. La interrelación de hechos y personajes nos proporciona una mayor comprensión del humano, su tiempo y su circunstancia”.
Para Meza, la historia es una inmensa red de seres humanos. Un tejido donde conviven ejemplos luminosos, coincidencias reveladoras y decisiones que transformaron el rumbo de los pueblos.
“Uno de los hallazgos que aporto en mi ensayo sobre el insurgente sanmiguelense Ignacio de Allende es que comparte el año de su nacimiento, 1769, con Napoleón Bonaparte y con el científico Alexander von Humboldt. Tres personajes cuyo proceder catalizó, directa o indirectamente, el inicio del Movimiento de Independencia de la Nueva España. Así concibo a los personajes: como seres humanos”.

“El bolero es un género musical amoroso por naturaleza. Cuando se le etiqueta como ‘romántico’ se responde a categorías comerciales. Sin embargo, al ser un género poético y musical nacido de una emoción, posee el don de pertenecer a la humanidad”.
Desde aquella primera emoción provocada por Amorcito corazón, en la voz de Pedro Infante, Meza vincula cine y bolero como dos joyas inseparables de la cultura mexicana. En su trabajo sostiene que la Época de Oro del cine nacional lo es también del bolero.
Para la autora, el bolero no subsiste: permanece. Se adelanta al tiempo, nos define, nos apropiamos de él y lo volvemos parte de nuestra propia historia.
“El doctor Eduardo Matos Moctezuma prologa Arqueología del Bolero. Ese hecho define el carácter antropológico del género y su permanencia en pasado, presente y futuro. El bolero es emoción humana: común a nuestra condición mortal”.
Así como la historia, la música y la escritura se entrelazan, de la misma forma Lupita Meza ha dado la mano a la radio, ese universo de la palabra dicha donde convergen sus pasiones.
“Mucho de mi concepto literario lo debo a la radio, a mis maestros y a mi compañero de micrófono y de vida, Adolfo Rubio Salazar. Decir y difundir la palabra es un compromiso inmenso y un privilegio que agradezco a la vida”.
Su sensibilidad y su relación con el ritmo la han llevado a dialogar con Borges, a convivir con la niña, la mujer y la anciana que habitan en ella, a “decir la palabra” como destino.
“No soy una mujer que mire al pasado. Todo lo vivido lo tengo presente. Sigo siendo la anciana que seré y la niña que declamó por primera vez a José Martí. Seguimos siendo niñas y niños; lo que cambia son los juguetes”.
Por fortuna, sus ensayos y hallazgos no se quedan en hechos aislados ni en listas cerradas. Siguen vivos, dialogan con el presente y se proyectan hacia el futuro.
En ese mismo espíritu se inscribe el taller literario Bolero: identidad cultural, poética y musical guanajuatense, apoyado por el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Guanajuato. De carácter gratuito, recorrerá diversos municipios del estado y estará abierto a juventudes, músicos, estudiantes, adultos mayores y público en general, acompañado por la entrega de su libro Arqueología del Bolero.
Más que una actividad formativa, el taller parte de una convicción profunda: el bolero guanajuatense, heredado por creadoras y creadores como María Grever, José Alfredo Jiménez o Chucho Navarro, forma parte de una emoción universal que no envejece.

“La escritura es la vida misma. Somos emoción en palabra dicha y escrita. Mientras exista un ser humano capaz de decir el amor, el dolor o la pérdida, ahí vivirá el germen de la escritura”.
Por las venas de los seres humanos no corre solo sangre: corre emoción que se vuelve palabra y da forma a la vida. A veces como ensayo, a veces como conversación, a veces como bolero que trasciende el tiempo y sobrevive a la moda gracias a su esencia poética.
Lupita Meza es esa niña lectora que se transforma en esperanza, esa transmisora de la palabra que cuenta historias desde el corazón y nos demuestra, en cada obra y cada emisión radiofónica, que el tiempo no se rompe: avanza, permanece y espera a que una escritora lo nombre para fijarlo en la memoria.

