EL EDIFICIO DONDE NACIÓ EL MÉXICO MODERNO
Desde hace más de 400 años, el Antiguo Colegio de San Ildefonso ha sido testigo de la transformación de México. Nació en el siglo XVI como un colegio jesuita, sobrevivió a la expulsión de la Compañía de Jesús, fue ocupado por soldados, fue primera sede de la Escuela Nacional Preparatoria y terminó convertido en la cuna del muralismo mexicano.
Pocos inmuebles del Centro Histórico de la Ciudad de México poseen una historia tan intensa como la de ese conjunto monumental que ocupa casi una manzana entre las calles de Justo Sierra, San Ildefonso y El Carmen. A pesar de que el colegio se fundó en 1588, por los jesuitas, el edificio que hoy contemplan miles de visitantes es otro muy distinto.
Corresponde a la gran reconstrucción emprendida durante la primera mitad del siglo XVIII. La creciente fama del colegio obligó a sustituir la construcción original por un conjunto mucho más amplio y sólido, con gruesos muros de mampostería recubiertos con tezontle rojo, cantera gris labrada y patios de arquitectura barroca civil novohispana.

Su portada principal resume la historia del inmueble. En ella aparece San Ildefonso, arzobispo de Toledo del siglo XVII, recibiendo la casulla de manos de la Virgen María, mientras el escudo de la Corona Española recuerda que la institución obtuvo el patronazgo real de Felipe III y llegó a llamarse Real y Más Antiguo Colegio de San Ildefonso.
Fue uno de los centros educativos más prestigiosos de la Nueva España. Durante casi dos siglos, por sus aulas desfilaron hijos de familias criollas y españolas que luego ocuparían cargos civiles, eclesiásticos y académicos. La enseñanza impartida por los jesuitas convirtió al Colegio en un referente intelectual del virreinato hasta que, en 1767, Carlos III decretó la expulsión de la orden religiosa de todos los dominios españoles.
Esa decisión cambió para siempre el destino del edificio. Las aulas quedaron vacías y el inmueble pasó a manos del gobierno virreinal. Con el tiempo alojó diversas instituciones educativas y religiosas, y durante la guerra México-Estados Unidos y la Intervención Francesa fue cuartel, cambiando el silencio de los estudiantes por el paso de los ejércitos.
Sin embargo, el episodio que terminó por darle una nueva identidad llegó el 3 de febrero de 1868, cuando abrió aquí sus puertas la Escuela Nacional Preparatoria, creada gracias a un decreto del presidente Benito Juárez como parte de la reforma educativa impulsada por el médico y filósofo Gabino Barreda; allí fue donde nació el México contemporáneo.
En sus salones, auditorios y laboratorios estudiaron personajes que más tarde definirían el rumbo político, científico y cultural del país. Por sus corredores pasaron Antonio Caso, José Vasconcelos, Alfonso Caso, Manuel Gómez Morin, Salvador Novo, Octavio Paz, y Xavier Villaurrutia, entre muchos otros personajes que cambiarían la historia nacional.
Pero quizá ninguna transformación fue tan profunda como la ocurrida en la década de 1920 cuando José Vasconcelos, ya como secretario de Educación Pública, imaginó que los muros de los edificios públicos debían convertirse en libros abiertos para educar al pueblo. San Ildefonso fue uno de los primeros escenarios de esa revolución artística.
Aquí, Diego Rivera realizó La creación, primera gran obra del muralismo mexicano; José Clemente Orozco pintó obras emblemáticas como La trinchera y La destrucción del viejo orden; David Alfaro Siqueiros inició su experimentación plástica; Fernando Leal, Jean Charlot y Ramón Alva de la Canal completaron un conjunto pictórico que hoy es patrimonio artístico del continente.

Existe una anécdota que ilustra el carácter innovador del recinto. Cuando Diego Rivera comenzó a pintar La creación, muchos profesores y alumnos dudaban que aquellas enormes pinturas fueran compatibles con un edificio académico. Años después, esa obra sería reconocida como el origen de uno de los movimientos artísticos más influyentes del siglo XX.
El inmueble dejó de funcionar como plantel de la Escuela Nacional Preparatoria en 1978. Tras una cuidadosa restauración, reabrió en 1992 como museo y centro cultural. Hoy sus patios reciben a visitantes que, muchas veces sin saberlo, caminan sobre un terreno que hace más de 50 años formó parte del recinto ceremonial del gran México-Tenochtitlan.
Quien cruza hoy sus portones entra a más de 400 años de la historia. De colegio religioso a uno de los mayores símbolos de la cultura nacional, San Ildefonso es más que un museo, es donde la educación liberal encontró su primera casa, y el arte mexicano creó una nueva manera de contar la historia. Una estatua en piedra de José Vasconcelos, da la bienvenida.

