¡JOSÉ!, ¡JOSÉ!, ANDA A TOCAR LA CAMPANA
La noche del 15 de septiembre de cada año, desde hace más de un siglo, el presidente de México en turno da el “Grito de Independencia” en el zócalo de la Ciudad de México, un acto que replican gobernadores y alcaldes en todo el país. La historia dice que en 1810 el cura de Dolores, Guanajuato, Miguel Hidalgo y Costilla, lanzó originalmente esa arenga.
Ese episodio de la historia nacional encierra acontecimientos que ya son leyenda, porque la realidad se mezcla con la fantasía, la ficción y la tradición oral que ha pasado de boca en boca desde hace 214 años. Se dice que el padre Miguel convocó al pueblo de Dolores con el repique de las campanas de su iglesia a rebelarse en contra del dominio español.
Sin embargo, recientes investigaciones y conclusiones de la historiografía moderna dan por hecho que no fue Miguel Hidalgo y Costilla quien hizo tañer las campanas de la parroquia de Dolores. Quien verdaderamente tocó la campana fue José Galván, quien en ese entonces se desempeñaba como campanero de la parroquia del pintoresco poblado.

Mientras, Hidalgo gritó desde la entrada del templo: “Somos perdidos; los franceses ya conquistaron España y vienen a conquistarnos a nosotros. Se acabó la opresión y los tributos, y se acabaron las gabelas (impuestos excesivos)”. Añadió: “Voy a pagarle medio peso a los que me acompañen a pie y un peso al día a los que me acompañen a caballo”.
Alfredo Ávila Rueda, investigador del Instituto de Investigaciones Históricas (IIH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), apuntó lo anterior a través de una información difundida por la Dirección General de Comunicación Social de la misma casa de estudios ante de la proximidad de una celebración más de ese momento histórico.
“Según los testimonios recabados, ese fue el grito o llamado original, hoy modificado y nombrado de ‘Independencia’. La arenga se ha ido transformando hasta convertirse en una tradición. La primera tuvo pocas palabras, y con el tiempo se sumó el conjunto de sucesos del recorrido del cura Hidalgo, desde la salida de Dolores hasta San Miguel.
Cuando llegó al santuario de Atotonilco, el cura tomó el estandarte de la guadalupana y fue cuando gritó “¡Viva la virgen de Guadalupe!”. Cuando llegó a San Miguel, agregó la arenga “¡Viva San Miguel Arcángel!”. “De lo que podemos estar seguros es que no hubo ‘¡viva México!’ porque se encontraban en Guanajuato y no se veía al país como México”.
Con el paso del tiempo, abundó el investigador, y después de la Revolución Mexicana se empezó a aumentar la lista de los “vivas”. Porfirio Díaz añadió vivas para Hidalgo y para Allende; más adelante agregaron para José María Morelos y Vicente Guerrero, y después, a Madero, la democracia, a las mujeres y a muchas personas, hechos y situaciones más.
“A partir de Andrés Quintana Roo, en las fiestas patrias se emitía un discurso cívico de aproximadamente media hora de duración, mediante el cual se recordaba la gesta heroica y al terminar venía el ¡Viva México! Tiempo después, y hasta hoy, se eliminó el discurso y permanecieron solo los “vivas” para los héroes y personajes que cada presidente desea.

Maximiliano de Habsburgo, quien quería mexicanizarse, recurrió a un tipo de ritual patriótico y decidió ir al pueblo de Dolores y hacer que se tañera la campana. En tanto, Porfirio Díaz hizo que se trasladara la campana de Dolores a la Ciudad de México, y ahí se consolidó la tradición y el ritual. La historia de ese acontecimiento es la siguiente:
Primero hay que decir que la Campana de Dolores fue fundida el 28 de julio de 1768 y la bautizaron con el nombre de “Esquilón San José”, deidad impuesta como patrona de la Nueva España. Fue realizada con bronce puro de 11 centímetros de espesor, tiene una altura de 1.77 metros, y diámetro de 1.09 metros. Es hermosa en su hechura y su sonido.
Luego de aquel memorable y legendario momento histórico, la campana de Dolores fue conservada y hoy en día se encuentra en un nicho localizado arriba del balcón principal de Palacio Nacional, en el Zócalo de la Ciudad de México. Las croniquillas al respecto señalan cómo fue que el “Esquilón San José” viajó de Dolores a la capital de este país.
Era 1896, aconsejado por don Guillermo Vayetoo, regidor de Festividades del Ayuntamiento de México, así como por el periodista Gabriel Villanueva, el entonces presidente Porfirio Díaz ordenó traerla a la capital del país, para lo cual fue retirada del campanario oriente de la iglesia de Dolores, Hidalgo, el 28 de julio de ese mismo año.
Fueron los generales Sóstenes Rocha e Ignacio Salas los encargados de la custodia y sano traslado de tan importante reliquia. Casi dos meses después, el 14 de septiembre, fue colocada sobre el balcón central del Palacio Nacional, y el 15 se inició la tradición, pues desde entonces cada presidente de México la ha hecho sonar al tiempo que lanza “vivas”.
Se sabe que el “grito” del cura Hidalgo tuvo lugar la madrugada del 16 de septiembre de 1910, pero Porfirio Díaz cambió la celebración al 15, por su cumpleaños. Otra historia muy interesante es la de “El Pípila”. No hay ningún testimonio de la existencia de alguien que se haya colocado una loza e incendiado la puerta de la Alhóndiga de Guanajuato.

Durante la Revolución Francesa se decía que un panadero, en el momento de la toma de la Bastilla, llevaba una tea ardiendo e incendió la puerta. Ese tipo de tradiciones estaban en el mundo y fue Carlos María de Bustamante quien divulgó la popular historia. Lo que sí sucedió, dijo Ávila Rueda, es que hubo trabajadores mineros que se unieron a Hidalgo.
Ellos llevaban antorchas de grandes llamas. Más que como armas, eran usadas para que les alumbraran a esas horas. Estaban enojados porque en la Alhóndiga se encerraron las familias más ricas para protegerse y dejaron a la ciudad a su suerte. Eso causó un gran descontento. Ávila: “Ese es el origen de la tradición que busca ejemplos de patriotismo”.
Como sea, dentro de pocos días el zócalo de la Ciudad de México será nuevamente el escenario principal del “grito”. Mientras el Presidente de la República grite el nombre de cada héroe y heroína de la Independencia, la gente ahí reunida seguramente gritará con fuerza y fibra, patriotismo y energía, respeto y admiración por esos personajes, “¡viva!”.
De acuerdo con el protocolo “El Grito de Independencia” debe ser:
“¡Mexicanos!
¡Vivan los héroes que nos dieron patria!
¡Viva Hidalgo!
¡Viva Morelos!
¡Viva Josefa Ortiz de Domínguez!
¡Viva Allende!
¡Viva Aldama!
¡Viva la independencia Nacional!, y
¡Viva México!, ¡Viva México!, ¡Viva México!”
más lo que cada mandatario desee añadir.

